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Entrevista | María José Miñano y Jesús López Presidenta y vicepresidente de la Sociedad Catalana de Psicología Clínica

"El sistema informático nos obliga a poner diagnósticos, esto tiene consecuencias"

"El aplicativo nos interpela a poner etiquetas y nombres, y esto tendrá unas consecuencias"

"Aparece la patologización del sufrimiento cuando damos una respuesta en base a diagnósticos"

"Se crean cosas nuevas en lugar de reforzar las cosas nucleares. Que funcione mejor lo que ya existe no da titulares"

Dos de cada tres psicólogos asignan diagnósticos sin tenerlos claros, según un estudio

Maria José Miñano y Jesús López, presidenta y vicepresidente de la Societat Catalana de Psicologia Clínica

Maria José Miñano y Jesús López, presidenta y vicepresidente de la Societat Catalana de Psicologia Clínica / SCPC

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Fidel Masreal

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Barcelona
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La Societat Catalana de Psicología Clínica presenta, en el marco de un congreso en Girona, un informe demoledor sobre el sistema de atención a la salud mental. Un documento en el que dos de cada tres diagnostican sin tenerlo claro, debido a que el sistema informático interno obliga a hacerlo desde la primera visita. Ven a los políticos centrados en criterios cortoplacistas y reclaman una sacudida por una mala praxis que consideran estructural y mucho peor que la ya conocida falta de profesionales. La presidenta y el vicepresidente de la Societat Catalana, María José Miñano y Jesús López, reflexionan al respecto.

-Una de las conclusiones del estudio es que cada psicólogo clínico atiende a unos cien pacientes cada uno, pero en ocasiones hasta a doscientos. ¿Se puede garantizar un buen trato al paciente, en estas condiciones?

-Seguramente no se puede. O se puede hacer regular, no como quisiéramos. La ratio por profesional ha mejorado, pero no hay datos oficiales de cuántos psicólogos clínicos hay en Catalunya. Y no se trata tanto de una falta de recursos sino de cómo están organizados.

-En el informe ustedes denuncian que los criterios que aplica la administración son más cuantitativos que de atención a los pacientes

-Esto tiene sentido con la lógica de la administración: las cosas se tienen que medir y debe haber un control. Nuestra impresión es que se tiende a medir lo más fácil de medir más que lo relevante clínicamente. Es más fácil medir primeras visitas -que además también son un indicador de respuesta rápida y eficaz, es cierto- que otros aspectos como el número de visitas de seguimiento del paciente y de revisión. Desplazamos la actividad hacia hacer primera [visita] y descuidamos el proceso en sí. Y al profesional le llega la presión de tener que ver a más gente.

-Describen que pocos pueden concertar visitas quincenales a los pacientes y que el tiempo de visita es de unos 30 minutos de promedio...

-En pacientes en situación de crisis se da una atención de cierta calidad, pero cuando nos centramos en los recursos más troncales, la atención es variable y puede ser de un mes y medio o dos meses entre visita y visita. Y en infantil y juvenil, más de dos meses. Es inferior a lo deseable y a lo que hay evidencia que puede funcionar. Se crean cosas nuevas en lugar de reforzar las cosas nucleares. Que funcione mejor lo que ya existe no da titulares.

-En su informe explican que dos de cada tres profesionales llevan a cabo un diagnóstico sin estar seguros del mismo...

-Esto tiene que ver también con las cosas que se tienen que medir y ordenar. El diagnóstico es importante en la atención clínica, para simplificar la complejidad y que nos comuniquemos entre profesionales, pero del mismo modo que simplifica la comunicación, simplifica la comprensión de la persona y muchas veces simplifica la intervención que se hará. Supone una pérdida de tratamiento personalizado. El sistema informático, en la lógica de que tenemos que medir lo que hacemos y en la lógica de las métricas, debido al aplicativo informático, nos pide que hagamos un diagnóstico en una primera visita, en los centros de salud mental. Intentamos poner las categorías más genéricas. Esto empobrece la clínica...

El diagnóstico simplifica la comunicación, simplifica la comprensión de la persona y muchas veces simplifica la intervención que se hará

-Esto que están diciendo puede generar preocupación social: diagnosticar sin estar seguros...

-No es tanto que estemos diagnosticando mal, sino que señalamos que el sistema nos interpela a poner etiquetas y nombres, y acabas poniendo un diagnóstico que tendrá unas consecuencias. No diagnosticamos mal, es que tenemos que hacerlo porque de lo contrario no podemos continuar con el proceso asistencial y la simplificación que implica moverse con diagnósticos.

-¿Se ven ustedes forzados a convertir problemas psicológicos en diagnósticos?

-El sistema sanitario se basa en un modelo médico que utiliza parámetros para todo el sistema. Aplicados en salud mental, estos parámetros chirrían, porque la salud mental está condicionada por un montón de determinantes sociales y no psicológicos que hacen que la persona pida una asistencia porque tiene un sufrimiento psicológico o un malestar. La solución de determinados cuadros no están en manos del sistema sanitario, tienen que ver con determinantes sociales. Aparece la patologización del sufrimiento cuando damos una respuesta en base a diagnósticos.

-¿Hasta qué punto en estos casos el diagnóstico influye en la autopercepción y se puede convertir en una etiqueta, en una condena?

-Este es otro tema que enlaza con la oleada de la salud mental, que está en boca y en la mente de todos, que tiene efectos positivos pero otros a considerar. Por ejemplo, cuando explicamos nuestros fenómenos psicológicos en términos de diagnósticos. Esto tiene que ver con un discurso muy psiquiatrizado, o psicologizado.

-Describen falta de coordinación entre todos los agentes del sistema de salud mental

-La atención no la proporciona la administración sino las 71 entidades, distintas entre sí, con una fragmentación, que tiene efectos positivos, como una gran capilaridad. Pero que son 71 empresas con su lógica empresarial, con necesidad de rendir cuentas, con sus propios profesionales, con su propio manejo de la información y con presión para hacer cosas nuevas. Se establece una cierta lógica competitiva. La descoordinación a veces no es entre entidades sino que es pérdida de calidad asistencial por la discontinuidad de los referentes profesionales.

-Faltan profesionales, ¿por qué?

-Eso es debido a una falta de previsión y de planificación. La lógica política es dar solución en el margen que tiene el político, que en el mejor de los casos es de cuatro años. En cinco años hemos tenido tres 'consellers' de Salud. Esto tiene que ver con dar respuestas rápidas a determinadas demandas. Ahora sale una nueva hornada de profesionales que se planificaron en el 2021 con la visión que había en ese momento. Existe un decalaje entre la lógica política, que necesita una respuesta rápida porque tiene que ser visible socialmente, y lo que cuesta formar a un profesional. Eso sumado a la tendencia a nuevos programas que acaban generando una demanda de profesionales que descapitalizan los recursos básicos.

-¿Cómo está la profesión, anímicamente?

-Sumidos en la vorágine de hacer cosas nuevas, de dar respuesta a los indicadores, de trabajar de forma distinta a como nos gustaría. Esto provoca alienación. A veces acabas trabajando con lógicas que te desplazan de lo que harías clínicamente. Ves a compañeros desmotivados, sobrecargados, con 'burn out'. Lo importante no se está teniendo en cuenta, y es tener espacios de supervisión en el que haya un sostén del compañero además de supervisar el caso clínico y poder pensar en estos casos como querríamos. En nuestra profesión, lo relacional es el tratamiento, y eso repercute en la calidad de lo que puedes hacer. No puedes hacer un abordaje terapéutico si no estás en condiciones de hacerlo. Esto empobrece la asistencia.

Ves a compañeros desmotivados, sobrecargados, con burn out. No puedes hacer un abordaje terapéutico si no estás en condiciones de hacerlo

-¿Cómo debería medirse el trabajo del psicólogo clínico?

-Con indicadores que tengan que ver con el cuidado de los equipos. Cuantas bajas hay, cuanto movimiento de profesionales se produce. Y en el paciente, indicadores sobre la calidad de la asistencia, si se han sentido bien tratados. Se mira la cantidad, en detrimento de la calidad del proceso, porque es más fácil de medir.

-¿Qué les gustaría conseguir con su denuncia?

-Poder salir de la lógica cuantitativa, del cortoplacismo, de hacer cosas sin pensar lo que hacemos, de hacer necesariamente cosas nuevas. Cambiar el marco. Existe una mala praxis estructural, no por las personas, porque todo el mundo intenta hacer las cosas bien, pero los resultados no son los esperados. Por mucho que metamos más recursos, si no reflexionamos sobre dónde colocarlos, conseguiremos los mismos resultados. No es un problema de escasez, es una disfunción más sistémica.

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