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Salud mental y poder judicial (y IV)

La salud mental de los profesionales de la justicia, un tabú pendiente

Jueces, abogados y otros profesionales del derecho conviven con conflictos, decisiones difíciles y una presión constante

Los profesionales del sector señalan que el desgaste emocional sigue silenciado en una profesión marcada por el estigma y la cultura de la resistencia

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La juez Gabriela Boldó.

La juez Gabriela Boldó. / Ferran Nadeu / EPC

Marc Darriba

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Barcelona
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La salud mental de los profesionales de la justicia sigue siendo un tema poco visible pese al estrés, el burnout y la presión que describen jueces y abogados. Los profesionales entrevistados explican que convivir cada día con historias de sufrimiento puede dejar huella, pero también que dentro de la profesión todavía pesa una cultura de resistencia: si no puedes sostener la tensión, parece que el problema eres tú.

Decidir, defender y sostener el conflicto

Trabajar como jueza y ver a gente detenida me ha llevado a plantearme la vida de otra manera, a ver al individuo y no solo el hecho que ha cometido”, explica la jueza Gabriela Boldó. En su caso, el contacto con situaciones límite forma parte del día a día en los juzgados. “Tratar a una persona que manifiesta que ha apuñalado tres veces a su mujer sin perder la humanidad es lo que me ha aportado la experiencia de trabajar como jueza”, añade.

¿Soy exitoso si ahora por la tarde me voy a pasear o soy exitoso si estoy trabajando hasta las ocho de la tarde?

Gabriela Boldó

— Jueza

Al otro lado, abogados y abogadas no dictan resoluciones, pero también sostienen procesos que condicionan trayectorias vitales. Cuando se le pregunta si los profesionales de la abogacía se llevan el trabajo a casa, Laura Mercader, abogada penalista, responde sin matices: “100%”. Según explica, el contacto continuado con el delito, el conflicto o la vulnerabilidad no desaparece cuando termina la jornada.

Muchos profesionales ‘de trinchera’ viven instalados en el conflicto

Manel Atseries

— Abogado y activista

Manel Atserias, abogado y activista en salud mental, lo resume desde otra mirada: “Muchos profesionales ‘de trinchera’ viven instalados en el conflicto”. Según él, el profesional jurídico trabaja a menudo con el problema cuando ya ha estallado y debe acompañar situaciones que llegan cargadas de angustia.

Cuando el trabajo entra en casa

Laura Mercader, abogada penalista, describe este impacto como una filtración progresiva del trabajo en la vida personal. “Nos acaba afectando a la hora de percibir la verdad y el mundo como un lugar hostil, con desconfianza, con ansiedad”, explica. Y añade que, si los profesionales no se autorregulan, esta exposición puede acabar generando “una distorsión”.

La penalista también señala la falta de herramientas específicas para gestionar este desgaste. “No tengo ningún mecanismo para gestionar las emociones, tampoco lo he visto existir nunca”, afirma. Su experiencia apunta a una gestión muy individualizada del malestar dentro de la abogacía penal.

Nos acaba afectando a la hora de percibir la verdad y el mundo como un lugar hostil, con desconfianza, con ansiedad

Laura Mercader

— Abogada penalista

Atserias pone nombre a una parte de este fenómeno: trauma vicario. “La angustia y el problema que tú tienes, de una forma u otra, cuando recibes estos inputs, acabas también sufriendo. Esto se llama trauma vicario”, explica. Según él, este impacto puede afectar especialmente a los profesionales que trabajan de manera continuada con casos de alta carga emocional.

Estrés, burnout y un sistema que no da margen

Los datos aportados apuntan en la misma dirección. Según el informe sobre salud mental de la abogacía, el 98,8% de los abogados españoles identifica el estrés como el principal factor de riesgo de la profesión. El mismo documento recoge que un 15,1% sufre burnout y que un 30% afirma que, si pudiera volver a elegir, no volvería a ejercer la abogacía.

Atserias sostiene que los profesionales jurídicos trabajan con “unos niveles de estrés y de ansiedad que están por encima de la media”. En el caso de la judicatura, recuerda que algunos estudios han situado los porcentajes de estrés por encima del 90%, vinculados sobre todo a la sobrecarga de trabajo.

El sistema judicial se ha convertido en un vertedero de los problemas sociales

Gabriela Boldó

— Jueza

Boldó también apunta al volumen y al ritmo de trabajo. La jueza describe un sistema en el que a menudo hay que resolver situaciones complejas con poco tiempo y con herramientas limitadas. Además, añade, la sociedad parece estar judicializándose. Esta profesional afirma, de forma contundente, que “el sistema judicial se ha convertido en un vertedero de los problemas sociales”.

En la abogacía, esta presión también tiene una dimensión horaria. Según los datos recogidos en el informe, el 73,4% de los abogados tiene jornadas de más de 40 horas semanales y un 12,8% trabaja más de 60 horas.

Atserias distingue también entre la abogacía “de trinchera” y la realidad de los grandes despachos, pero sitúa la presión en ambos espacios. De los segundos hace una descripción contundente: “Aquello es la selva, es pirámide y o subes o caes”. Según él, este modelo se presenta a menudo con una imagen atractiva, pero esconde una estructura muy exigente.

La cultura de la resistencia: “tienes que poder con todo”

Atserias describe una cultura profesional en la que se da por hecho que el abogado debe poder sostener situaciones de alta tensión. Según él, esta exigencia se nota especialmente en la abogacía “de trinchera”, donde puede haber “problemas de soledad” y donde a menudo falta “alguien con quien poder comentar la jugada”. Esa falta de espacios para compartir lo vivido, sostiene, también perjudica.

Boldó también cuestiona el modelo de éxito que a menudo atraviesa la profesión jurídica. “¿Soy exitoso si ahora por la tarde me voy a pasear por la playa o soy exitoso si estoy en el despacho trabajando hasta las ocho de la tarde?”, se pregunta. La reflexión apunta a una exigencia que no solo afecta al volumen de trabajo, sino también a la manera en que se define el prestigio profesional.

Los profesionales jurídicos trabajan con unos niveles de estrés y de ansiedad que están por encima de la media

Manel Atseries

— Abogado y activista

La misma cultura de resistencia aparece cuando el malestar se vincula explícitamente a la salud mental. Atserias recuerda que, en el ámbito institucional, hablar de “bienestar emocional” puede resultar más aceptable que hablar directamente de salud mental. “Al decir ‘Salud mental’ parece que ya les da un tembleque”, dice, en referencia a las reticencias que todavía existen en algunos espacios profesionales.

Es un tema que no se trata”, dice Boldó cuando se le pregunta por la salud mental dentro de la administración de justicia. Según la jueza, a menudo se entiende que la tensión “tiene que venir dada con el trabajo”, como si el desgaste formara parte natural del cargo.

Intentos de suicidio e ingesta de sustancias

Mercader explica algo similar desde la abogacía penal: no ha conocido mecanismos específicos para gestionar las emociones vinculadas al ejercicio profesional. Atserias, por su parte, insiste en la necesidad de generar espacios donde el malestar profesional pueda compartirse sin miedo a ser interpretado como una falta de capacidad.

Según el citado informe, el 41% de los abogados no hablaría de sus problemas de bienestar con su empleador por miedo a perjudicar su carrera. El mismo dosier recoge también el artículo 'The Secret Terror', en el que socios de grandes despachos españoles y portugueses admiten situaciones de alto impacto emocional y personal. Según esos datos, un 9% cita intentos de suicidio y otro 9% reconoce la ingesta de sustancias ilegales para aguantar el ritmo.

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