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Trabajo y salud mental

Ángel Urbina, activista: "Poner límites no es falta de ambición, es liderazgo interior"

La capacidad de admirar el esfuerzo y, a la vez, cuestionar su sentido y su coste, es un síntoma de madurez

El valor de una persona no debería medirse por cuántas horas aguanta, sino por el sentido que aporta

Trabajadores en oficinas a las 20h de la noche trabjando

Trabajadores en oficinas a las 20h de la noche trabjando / Zowy Voeten / EPC

Ángel Urbina

Tarragona
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A principios de año, en la cena previa a Reyes, mi hija —que ya vive fuera de casa— nos compartió algo poco habitual en ella. Suele ser reservada con estas cosas, pero esta vez traía una historia que le había hecho pensar. Había comido con compañeros de carrera y uno de ellos, que trabaja en una gran consultora, les contó una anécdota que le había impresionado de verdad. Su jefa hablaba con orgullo de un gesto de su hijo adolescente: el día del cumpleaños del propio hijo, compró una tarta y, a las 12 de la noche, fue a la oficina para celebrarlo con su madre… Porque ella seguía trabajando allí a esa hora.

Lo interesante no fue solo la escena, sino cómo la vivió él. Sus padres son médicos; su madre, cirujana. Está acostumbrado a las urgencias reales, a las llamadas del hospital y a la responsabilidad de acudir cuando se trata de salvar una vida. Y, al escuchar a su jefa, se sorprendió comparando: hoy valoraba aún más lo que habían hecho sus padres y, al mismo tiempo, se preguntaba por qué en otros contextos se normaliza trabajar hasta tan tarde como señal de mérito o de “éxito”. Esa reflexión —hecha sin juicio, con honestidad— me pareció un signo claro de madurez: la capacidad de admirar el esfuerzo y, a la vez, cuestionar su sentido y su coste.

Saber qué tipo de vida quiere uno construir antes de que la inercia decida por ella, es un signo de madurez

Y entonces vino la segunda parte, igual de reveladora. Mi hija, después de escucharlo, nos dijo algo sencillo y muy lúcido: que se alegraba de no estar trabajando en una consultora. No lo dijo desde la crítica, sino desde una claridad serena. Para mí, eso también es madurez: saber qué tipo de vida quiere uno construir antes de que la inercia decida por ella. Reconocer a tiempo cuáles son los propios límites y respetarlos.

¿Cuándo la disponibilidad permanente se confunde con compromiso?

No comparto esto para atacar a nadie. Hay profesiones donde el esfuerzo extraordinario tiene un sentido inmediato. Y hay etapas en las que una persona elige dar más por un proyecto, de forma consciente. Pero creo que merece la pena abrir una reflexión tranquila: ¿qué ocurre cuando la exigencia deja de ser puntual y se convierte en cultura? ¿Cuándo la disponibilidad permanente se confunde con compromiso? ¿Cuándo ascender parece ir ligado a estar siempre, a cualquier coste?

Con el tiempo aprendes algo importante: el valor de una persona no debería medirse por cuántas horas aguanta, sino por el sentido que aporta y por la calidad humana con la que construye. Poner límites no es falta de ambición; es liderazgo interior. Es proteger lo que hace sostenible el rendimiento: la salud mental, las relaciones, la presencia en casa, el descanso y la paz.

Ojalá sepamos celebrar modelos de éxito que incluyan que la vida no tenga que esperar a que termine la jornada para poder celebrarse

Ojalá sigamos avanzando hacia organizaciones donde el reconocimiento no dependa de “estar hasta la madrugada”, sino de contribuir con propósito, cuidar a las personas y lograr resultados sin sacrificar lo esencial. Y ojalá también sepamos celebrar modelos de éxito que incluyan algo tan básico como esto: que la vida no tenga que esperar a que termine la jornada para poder celebrarse.

Ángel Urbina, presidente de la Asociación La Muralla y vicepresidente de Salut Mental Catalunya

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