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Entrevista a la comisionada de Salud Mental (y II)

Belén González, Ministerio de Sanidad: "Derivar la prevención del suicidio solo a los especialistas en salud mental es un error"

"La ayuda tiene que ver con la escucha, con el acogimiento, con preguntar: “Oye, ¿qué te ha pasado?"

"Se llevan recogiendo datos desde hace muchos años, pero nos quedábamos muy en la superficie del fenómeno"

"La salud mental no es una enfermedad que se pueda corregir con una pastilla"

Belén González.

Belén González. / MINISTERIO DE SANIDAD

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Marc Darriba

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Barcelona
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El nuevo Observatorio del Suicidio no nace solo para contar muertes, sino para coordinar políticas públicas. Belén González, comisionada de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, sitúa la prevención más allá de los centros de salud y defiende abordar una realidad atravesada por la violencia, el acceso a métodos letales, el acoso, la soledad o la falta de futuro juvenil.

-¿Por qué era necesario crear ahora una herramienta como el Observatorio del Suicidio?

-Creo que es útil ahora igual que lo hubiera sido hace tiempo. Lo hemos creado ahora porque tenemos una visión que ha trascendido desde el Ministerio de Sanidad hacia el Comisionado de Salud Mental, que tiene que ver con los determinantes sociales de la salud. Entendemos que el suicidio es un problema social, no sanitario, y por lo tanto se necesitaba una infraestructura administrativa que pudiera poner en relación a distintos ministerios para hacer un abordaje común y no solamente desde Sanidad.

-¿Qué no estaba funcionando hasta ahora en la recogida de datos o en las políticas de prevención?

-En la recogida de datos, creo que somos un país muy avanzado. Con respecto al suicidio, se llevan recogiendo datos desde hace muchos años. Pero no se les había prestado una atención que tenga que ver con la desagregación. Se utilizaba el dato bruto del número de suicidios y se analizaba poco más que eso: género, edad… Nos quedábamos muy en la superficie del fenómeno. Queremos tener datos con mucho más detalle para saber con qué tienen relación esos suicidios. Solamente podemos hacer prevención si sabemos la causa y el contexto. A nivel individual, eso lo podemos saber con las autopsias psicológicas que estamos promoviendo. Y, a nivel global, tenemos que unir esos datos para saber cuáles son los principales determinantes del suicidio.

Solamente podemos hacer prevención si sabemos la causa y el contexto

-¿Cómo se evitará que el Observatorio sea solo un espacio de recogida de datos y análisis?

-El Observatorio no es tanto un lugar de recogida de datos, sino de coordinación de políticas. Hemos solicitado que la representación sea de alto nivel en todos los ministerios y organismos que participan para que quienes estén ahí tengan capacidad de decisión. Puede coordinar acuerdos para intercambiar datos entre ministerios, pero su objetivo real es la coordinación de políticas de prevención.

-¿Qué tipo de políticas pueden coordinarse desde ahí?

-Políticas sobre regulación de armas de fuego, acceso a métodos letales -uno de los principales determinantes de la conducta suicida- o prevención de la violencia de género. También la puesta en común de recursos. Por ejemplo, entre el 016, el 024 o el 017, el teléfono del INCIBE para la atención a delitos informáticos. Esto es especialmente relevante en jóvenes expuestos a delitos informáticos vinculados con el 'bullying' y con violencia directa. Lo importante es coordinar iniciativas para que tengan coherencia y vayan en la misma dirección.

-En jóvenes se habla mucho del impacto del acoso escolar, la soledad no deseada, la falta de herramientas emocionales o los discursos de comparación en redes. ¿Hasta qué punto pesa todo esto en la salud mental juvenil?

-Todo lo que has nombrado son mediadores que conducen a la manifestación del sufrimiento mediante una conducta. Puede ser conducta suicida, autolesiones, síntomas de ansiedad, fobia social… Síntomas que estamos viendo con mucha mayor prevalencia en jóvenes y adolescentes. Tiene mucho que ver con esta sensación de falta de futuro y de falta de control: la sensación de no tener capacidad de modificar la realidad en la que viven ni de proyectarse en el futuro. Esto tiene que ver con una crisis social que aúna vivienda, precariedad laboral y crisis climática.

Esta sensación de falta de futuro y de falta de control tiene que ver con una crisis social que aúna vivienda, precariedad laboral y crisis climática

-Si nos ponemos en la piel de los jóvenes, la pregunta es: ¿qué futuro me espera? ¿Cómo me imagino dentro de diez años? ¿Con qué trabajo? ¿Viviendo cómo? ¿Me voy a poder independizar? ¿Voy a poder tener pareja o familia?

-Hay una sensación de cancelación del futuro en la que es muy difícil proyectarse hacia delante. Y cuando uno no tiene manera de proyectarse hacia el futuro, se queda en el presente como si el futuro no valiera, como si no valiera la pena seguir viviendo hacia adelante. En ocasiones, eso conduce a un intento de control de ese dolor sobre el cuerpo, como ocurre con algunas autolesiones. Y cuando uno dice “no quiero seguir viviendo” es porque no ve una vida que valga la pena ser vivida en un futuro.

Cuando uno dice “no quiero seguir viviendo” es porque no ve una vida que valga la pena ser vivida en un futuro

-¿Qué factores deberían abordarse, entonces, para prevenir mejor?

-Tenemos que favorecer expectativas de vida y proyectos de vida que sean ilusionantes para la población joven. Y luego está la violencia. La violencia sobre la infancia y la adolescencia se traduce en problemas de salud mental, especialmente la violencia sexual. Eso no hay que perderlo nunca de vista.

-Cuando hablamos de prevención del suicidio, se insiste en la importancia de pedir ayuda. Pero muchas personas explican que, cuando la piden, el sistema tarda o no llega. ¿Qué respuesta puede dar el sistema público?

-Tenemos que ampliar la mirada y no entender que pedir ayuda equivale a pedir ayuda a un psiquiatra o a un psicólogo. Son cosas distintas. Pedir ayuda significa poder hablar de cómo uno se siente. Significa que en el entorno en el que uno vive —familia, amigos, entorno escolar— pueda hablar de aquello que le está causando muchísimo dolor. Eso es pedir ayuda también. Y ser escuchado. Cuando un chico o una chica le dice a un amigo: “No tengo motivos para seguir viviendo”, si la única ayuda que concebimos es que vaya a terapia o al psiquiatra, eso no es toda la ayuda que podemos dar. La ayuda tiene que ver con la escucha, con el acogimiento, con preguntar: “Oye, ¿qué te ha pasado? Porque tú hace un año no estabas así”. Eso lo puede preguntar cualquiera.

-Entonces la prevención no puede recaer solo en los especialistas

-No. Esto no solo tiene que hacerlo el Sistema Nacional de Salud. Tenemos que hacerlo en común y transversalmente como sociedad. Nos tenemos que hacer cargo del dolor que se produce dentro de la sociedad, y lo hacemos entre todos. Es un error derivar exclusivamente ese dolor a los especialistas en salud mental. Están los médicos de atención primaria, las enfermeras comunitarias, las trabajadoras sociales, los profesionales de juventud, las familias, los amigos, las comunidades, los entrenadores, los profesores… Hay muchísima comunidad que puede y debe acompañar estos procesos, que son primero de escucha y después de sostener y acoger ese sufrimiento.

Nos tenemos que hacer cargo del dolor que se produce dentro de la sociedad, y lo hacemos entre todos

-¿Qué debería haber cambiado dentro de un año para poder decir que el Observatorio ha empezado a tener impacto real?

-El Observatorio formaliza una tarea que ya estamos haciendo desde hace meses: coordinar a todos los actores que intervienen en políticas de prevención. La pretensión es que dentro de un año todos conozcamos lo que se está haciendo en otros organismos y podamos establecer colaboración cruzada.

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