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Denuncia social

Tres suicidios en tres semanas reabren el debate sobre la prevención en las cárceles catalanas

Dos de los casos se produjeron en departamentos de aislamiento mientras entidades y familias denuncian falta de transparencia

Organizaciones de derechos humanos denuncian el silencio institucional mientras Justicia defiende su plan de prevención

Una imagen exterior del centro penitenciario de Puig de les Basses

Una imagen exterior del centro penitenciario de Puig de les Basses / Ddg

Marc Darriba

Marc Darriba

Barcelona
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El Departament de Justícia i Qualitat Democràtica ha confirmado que tres internos se han quitado la vida este año en centros penitenciarios de Catalunya: dos en el centro de Puig de les Basses, en Figueres, y otro en Quatre Camins, en La Roca del Vallès. Dos de los casos se produjeron en departamentos especiales de régimen cerrado, los espacios de aislamiento del sistema penitenciario, un ámbito que ya había sido objeto de análisis en el reportaje “El suicidio en las cárceles: la tragedia silenciosa” publicado por EL PERIÓDICO.

El departamento ha lamentado las muertes y ha asegurado que en los tres casos se ha analizado la situación para reforzar los mecanismos de prevención. “Cualquier suicidio en un centro penitenciario es un fracaso”, señala la conselleria en un mensaje por escrito.

El debate sobre la prevención del suicidio en prisión

Los casos han vuelto a poner sobre la mesa un debate que desde hace años acompaña al sistema penitenciario: hasta qué punto los mecanismos actuales de prevención del suicidio son suficientes.

Si este plan de choque se empezó a aplicar en octubre y ahora vuelven a producirse tres muertes por suicidio tan seguidas, ¿qué pasa?

Gracia Amo

— Presidenta de la Asociación de Familias de Presos de Catalunya

Iñaki Rivera, profesor de derecho penal de la Universitat de Barcelona y director del Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos, advierte del impacto que determinadas condiciones de vida en prisión pueden tener sobre la salud mental de las personas internas.

“El aislamiento penitenciario causa muchas afectaciones a la salud de una persona: provoca sensaciones de estrés, insomnio, tristeza, depresión… La persona no puede hablar con nadie por su condición de vida en solitario, y eso comporta una depresión muy profunda”, explica.

Rivera también critica la falta de información pública sobre estas muertes. “Este silencio informativo que se ha producido también es una manera de deshumanizar definitivamente las vidas de personas que no valen nada, porque no valen ni una nota de prensa ni una nota informativa”, afirma.

El plan de choque para prevenir el suicidio

El Departament de Justícia y el de Salut anunciaron en octubre de 2024 un plan de choque con diez medidas para reducir los suicidios en las cárceles catalanas. El plan incluía acciones como la creación de mesas permanentes de prevención en los centros, sistemas de alerta para detectar situaciones de riesgo y una intervención más intensiva en los departamentos especiales.

El año y medio transcurrido desde el anuncio del plan de choque en octubre de 2024 no ha servido para calmar la angustia de las familias. Gracia Amo, presidenta de la Asociación de Familias de Presos de Catalunya, se muestra contundente ante la repetición de las tragedias: “Si este plan de choque se empezó a aplicar en octubre y ahora vuelven a producirse tres muertes por suicidio tan seguidas, ¿qué pasa? O no se ha implementado este plan de choque o, si se ha implementado, es que no funciona”. Según Amo, esta situación genera un sentimiento de “desidia” y abandono.

Las entidades denuncian silencio institucional

Las muertes también han provocado la reacción de diversas organizaciones de derechos humanos que trabajan en el ámbito penitenciario. La Xarxa Dret i Presó —que agrupa a diez organizaciones como el Institut de Drets Humans de Catalunya, Irídia o Arrels Fundació— ha denunciado en un comunicado el “silencio” del Departament de Justícia sobre estos casos.

Según la red, los hechos “evidencian el fracaso de los planes de prevención del suicidio en el ámbito penitenciario” y hacen necesario crear un grupo de trabajo parlamentario que analice las condiciones de vida en los centros y el impacto de prácticas como el aislamiento penitenciario.

Las familias reclaman transparencia y acompañamiento

Más allá del debate institucional, las muertes en prisión también tienen un profundo impacto en las familias. Diversas fuentes señalan que una de las grandes carencias del sistema es el acompañamiento emocional tras una muerte bajo custodia.

Según explica Gracia Amo, a menudo las familias reciben la noticia en medio de una gran confusión y sin apoyo institucional. “Es una vergüenza que tengamos que enterarnos de lo que pasa por periodistas y no por la administración”, afirma. En algunos casos, asegura, “son otros internos quienes acaban alertando primero a las familias antes de que lo haga la administración”.

El impacto emocional no se limita al momento de la muerte, sino que se convierte en una sombra permanente para quienes todavía tienen a alguien dentro. “Todas las mujeres lloran porque tienen miedo de que sus presos también se mueran. Así están las familias: acojonadas por las cifras, están asustadas”, declara Amo. Ese miedo se agrava por la falta de apoyo psicológico institucional. Amo denuncia que, pese a las promesas de atención psicológica, la realidad es otra: “A mí nunca se me ha llamado por teléfono para saber cómo estás, nunca se me ha ofrecido un psicólogo, una terapia, nunca se me ha ofrecido nada”.

Tanto Amo como diversas entidades que trabajan en el ámbito penitenciario reclaman que, como mínimo, se les permita acompañar a las familias en el proceso de duelo. Según explican, muchas personas se encuentran solas tras una muerte en prisión y sin apoyo emocional.

Amo también habla desde la experiencia personal. Su hijo, Eduard, murió por suicidio en prisión en 2016. Su hija, que entonces tenía trece años, hoy tiene veintiuno. “En nuestra casa, como en muchas otras, el Día del Padre ya no se celebra”.

Los datos clave

Estos son algunos de los aspectos determinantes del fenómeno del suicidio en los centros penitenciarios catalanes, en base a datos del Observatorio del Sistema Penal y Derechos Humanos (OSPDH) de la UB, el colectivo de periodismo de datos Civio y la Asociación de Familias de Presos de Catalunya.

Aumento del 88%: La aplicación del régimen de aislamiento en las cárceles catalanas creció un 88% en 2025. Este dato contrasta con el resto del Estado español, donde el uso de este régimen ha caído cerca de un 50%.

El foco del riesgo: Cerca del 50% de los suicidios se producen en departamentos de aislamiento o régimen cerrado.

Radiografía de la crisis: El año pasado se documentaron 14 suicidios consumados y 122 intentos dentro del sistema penitenciario catalán.

Incumplimiento normativo: Las Naciones Unidas (Reglas Nelson Mandela) consideran el aislamiento superior a 15 días una forma de trato cruel, inhumano o degradante. Aun así, la legislación española permite periodos de hasta seis meses.

Impacto psicológico: El aislamiento provoca directamente estrés, insomnio, tristeza y depresiones profundas.

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