Lenguaje no verbal
Los psicólogos coinciden: desvíar la mirada al hablar no es siempre señal de deshonestidad
Este es un gesto común en personas con ansiedad social o Trastorno del Espectro Autista (TEA)
Los psicólogos coinciden sobre las relaciones tóxicas: "Si siempre te trataron mal, siempre vas a buscar ese tipo de vínculos"

Dos personas conectando visualmente. / Aniol Resclosa

La comunicación va mucho más allá de las palabras. Tanto la psicología como la filología coinciden hoy en que los intercambios comunicativos se producen mediante la combinación de señales verbales y no verbales, como los gestos, las expresiones faciales o la postura corporal. Diversas investigaciones han demostrado que las palabras representan solo el 7 % de nuestra comunicación. Por ello, interpretar el lenguaje no verbal es fundamental para comprender plenamente lo que una persona quiere expresar.
Uno de los elementos más llamativos del lenguaje no verbal es el contacto visual. Los ojos, dependiendo de su posición y movimiento, pueden transmitir confianza, empatía y seguridad. Sin embargo, un contacto visual deficiente o inexistente también puede cambiar por completo el sentido de un diálogo. Según la psicología, desviar la mirada durante una conversación es una acción cargada de matices, capaz de reflejar las verdaderas intenciones de una persona.
Según el Instituto de Neurociencias Aplicadas (INA), emociones como la timidez, la vergüenza o incluso la culpa pueden ser motivo suficiente para que una persona evite el contacto visual durante una conversación. Además, esta conducta es frecuente en situaciones de vulnerabilidad: para alguien tímido, sostener la mirada puede resultar abrumador, especialmente frente a personas desconocidas, figuras de autoridad o individuos que le generan incomodidad. En estos casos, apartar la mirada funciona como una forma de buscar seguridad.
Para muchas personas, mirar a alguien a los ojos puede provocar una incomodidad difícil de explicar. Como señala la plataforma de psicología 'La mente es maravillosa', “no es desinterés ni falta de educación, sino una reacción involuntaria del cuerpo”. En quienes padecen ansiedad social, este comportamiento puede convertirse en un miedo difícil de superar. Esto ocurre principalmente porque la amígdala —la parte del cerebro encargada de detectar amenazas— puede activarse e interpretar una mirada directa como un peligro.
Según la revista 'National Library of Medicine', la ansiedad social combina hipervigilancia y evitación emocional: la persona afectada permanece atenta a posibles críticas, pero al mismo tiempo evita situaciones en las que podría sentirse juzgada, como fiestas o reuniones sociales. Mirar hacia otro lado se convierte entonces en una forma de autorregulación emocional, un intento de recuperar el control y reducir la tensión.
Aunque tradicionalmente pensamos que una persona que evita la mirada está ocultando algo, la psicología ha demostrado que el mecanismo funciona de forma más compleja. Si bien algunos estudios asocian desviar la mirada con la deshonestidad o la falta de interés, también se ha comprobado que el significado depende en gran medida del contexto emocional y personal de cada individuo.
De hecho, se ha observado que los mentirosos más hábiles suelen mantener el contacto visual sin titubear, precisamente porque saben que eso es lo que se espera de una persona sincera. Asimismo, mirar hacia el suelo, rascarse la cabeza o evitar los ojos del interlocutor puede reflejar nerviosismo o inseguridad, y no necesariamente engaño. Por ello, la mejor forma de comprender a alguien sigue siendo escuchar con atención y empatía.
Una investigación publicada en la revista 'Scientific Reports' señala que las personas dentro del espectro autista tienden a procesar las expresiones faciales con mayor intensidad. Esto puede generar saturación sensorial y, en consecuencia, provocar que aparten la mirada por incomodidad o malestar. En estos casos, mirar hacia otro lado es una manera de regular el entorno y participar en él sin sentirse invadidos.
En muchas culturas, evitar el contacto visual directo es una señal de respeto o sumisión. Según el estudio 'Concordia Journal of Communication Research', en países como Japón o Corea es habitual responder a figuras de autoridad con la mirada hacia abajo. Mirar directamente a los ojos en esos contextos puede interpretarse como un gesto de mala educación, arrogancia o desafío. Así, bajar la mirada constituye una muestra de respeto social y culturalmente aceptada.
Evitar mirar con frecuencia o de manera permanente a una persona también puede ser indicio de aburrimiento o desinterés. A muchos les habrá ocurrido en clase o en una reunión, sentir que la atención se desvanece y que la mente comienza a divagar. En ocasiones, esto también puede relacionarse con el cansancio. Sin embargo, si alguien evita la mirada mientras otra persona habla con entusiasmo, bosteza o mantiene los brazos cruzados, probablemente esté mostrando indiferencia.
La tristeza no solo se experimenta emocionalmente, sino que también se manifiesta a través del cuerpo, especialmente mediante la mirada. Según un estudio publicado en la revista 'Frontiers in Psychology', durante momentos de dolor emocional, mantener el contacto visual puede resultar demasiado intenso. Algunas personas bajan la mirada o la fijan en un punto mientras intentan expresar lo que sienten. Se trata de una forma silenciosa de proteger su intimidad y sostenerse emocionalmente.
Apartar la mirada también puede ser una estrategia cognitiva. Según la citada plataforma especializada 'La mente es maravillosa', hacerlo ayuda a reducir los estímulos visuales y a eliminar distracciones. En este caso, no responde a una emoción, sino a una necesidad de concentración. Esto suele ocurrir en situaciones de alta carga mental, como un examen oral, una presentación o una pregunta compleja. También sucede cuando una persona intenta recordar información, como una dirección o una fecha importante. Mirar hacia el suelo o hacia el techo puede facilitar el proceso de reflexión y memoria.







