Opinión
Bahia Eloddi, activista: "La libertad empieza dejando de ver tu cuerpo como un enemigo"
"Se está librando una batalla, silenciosa e implacable: la que libramos contra nuestro propio cuerpo"
"¿Y si nuestro valor no se midiera en kilos, tallas o arrugas?"

Una mujer mirando al horizonte. / JORDI COTRINA / EPC
Cada año celebramos los avances realizados en los derechos de las mujeres. Y son innegables: más acceso a la educación, mayor presencia en el mundo laboral, más visibilidad en el espacio público, etcétera. Pero tras estas conquistas visibles, se libra otra batalla, silenciosa e implacable: la que libramos contra nuestro propio cuerpo.
Dietas exprés, cirugías estéticas, formulas “milagro” y redes sociales saturadas de cuerpos irreales… El mandato es implacable: hay que ser delgada, joven y bella. El cuerpo deja de ser refugio y se convierte en campo de batalla; ya no se habita, se corrige, se disciplina y se exhibe. En esta dictadura de la apariencia, el “parecer” eclipsa al “ser”. Lo devora.
El cuerpo deja de ser refugio y se convierte en campo de batalla; ya no se habita, se corrige, se disciplina y se exhibe
Esta presión no solo moldea la imagen, también transforma la relación con una misma. Y lo hace, muchas veces, cobrando un precio devastador en nuestra salud mental y física. Trastornos como la dismorfia corporal, la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón permanecen bajo el peso del estigma, pese a sus consecuencias devastadoras. Porque más allá de los derechos visibles, existe una libertad más íntima: la de habitar el propio cuerpo sin culpa ni exigencias impuestas.
Cuando el cuerpo se convierte en objeto
La presión ya no es solo externa. Se ha vuelto interna, casi invisible. Hoy, bienestar y éxito se asocian a delgadez, juventud y rendimiento físico. No es casualidad: industrias enteras —moda, belleza, fitness, nutrición— prosperan alimentando nuestras inseguridades.
Las redes sociales amplifican este fenómeno. No solo muestran imágenes: imponen estándares irreales. Algoritmos que repiten una y otra vez cuerpos filtrados y retocados, generando una comparación constante. Con el tiempo, esos modelos se interiorizan: la delgadez se confunde con éxito, la juventud con valor, y el cuerpo con una obra siempre inacabada e imperfecta.
Cuando el control se convierte en sufrimiento
Las consecuencias son profundas. La exposición continua a ideales inalcanzables alimenta ansiedad, culpa y síntomas depresivos. La línea entre “cuidarse” y “obsesionarse” se vuelve difusa.
La exposición continua a ideales inalcanzables alimenta ansiedad, culpa y síntomas depresivos
Los trastornos de la conducta alimentaria son una de las manifestaciones más graves. Millones de personas en el mundo los padecen, y los casos siguen aumentando, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Una etapa marcada por cambios, búsqueda de identidad y una exposición temprana a normas estéticas cada vez más exigentes.
En España, los TCA se disparan entre jóvenes, con una escalada alarmante de casos que desborda la capacidad de atención. Muchos quedan sin tratar y, en los cuadros más graves, aumenta el riesgo de suicidio entre quienes sufren anorexia, bulimia o dismorfia corporal.
De “cuerpo objeto” a “cuerpo vivido”
Frente a esta presión, la respuesta no puede ser solo individual. Es un desafío educativo, cultural e institucional. Pero también empieza por una transformación personal: reconciliarse con el propio cuerpo.
La respuesta no puede ser solo individual. Es un desafío educativo, cultural e institucional
Esto implica cuestionar los ideales impuestos, escuchar las emociones, identificar conductas dañinas y rodearse de entornos —también digitales— más saludables. Significa dejar de castigar el cuerpo y empezar a cuidarlo. Agradecerle, en lugar de juzgarlo. Y, sobre todo, romper el silencio. Hablar, compartir, pedir ayuda. Porque lo que se nombra, deja de pesar en soledad.
Una libertad que también se defiende
En este día, como cada día, cabe una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Y si nuestro valor no se midiera en kilos, tallas o arrugas? La libertad no se juega solo en leyes o derechos. También se construye en la relación con una misma. Con su propio cuerpo. Y quizás empiece justamente ahí: cuando dejamos de ver el cuerpo como un enemigo y lo convertimos en aliado.
La libertad no se juega solo en leyes o derechos. También se construye en la relación con una misma
Reconquistar esa libertad íntima es aprender a habitar el propio cuerpo con respeto y dignidad. Es liberarse de estándares impuestos y celebrar todo lo que nos permite sentir, vivir y ser. Porque la libertad, también, empieza desde dentro. Y merece ser defendida.
Bahia Eloddi, activista de Obertament
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