Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La opinión de Obertament

Hablar sin miedo del trastorno límite de personalidad

"Se habla de manipulación, de exageración, de relaciones difíciles o incluso de violencia, sin intentar comprender el malestar emocional"

"Ya no podía sostener todo lo que estaba ocurriendo dentro de mí. Yo no quería morir; quería dejar de sufrir"

"Vivimos los vínculos desde una enorme sensibilidad y un miedo profundo al abandono y al rechazo"

Nieves García

Nieves García / Obertament

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Nieves García Aguilera

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Cuando me diagnosticaron Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) sentí confusión. Apenas sabía lo que significaba y, sin embargo, no tardé en descubrir el peso que arrastraba ese diagnóstico. Recuerdo compartirlo con personas cercanas y encontrarme con respuestas como: “Eso es imposible”, “yo conozco a alguien con TLP y tú no tienes nada que ver” o “tú lo que tienes es depresión”. Convivo con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y TLP, pero en mi caso el diagnóstico que más me costó aceptar fue el TLP. Durante mucho tiempo me costó decirlo en voz alta.

Porque se dicen demasiadas cosas del TLP que no son verdad. Se habla de manipulación, de exageración, de relaciones difíciles o incluso de violencia, sin intentar comprender el malestar emocional que existe detrás. Y eso también es importante decirlo: un diagnóstico no convierte a nadie en una persona violenta. La violencia pertenece a quien la ejerce, no a un trastorno. En muchas ocasiones el daño nos lo acabamos haciendo a nosotras mismas, porque no sabemos cómo regular todo lo que sentimos.

El daño nos lo acabamos haciendo a nosotras mismas, porque no sabemos cómo regular todo lo que sentimos

El diagnóstico llegó después de un periodo de depresión muy grave y varias tentativas de suicidio. Fue una etapa extremadamente dolorosa y confusa en la que muchas veces sentía que ya no podía sostener todo lo que estaba ocurriendo dentro de mí. Yo no quería morir; quería dejar de sufrir. Algunas personas llegaron incluso a insinuar que me estaba “metiendo en el papel” o que mis tentativas de suicidio eran una forma de llamar la atención. Todo eso acaba generando autoestigma. Empiezas a sentir vergüenza de lo que te ocurre y a pensar que quizá realmente eres “demasiado intensa”, “demasiado sensible” o “demasiado complicada”.

El diagnóstico llegó después de un periodo de depresión muy grave y varias tentativas de suicidio

Las emociones pueden volverse abrumadoras. Un pequeño rechazo puede sentirse como un abandono enorme. Lo vivo todo con muchísima intensidad, tanto la tristeza como la alegría. En los vínculos, especialmente en las amistades, me he entregado siempre por completo. Idealizando profundamente a las personas porque realmente siento ese afecto de manera sincera. Pero muchas veces termino decepcionándome y haciéndome daño. A lo largo de mi vida me he roto muchas veces, no siempre por grandes acontecimientos, sino por pequeñas heridas emocionales acumuladas.

Lo vivo todo con muchísima intensidad, tanto la tristeza como la alegría. En los vínculos me he entregado siempre por completo

Vivimos los vínculos desde una enorme sensibilidad y un miedo profundo al abandono y al rechazo, lo que puede hacernos especialmente vulnerables a personas que nos lastiman. Pero vivir de esta forma también es agotador. Analizarlo todo. Sentirlo todo. Tener miedo constante a perder a las personas que quieres. Cuando era más joven cambié muchas veces de estilo, de gustos y de forma de mostrarme al mundo. No acababa de encontrarme ni de definirme. Durante años pensé que había algo mal en mí.

La impulsividad también me ha jugado malas pasadas. Durante mucho tiempo reaccioné desde emociones que sentía de manera desbordante, buscando apagar un dolor que muchas veces no sabía cómo gestionar. Viví relaciones tóxicas y experiencias que empeoraron todavía más esa percepción. Recuerdo una relación en la que mi ex pareja dejó de llamarme por mi nombre para llamarme “TLP”. Hoy, sin embargo, vivo una relación muy diferente. Mi pareja también es neurodivergente y ambos nos cuidamos y nos acompañamos desde un lugar mucho más sano.

La impulsividad también me ha jugado malas pasadas. Durante mucho tiempo reaccioné desde emociones que sentía de manera desbordante

Lo que más me ha ayudado en este camino ha sido el autoconocimiento, la ayuda profesional y aprender a mirarme con más compasión. La recuperación, al menos para mí, no empezó cuando desapareció el dolor, sino cuando dejé de odiarme por sentirlo.

Soy escritora, pareja, madre, amiga, activista y una persona profundamente comprometida con la vida que ha luchado muchísimo por aceptarse

Hoy sé que el TLP forma parte de mi historia, pero no define todo lo que soy. También soy escritora, pareja, madre, amiga, activista y una persona profundamente comprometida con la vida que ha luchado muchísimo por aceptarse. Ahora me quiero más. Porque por primera vez he dejado de sentir que necesito ocultar mis heridas para merecer amor, dignidad y humanidad.

Nieves García Aguilera, escritora y activista contra el estigma de la salud mental en Obertament.

Suscríbete para seguir leyendo