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Salud mental y apoyos

Carmen Prieto, activista: "Mi perra Sira ha sido un apoyo fundamental cuando me he sentido perdida"

"Yo no quería tener perro, demasiada responsabilidad"

"El vínculo que se establece es indestructible"

La perra Sira

La perra Sira / Carmen Prieto

Carmen Prieto

Mataró
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Tenía unas semanas cuando me la presentaron. Aun no tenía nombre, pero se llamaría Sira. Apenas era más grande que la palma de mi mano. Era la más pequeñita de la camada de quince cachorritos. La que menos posibilidades tenía de sobrevivir. 

Yo no quería tener perro. Demasiada responsabilidad y en aquel momento no tenía la cabeza para eso. Yo me acababa de separar y estaba inmersa en una depresión profunda. Pero mi hija se empeñó y me prometió que ella se ocuparía. 

Cuando llegó a casa era tan pequeña que a veces se perdía entre los cojines del sofá o debajo de algún mueble. Al principio era mi hija quien la cuidaba, aunque yo la acompañaba al veterinario a hacerle las revisiones. Pero cuando ella no estaba Sira y yo nos quedábamos solas en casa y nos hacíamos compañía la una a la otra. Pronto se convirtió en mi sombra. No se separaba de mí. Su mirada era tan expresiva que parecía que me hablaba. Ella se arrimaba a mí y yo a ella. Nos hicimos inseparables. Pronto mi hija dejó de vivir conmigo y yo pasé a ser la mamá oficial de Sira. 

La cuido y ella a mi también

Sira tiene ya catorce años y ha sido mi compañera de piso y de vida prácticamente desde que nació. Yo la he cuidado y la cuido, pero ella a mí también. Ha sido un apoyo fundamental cuando me he sentido perdida. Muchas veces me he levantado por ella y he salido a la calle por ella. Y ella me ha enseñado lo mucho que se puede disfrutar tan solo jugando con una pelota o caminando por la montaña o junto al mar. 

He aprendido junto a ella a valorar y a aprovechar el tiempo

Algo que también he aprendido junto a ella es a valorar y a aprovechar el tiempo. Nuestro tiempo no está sincronizado. El de ella va mucho más deprisa y eso me permite observar cómo envejece mucho antes que yo. La conocí de recién nacida, de bebé, la vi crecer hasta que me alcanzó en madurez y, ahora, me ha sobrepasado. Me doy cuenta cómo va perdiendo facultades más rápido que yo. Eso me apena enormemente pero también me empuja a aprovechar cada segundo con ella y a valorar mucho más mi propio tiempo. 

Sigue teniendo una enorme expresión con la que me habla y se comunica conmigo

Pero, aunque su mirada también ha envejecido (las cataratas nublan algo de su brillo), sigue teniendo una enorme expresión con la que me habla y se comunica conmigo. Pese a su edad sigue teniendo ganas de salir a pasear y está bien de salud. Ya no tiene la misma energía de antes pero sigue agradeciéndome con la misma fuerza, moviendo la cola y todo su cuerpo, el que sigamos juntas. Y, por supuesto, a cualquiera que le dé una “chuche” para perros. 

Algo es seguro. El vínculo que establece alguien que vive solo con su perro es indestructible

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