Adicciones y salud mental
Iñaki Erazo, entrenador e integrador social: "He tenido pensamientos de dejarlo todo, pero estoy aquí; se puede salir de la adicción"
"A quién está metido en una adicción, lo primero que le digo 'háblame, cuéntame'"
"La motivación está muy bien, pero lo que está mejor es establecer una rutina"

ñaki Erazo, deportista e integrador social. / Zowy Voeten / EPC

Una amiga le dijo 'Iñaki, no paras de correr'. Y al buscar nombre para su proyecto, no tuvo dudas: 'RunForestRun'. "Corre también porque tiene un problema de salud mental". En el caso de Iñaki, deportista titulado en integración social de 36 años, tras una vida de adicciones, de tráfico de drogas y de 4 años en la cárcel -dos de ellos en una prisión brasileña- ha decidido hacer de la idea de correr un punto de apoyo para ayudarse y ayudar. Su lema: "La motivación está muy bien, pero lo que está mejor es establecer una rutina".
Su proyecto está dedicado precisamente a personas que ha dejado una adicción pero necesita que alguien le acompañe. Y las opciones pasan por moverse, aunque sea a caminar diez minutos. Él mismo notó que andando perdía las ganas de consumir. "El concepto es muévete, levántate". Pero al ritmo de cada cual. Usa su titulación como palanca para combiinar el deporte con un apoyo social. ¿Qué les dice a quien le llama y está todavía metido en la adicción? "No se trata de decir 'déjalo', porque es contraproducente, yo lo que les digo es háblame, cuéntame". Se puede salir, sostiene, y de forma ordenada, si hay alguien. "Solo, es muy complicado".
De 114 a 60 kilos
Iñaki pasó de pesar 114 quilos y llegó a quedarse en 60. Fue uno de sus problemas relacionados con un concepto: la sobreestimulación. Su oferta es precisamente ofrecer rutinas a personas con adicciones y con problemas de salud mental. Una iniciativa que compagina con su trabajo en un comedor social de Barcelona. "Era el círculo de la adicción, la adicción al deporte, pero no estaba siendo yo mismo sino tapando una versión de mí mismo que no me gustaba; me veía guay pero por dentro estaba hecho una mierda".
No se trata de decir 'déjalo', yo lo que les digo es háblame, cuéntame
¿Por qué la adicción? No hubo motivos familares, de hecho Iñaki está orgulloso de sus padres, chilenos, exiliados políticos en Barcelona de la época de Pinochet, que a su vez también vivieron una vida dura, tras militar en el MIR en Chile y llegar a Barcelona sin recursos. La génesis de sus sufrimientos no está ahí, según Iñaki. "Fue más por la adrenalina, por sentirte vivo", opina.
La adicción busca motivos
Este joven sabe, por experiencia propia, que la adicción busca dónde vehicularse, busca caminos. Que pueden ser el deporte, las drogas, el alcohol o el juego. En su caso, antes del deporte, el motivo fueron los opiaceos. "Tenemos una enfermedad, una predisposición a volvernos adictos", admite. "Es buscar algo en lo que apoyarte, y lo he hablado con personas con las que hemos compartido camino en la vida", opina.
Tenemos una enfermedad, una predisposición a volvernos adictos
La primera adicción, la de los opiáceos, le llevó tantos problemas que acabó en una cárcel brasileña condenado por tráfico internacional de estupefacientes. Cuatro años en total entre rejas. Dos en Brasil y dos en Catalunya. "Fue una bofetada", recuerda. Y al preguntarle sobre las cárceles de Brasil, recuerda que compartía celda con más de 12 personas. "Te dan dos comidas al día de arroz con frijoles y tira p'alante".

Iñaki Erazo, en Barcelona. / Zowy Voeten / EPC
Fruto de esta experiencia se dio cuenta de la importancia de tener acompañamiento, en procesos como el regreso a la vida ordinaria tras cumplir condena. De lo contrario, muchos de los que salen regresan a la adicción. Entre ellos, compañeros de celda de Iñaki. "Te dicen 'mañana estás libre', y cuando sales piensas: ¿Y ahora qué hago?". Es exactamente lo que le pasó: salió, empezó con el triatlón y cayó en trastornos de conducta alimentaria, cayó de nuevo en el consumo.
Buscar tu buena versión mola, controlarlo todo porque tengo un orden y una rutina
Compartir con un periodista una manzanilla en la plaza Osca de Barcelona es para él un logro, porque era allí donde se dedicaba a buscar cómo consumir o tomarse otra cerveza. "Era un agujero negro", recuerda. Ahora lleva un año libre de adicciones. "Cogí una woll-damm, me la tomé y le dije 'eres la última' y nunca más". Del mismo modo, Iñaki asume que toda la vida será alcohólico, por muy seguro que se sienta de que no recaerá.
¿La vida normal es aburrida?
"Para nada -responde con firmeza-, la veo que me la voy a comer y es lo que intento decirle a la gente: que buscar tu buena versión mola, no estar enganchado a algo sino saber controlarlo todo porque tienes un orden y una rutina, no negociar con tu cabeza y decir yo mando". Si se hace bien este proceso, añade, el cuerpo te sigue.
Cogí una woll-damm, me la tomé y le dije 'eres la última' y nunca más
No tiene miedo a recaer, más allá de convivir a menudo con pesadillas y sueños recurrentes. Ha recibido apoyos psiquiátricos de un centro de adicciones. Ha sufrido ataques de pánico bastante severos. Pero ahora está totalmente centrado en su proyecto de entrenamiento con el RunForestRun. No sin que cueste volver a relacionarse con el mundo. "Algunos colegas ya no te llaman porque ya no eres el colega de ir a tomarte algo, porque la gente necesita a alguien, solos se sienten raros".
¿Satisfacciones de todo ello? Que un amigo muy metido en la adicción que vive en Berlín y lo perdió todo, al ver la web de Iñaki, decidió empezar a correr. A cambiar. Pero para ello, insiste Iñaki, es esencial lograr tener una rutina. Una estructura. Y poco a poco. Uno de sus alumnos empezó sin a penas correr, solo moviendo los brazos. Ahora corre diez quilómetros sin esfuerzo. "La gente puede salir de la adicción; he tenido pensamientos locos, de dejarlo todo, pero estoy aquí", zanja.
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