En primera persona
Sandy Martos, activista: "Consejos sí, pero sin prometer soluciones ni verdades absolutas"
"Es muy frecuente que recurramos a dar consejos, sin embargo, es importante prestar atención a cómo nos expresamos"
"A veces, nos obsesionamos en utilizar herramientas que en el pasado nos fueron bien aunque ahora no nos estén funcionando"

Dos personas abrazándose / Crédito: Natalia Sobolivska en Unsplash.
“Como me pongan a pintar mandalas, cojo la puerta y me voy”. Tenía 18 años y la psiquiatra de urgencias me acababa de derivar a un hospital de día. En aquel momento, la idea de que pintar mandalas pudiera hacer algo para calmar mi tormenta interior me pareció ridícula. Siete años después, pinto mandalas por placer, por aburrimiento, por desconectar en los días malos y también cuando necesito conectar conmigo misma en los días buenos.
Existen un montón de actividades relativamente sencillas que pueden ayudar a nuestro bienestar: el arte, la meditación, dar un paseo, tiempo de autocuidado, leer, escribir, hacer ejercicio… No obstante, cuando el malestar es profundo, ninguna de estas es, por sí misma, una solución.
Cuando alguien nos explica que está pasándolo mal, es muy frecuente que recurramos a dar consejos sobre estas pequeñas cosas que a nosotros nos funcionan y nos sirven. Sin embargo, es importante prestar atención a cómo nos expresamos. Decirle a alguien con un gran dolor emocional que pinte mandalas y se sentirá mejor es darle un paracaídas al que está ahogándose en medio del océano.

Clase en el gimnasio immersivo SABDA estudio. / Marc Asensio Clupes / EPC
Antes de ser derivada al hospital de día, había recibido muchos consejos simples que me parecían ridículos y ofensivos. Sentía que pretendían arreglar mi sufrimiento con meditación y manualidades, como si algo tan sencillo fuera a ser capaz de devolverme la sonrisa. En realidad, esas pequeñas actividades sirven, pero cuando se sugieren como solución mágica, pueden crear rechazo. Además, cada persona es única y, lo que nos funciona a nosotros, puede no funcionar al resto.
Entonces, ¿cómo lo hacemos? Siempre desde la curiosidad, sin prometer soluciones ni verdades absolutas. Hablando desde nuestra experiencia, lo que a nosotros nos ha servido y por qué lo hecho. Sin dar órdenes ni insistir y, especialmente, escuchando lo que la persona necesita.
¿Cómo evitamos rechazar consejos que nos han dado a nosotros? No es fácil, pero nunca deberíamos descartar algo antes de probarlo. Quizá lo que menos esperamos es aquello que más nos aporta. Si yo nunca hubiera pintado una mandala, no habría descubierto una de mis mayores herramientas de autocuidado.
Además, no podemos olvidar que somos personas y, como tales, cambiamos. A veces, nos obsesionamos en utilizar herramientas que en el pasado nos fueron bien aunque ahora no nos estén funcionando. Leer puede servir para desconectar, pero si en ese momento no eres capaz de concentrarte lo suficiente como para leer más de dos páginas seguidas, leer no será lo que te vaya a hacer sentir mejor.
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