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En primera persona

Sandy Martos, activista: "Toda autoayuda que garantiza resultados se aprovecha de la esperanza para vender"

Puede ser un muy buen punto de partida para aquellos en busca de un cambio, pero muy perjudicial si se escoge incorrectamente

Los mensajes que focalizan la responsabilidad en el individuo y en la falta de voluntad generan una culpa innecesaria e infundada

Eva Bach, pedagoga: "Las simplificaciones sobre las emociones perjudican a personas que están mal y necesitan una brújula"

Libros de autoayuda

Libros de autoayuda / EFE

Sandy Martos

Barcelona
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Entras en una librería y la sección de recomendados está repleta de libros de autoayuda. Abres cualquier red social y encuentras consejos de coaches que prometen enseñarte a no pensar o a ser feliz si sigues su programa que, casualmente, está de oferta. En una sociedad que cada vez habla más de salud mental, de la importancia de cuidarla y normalizar los trastornos mentales, es especialmente importante resaltar que no todo vale. No es autoayuda todo lo que predica serlo ni va a cambiarte la vida todo el que promete hacerlo.

Un claro indicador de calidad debería ser que el autor sea un profesional de la salud mental que se base en métodos con evidencia científica

Los recursos de este tipo son accesibles, económicos y atractivos. La autoayuda puede ser un muy buen punto de partida para aquellos dudosos o en busca de un cambio, pero también puede ser muy perjudicial si se escoge incorrectamente. No existe una fórmula única para saber qué recurso es el adecuado para cada persona pero sí ciertas red flags a evitar.

¿Evitar emociones negativas?

En primer lugar, es importante recordar que los problemas de salud mental son complejos y multifactoriales. Los consejos que reducen las soluciones a “pensar en positivo” o “cambiar de actitud” simplifican excesivamente problemas complejos y pueden ser contraproducentes. Los discursos que promueven la evitación de las emociones negativas o el no pensar también resultan problemáticos, ya que la gestión emocional y el pensamiento crítico son indispensables para el bienestar.

Los consejos que reducen las soluciones a “pensar en positivo” o “cambiar de actitud” pueden ser contraproducentes

En salud mental, nada es absoluto y cada individuo es diferente, por lo que la promesa de resultados es imposible. Ni existen recetas inequívocas, ni plazos fijos para la obtención de la felicidad, ni métodos infalibles. Todo aquello que garantiza resultados se aprovecha de la esperanza para vender. Además, profundizar en la raíz de los problemas y personalizar el tratamiento a las diferencias individuales es algo que solo un terapeuta puede hacer.

Te dan la culpa

Por otra parte, muchos recursos llevan implícito un mensaje culpabilizante. Ser feliz, ser productivo, conseguir las cosas no es cuestión de voluntad. Los mensajes que focalizan la responsabilidad en el individuo y en la falta de voluntad generan una culpa innecesaria e infundada. Estos discursos ignoran todas las circunstancias que rodean a una persona y van más allá de la voluntad, como pueden ser enfermedades físicas, predisposición genética, situación socioeconómica o familiares a cargo, entre muchas otras.

Se debe prestar atención al uso de argumentos pseudocientíficos o la desacreditación de la psicología clínica. La evidencia científica se basa en la experiencia y garantiza resultados, por lo que es indispensable para validar un argumento.

Por desgracia, existen muchos psiquiatras y psicólogos que propagan discursos capacitistas, clasistas y populistas

Un claro indicador de calidad debería ser que el autor sea un profesional de la salud mental que se base en métodos con evidencia científica. Por desgracia, existen muchos psiquiatras y psicólogos que propagan discursos capacitistas, clasistas y populistas, por lo que debemos ser críticos incluso ante obras de profesionales.

No todo es negativo, existen enfoques en el ámbito de la autoayuda, basados en mindfulness, regulación emocional, terapia cognitivo-conductual) que pueden resultar muy positivos. No se trata de rechazar toda la autoayuda, sino de ser críticos con aquello que consumimos y ser conscientes de las limitaciones que presenta. El problema no es querer ser feliz o mejorar, sino comprar soluciones simples para problemas complejos.