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Temores colectivos

Los psicólogos advierten de que el miedo al hantavirus reaviva el trauma del covid y alienta la insolidaridad

Los expertos aprecian claras muestras de estrés generado por el recuerdo de la pandemia y ven actitudes que tienen que ver con inseguridades y miedos

"La gente quiere riesgo cero, garantías de que no pasará nada, y por muchos medios técnicos que tengamos, los riesgos son inherentes al ser humano y a la vida", recuerda Íngrid Mulero

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Fidel Masreal

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Barcelona
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La gestión de la crisis sanitaria del hantavirus detectada en el crucero MH Hondius está generando repercusiones a todos los niveles, incluido el de la psicología colectiva, las muestras de temor y las actitudes de rechazo o miedo a la hora de atender a los pasajeros del buque en tierra firme. Los psicólogos consultados ven claras muestras de estrés generado por el recuerdo del covid, y actitudes psicológicas que tienen que ver con inseguridades y miedos.

"El peligro es acabar viendo a la persona contagiada como un factor de riesgo y no como a un ciudadano", afirma la psicóloga Mercè Conangla

Xavier Guix, psicólogo y escritor, ve claros indicios de "estrés postraumático" tras el coronavirus y llama la atención sobre un concepto: el de la protección, esgrimido por gobiernos y autoridades. "Si no me siento protegido, entro en pánico, y esto es lo que supuso la pandemia para mucha gente", describe. Y dado que impera la protección, pueden producirse reacciones que se basen en ello por encima de responsabilizarse de los hombres y mujeres que van a bordo del crucero.

Omar Rueda, psicólogo, abunda en la idea de los efectos de la covid: "No solo dejó secuelas médicas o sociales, sino que nos dejó una memoria nerviosa colectiva. Mucha gente sigue viviendo en un estado de hipervigilancia difusa, como si el mundo pudiera volverse peligroso de un día para otro otra vez. Entonces aparece una noticia sobre hantavirus, o cualquier amenaza sanitaria y automáticamente se activan dinámicas de conservación o defensa: “que no vengan”, “cerrad fronteras”, “proteger lo nuestro”, “aislar al otro”, y comentarios de este tipo de índole".

"Cuando una sociedad vive mucho tiempo bajo sensación de amenaza, empieza a normalizar respuestas deshumanizantes", apunta Omar Rueda

Para la psicóloga Íngrid Mulero, en este tipo de reacciones intervienen también otros factores: “Por mucho que tengamos medios a nivel médico y técnico, hay cosas que acaban teniendo cierta dimensión que son imposibles de poder dimensionar, y todo lo que no se puede controlar es fácil de rechazar; la gente quiere riesgo cero, garantías de que no pasa nada y esta certeza -por muchos medios tecnológicos- no la tenemos, los riesgos son inherentes al ser humano y a la vida".

El riesgo de deshumanizar

Rueda va más allá y avisa: "El imaginario social está saturado de peligro. Cuando una sociedad vive mucho tiempo bajo sensación de amenaza, empieza a normalizar respuestas deshumanizantes". Al respecto, Mercè Conangla, psicóloga, escritora e impulsora de la Fundació Ecologia Emocional, reflexiona: "El peligro es acabar viendo a la persona contagiada como un factor de riesgo y no como un ciudadano; es una despersonalización y esto es potencialmente peligroso, debemos recordar que el otro es una persona con una vida, con una familia y con sus miedos y vulnerabilidades".

"Nos llenamos la boca con solidaridad pero cuando vemos peligro tenemos el riesgo de caer en la exclusión o el rechazo, porque somos humanos, miedosos", señala Conangla

Conangla recuerda que la solidaridad teórica y la práctica son dos cosas diferentes: "Nos llenamos la boca con ella en teoría, entonces es fácil hacerlo y todos nos apuntamos, pero cuando el riesgo es cercano y llega el potencial peligro, o lo que vemos como peligro, tenemos el riesgo de caer en la exclusión o el rechazo, porque somos humanos, miedosos y, a veces, con cierto nivel de cobardía".

Empatía y generosidad

Para Mulero, se trata de algo profundo: "Cada vez tendemos más al individualismo, al 'ande yo caliente', y tenemos una doble moral: todos somos capaces de empatizar con cosas que nos implican, pero cuando nos toca de cerca es más fácil poner la barrera".

Ante ello, el antídoto según esta profesional sigue siendo la empatía y la generosidad: "Si mi hijo estuviera en ese barco, qué querría para él". Omar Rueda ve algo más profundo en las reacciones ante esta crisis: "Una pérdida progresiva de tolerancia a la vida. Ya no hay espacio para vivir, ahora los inputs externos nos empujan a entrar en modo supervivencia. Las redes sociales además amplifican esto de forma brutal. Porque el miedo viraliza. La alarma circula más rápido que la calma".

Y Conangla remacha: "Después de la pandemia, la frontera entre ser prudentes y la sospecha, tan delicada, es mucho más frágil y tenemos una propensión a desconfiar, con un mecanismo en la memoria emocional: el miedo".

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