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Gestión psicológica y empleo

Cambiar de trabajo: cómo saber si es una huida o una decisión meditada

Cada vez más personas se plantean un cambio profesional, pero ello no siempre responde a una vocación

Expertos explican cómo distinguir entre el agotamiento laboral y un deseo de cambio con recorridoç

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Una mujer teletrabajando.

Una mujer teletrabajando. / EFE

Marc Darriba

Marc Darriba

Barcelona
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Cada vez más personas se plantean cambiar de trabajo, pero no siempre por motivos vocacionales. A menudo, el deseo de dar un giro profesional aparece tras periodos de agotamiento o malestar sostenido. “Hay momentos en los que el cuerpo y la mente dicen basta, pero eso no significa necesariamente que haya que cambiar de rumbo”, apuntan los expertos. La clave está en distinguir cuándo se trata de un impulso para escapar de una situación y cuándo responde a una decisión con recorrido.

Cuando el cambio es una huida

“Muchas personas llegan con la idea de cambiar de trabajo, pero en realidad lo que quieren es dejar de estar como están”, explica Susana Villafaina, coordinadora del departamento de Proyectos de Desarrollo Profesional del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC).

Muchas personas llegan con la idea de cambiar de trabajo, pero en realidad lo que quieren es dejar de estar como están

Susana Villafaina

— Coordinadora del departamento de Proyectos de Desarrollo Profesional del COPC

El malestar sostenido, la sensación de estancamiento o el agotamiento pueden activar el deseo de cambio. “Cuando el nivel de cansancio es muy alto, cualquier alternativa parece mejor que la situación actual”, añade. Este punto es clave, porque puede llevar a tomar decisiones precipitadas si no se da espacio para entender qué está pasando realmente.

Impulso o decisión con recorrido

Distinguir entre una cosa y otra es fundamental. “No es lo mismo una reacción emocional inmediata que una decisión trabajada a lo largo del tiempo”, apunta Xavier Montero, miembro de la Sección de Psicología de las Organizaciones y del Trabajo del mismo colegio. “El impulso suele tener un componente reactivo, muy vinculado al estrés o a una situación concreta, mientras que el deseo de cambio va ganando consistencia con el tiempo”, añade.

El impulso tiene un componente reactivo, muy vinculado al estrés, mientras que el deseo de cambio gana consistencia con el tiempo

Xavier Moreno

— Miembro de la Sección de Psicología de las Organizaciones y del Trabajo del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya

Según los expertos, el impulso aparece en momentos de saturación y puede ser intenso pero pasajero. El deseo real de cambio, en cambio, tiende a mantenerse y a ir acompañado de cierta elaboración: preguntas, exploración y, a menudo, un inicio de proyecto.

Señales para entender qué nos pasa

Una de las pistas más claras es la persistencia. “Cuando una idea vuelve una y otra vez, en distintos momentos y no solo en días malos, suele ser una señal de que hay algo que explorar”, apunta Villafaina.

Cuando una idea vuelve una y otra vez, en distintos momentos y no solo en días malos, suele ser una señal de que hay algo que explorar

Susana Villafaina

— Coordinadora del departamento de Proyectos de Desarrollo Profesional del COPC

También es relevante el tipo de discurso interno. “Si todo gira en torno a lo que no quiero, es difícil construir un cambio. Cuando empieza a aparecer hacia dónde me gustaría ir, aunque sea de forma incipiente, ya hay otro tipo de proceso”, explica Montero. Este proceso no siempre es inmediato ni lineal. “A veces primero hay que entender el malestar antes de poder pensar en alternativas”, Apunta Villafaina.

El tiempo como filtro

En este sentido, el tiempo se convierte en un elemento clave. Permite observar si el deseo se consolida o si se diluye una vez pasa el pico de agotamiento o tensión. “Darse margen no es perder el tiempo, es ganar claridad”, señalan los expertos. “Las decisiones importantes necesitan cierto proceso de decantación”. El tiempo, apuntan los dos psicólogos, puede ser un aliado a la hora de tomar decisiones: no tanto para aplazarlas, sino para entender mejor de dónde nacen.

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