Entrevista | Miguel Guerrero Psicólogo clínico
Miguel Guerrero, psicólogo experto en suicidio: “No estamos sabiendo leer el sufrimiento masculino"
"Estamos confundiendo ausencia de discurso con ausencia de sufrimiento"
"Los mandatos de masculinidad son un filtro que oculta el malestar y complica tanto la autoidentificación como la intervención temprana"
Los hombres representan cerca del 75% de las muertes por suicidio en España

Miguel Guerrero, psicólogo clínico experto en suicidio. / M.G.

Miguel Guerrero, psicólogo clínico en el Servicio Andaluz de Salud y coordinador del programa andaluz de prevención del suicidio, impartió la conferencia inaugural “Suicidio y hombres: lo que no estamos queriendo ver” en el encuentro anual de Papageno, celebrado recientemente en Madrid. En esta entrevista nos ofrece claves para entender por qué los suicidios masculinos son mucho más numerosos que los que se registran entre mujeres.
-¿Estamos interpretando bien el suicidio en los hombres?
-Reducirlo a que utilizan métodos más letales o que piden menos ayuda es quedarse en la superficie y, en parte, eximir al sistema de responsabilidad. Muchos hombres sí contactan con servicios sanitarios antes del suicidio, pero no son identificados como de alto riesgo porque su malestar no se expresa como esperamos sino que aparece en forma de irritabilidad, consumo, aislamiento o conductas de riesgo, no como tristeza verbalizada. Si seguimos leyendo el riesgo con un único patrón, estamos dejando fuera precisamente a quienes más mueren. El problema es también clínico: no estamos sabiendo leer el sufrimiento masculino en sus propios términos. Y mientras eso no cambie, seguiremos llegando tarde.
-¿Qué estamos pasando por alto?
-Estamos ignorando dimensiones clave como la vergüenza, la humillación o la vivencia de fracaso ligadas a no cumplir con determinados mandatos de éxito, control o provisión. Son estados de alto riesgo suicida, pero poco explorados en la práctica clínica. En el fondo, estamos confundiendo ausencia de discurso con ausencia de sufrimiento.
Su malestar no ha sido leído como riesgo. No porque no estuviera, sino porque no lo expresó en el lenguaje que sabemos reconocer
-¿Cómo es ese hombre que no estamos sabiendo ver?
Es, muchas veces, un hombre aparentemente funcional: trabaja o ha trabajado, cumple roles, no consulta de forma clara por salud mental y no verbaliza ideación suicida. Pero algo se está rompiendo. Suele estar atravesando pérdidas o amenazas identitarias: desempleo, problemas económicos, una ruptura, aislamiento progresivo o enfermedad física. No vive solo una dificultad, vive la sensación de haber fallado como hombre. Y lo más relevante: muchas veces sí ha tenido contacto con el sistema —Atención Primaria, Urgencias—, pero su malestar no ha sido leído como riesgo. No porque no estuviera, sino porque no lo expresó en el lenguaje que sabemos reconocer.
-¿Qué señales de riesgo no estamos sabiendo reconocer?
Estamos interpretando mal señales como la irritabilidad persistente, el aislamiento progresivo, la sobre implicación laboral o, por el contrario, la desconexión brusca, el aumento del consumo de alcohol u otras sustancias y ciertos cambios conductuales como la impulsividad o el abandono de rutinas. También pasamos por alto expresiones más sutiles como el cansancio vital, el cinismo, la pérdida de interés o frases de desvalorización que no nombran directamente la muerte.
Muchos hombres acuden tarde, interrumpen el seguimiento o no sienten que puedan expresar su malestar sin ser juzgados
-¿Cómo llegan los hombres a los servicios de salud?
-Muchas mujeres llegan con una demanda explícita y malestar verbalizado, lo que facilita la detección. En cambio, muchos hombres no consultan directamente por salud mental o lo hacen por síntomas físicos, crisis puntuales o problemas conductuales. Eso dificulta que los identifiquemos a tiempo.
-Se suele decir que los hombres piden menos ayuda. ¿Es así?
Es una afirmación parcial. Muchos sí piden ayuda, pero no en el formato que sabemos reconocer. Consultan por insomnio, dolor, ansiedad somática o malestar inespecífico. Hablan, pero no siempre de forma directa sobre su sufrimiento emocional.
-¿Qué errores cometemos al intentar ayudar?
Uno de los errores más habituales es forzar la expresión emocional en términos que no le son propios o interpretar su forma de mostrarse como resistencia o falta de colaboración. También fallamos cuando minimizamos señales conductuales o cuando damos por hecho que, si no verbaliza ideación, el riesgo es bajo.
-¿Qué papel juegan los mandatos de la masculinidad?
-No solo pueden actuar como factores de riesgo, sino que también pueden dificultar el reconocimiento del sufrimiento, tanto por parte del propio hombre como de su entorno. Funcionan como un filtro que oculta el malestar y complica tanto la autoidentificación como la intervención temprana. Si no vemos la señal, no podemos actuar.
Aunque los hombres representan la gran mayoría de las muertes por suicidio, seguimos sin estrategias preventivas específicas para ellos
-¿Estamos detectando a tiempo el riesgo?
-En muchos casos, no. Parte del problema es que los indicadores tradicionales se centran en expresiones emocionales abiertas que no siempre aparecen en ellos. Además, el acceso a recursos sigue siendo desigual y la continuidad en la atención es limitada. Muchos hombres acuden tarde, interrumpen el seguimiento o no sienten que puedan expresar su malestar sin ser juzgados. Todo esto hace que el riesgo pase desapercibido hasta situaciones críticas.
-¿Qué habría que cambiar en la prevención?
Mejorar la detección temprana reconociendo formas de malestar que no encajan con la vulnerabilidad tradicional; facilitar el acceso y la continuidad en la atención, y asegurar que los hombres puedan buscar ayuda sin sentirse juzgados; e incorporar la educación emocional y la visibilización del riesgo masculino en todos los entornos. Sin un enfoque adaptado, muchas señales de alerta seguirán pasando desapercibidas.
-¿Qué mensaje clave daría usted en cuanto a estrategias y riesgos?
Que, aunque los hombres representan la gran mayoría de las muertes por suicidio, seguimos sin estrategias preventivas específicas para ellos. Su riesgo se invisibiliza y se deshumaniza, creando una enorme desproporción entre el impacto y la respuesta.
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