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Novedad editorial

Laurence Joseph, psicóloga clínica: "El rostro de Gisèle Pelicot nos habla a nosotros y nos dice que es el fin del silencio"

"Hay una especie de pegamento que une el silencio con la vergüenza y hay que romper este vínculo"

"Cuando ayudamos a otra persona, sentimos una obligación de obtener resultados. Respetar el silencio del otro requiere de un gran coraje"

La psicóloga clínica y psicoanalista francesa Laurence Joseph

La psicóloga clínica y psicoanalista francesa Laurence Joseph / Jean-Philippe Baltel © Éditions Flammarion.jpg

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¿Por qué callamos? ¿Qué valor tiene el silencio? ¿Qué esconde? ¿Qué aporta? ¿Cuándo es bueno romperlo? La psicóloga clínica y psicoanalista francesa Laurence Joseph (Le Mans, 1980) bucea, con las herramientas de la filosofía y la poesía, en esta realidad tan incómoda para algunos. El libro "Nuestros silencios, por qué callamos" ha obtenido el premio de Ensayo Psychologies en 2025. Joseph nos atiende por videoconferencia desde Francia.

-En el prólogo del libro se afirma: "la práctica del silencio implica saber cuando interrumpirlo". Pero eso es todo un arte...

-En las relaciones con los amigos y la familia, con el silencio se corre el silencio de 'objetificar' a los demás, de convertirlos en una cosa. Por otra parte, al trabajar diario con pacientes con experiencias traumáticas, en estos casos el silencio corre el riesgo de sumirlos en un vacío, de dejarlos caer en recuerdos demasiados traumáticos o en un estado de disociación o de desorganización psicológica. El silencio tiene un gran poder al que debemos prestar atención, porque es un arma.

El silencio tiene un gran poder al que debemos prestar atención, porque es un arma

-En el libro hay muchas dimensiones del silencio. Una es la que tiene que ver con las relaciones sentimentales. Afirma que "existen aventuras que sobreviven porque la pareja casi no habla"... ¿Pasa demasiado a menudo, este tipo de silencios?

-Esta es otra dimensión ética que tiene que ver con la protección. En el caso de las parejas adúlteras o prohibidas -en países en los que la homosexualidad está perseguida, o en la India con el sistema de castas-, romper el silencio podría matar esa historia de amor. En esos contextos, el silencio es lo que protege la dimensión sagrada del amor y hace que exista. Por otra parte, también existe el silencio al que haces referencia en la pregunta, el de los matrimonios que llevan demasiado tiempo casados y usan el silencio para no tener que decir cosas que harían demasiado daño al cónyuge; romper el silencio podría pulverizar totalmente la relación.

Existe el silencio de el de los matrimonios que llevan demasiado tiempo casados; romper ese silencio podría pulverizar la relación

-Otra reflexión del ensayo es: "No hablar es una manera de contemplar la fuerza de nuestra presencia". Esta es una práctica no muy presente en las sociedades occidentales, ¿no?

-Si vamos a la etimología latina, silencio viene de 'silere', que alude a cierta calma y tiene una connotación de dulzura y puede propiciar tanto la metamorfosis como la extinción, pero incluye ese poder transformador del silencio. A lo largo de la Historia, la capacidad de hablar, de pensar e incluso de mirar a nuestro prójimo, dependía de la posibilidad de guardar silencio. Era una condición previa. Y ahora, precisamente, la palabra está totalmente dominada por la 'bavardage' la cháchara. Yo reivindico otro tipo de palabra, precedida por el silencio.

A lo largo de la Historia, la capacidad de hablar, de pensar e incluso de mirar al prójimo dependía de la posibilidad de guardar silencio. Era una condición previa

-¿Y qué podemos hacer?

-Para que se encarne la palabra poética hay que alejarse de esta cháchara, de este ruido de fondo de las redes sociales, del lenguaje político para que florezca más este tipo de palabra ligada también al silencio.

-Llevando esta cuestión de fondo al terreno más cotidiano, todos tenemos la sensación en nuestro entorno de que nos incomoda mucho el silencio. Hay personas que tienen la necesidad de llenar el silencio con palabras. ¿A qué lo atribuye?

-Quizás a la angustia de muerte. La palabra 'silentes', en latín, significa los muertos. Por eso el silencio, al principio, es la misma cosa que morir. Tenemos la máxima intimidad cuando tenemos la posibilidad de callar juntos, de callar con alguien, aunque a veces asociemos el vínculo con otra persona a la palabra.

Para que se encarne la palabra poética hay que alejarse de esta cháchara, de este ruido de fondo de las redes sociales

No tiene por qué ser así, el silencio puede reforzar ese vínculo. Vivimos en un mundo lleno de ansiedad en el que recurrimos permanentemente al teléfono, hacemos scroll, y vemos la televisión. Lo que hacemos en realidad es evitar encontrarnos con nosotros mismos, enfrentarnos con nosotros mismos y también con los desafíos y los problemas del mundo.

-El libro habla del silencio vinculado a la depresión melancólica. Con una frase contundente: "La gente nunca quiere saber nada del desmoronamiento de un individuo"...

-Tras la muerte de alguien, todo principio, todo el mundo está alrededor, cuidando a la persona más afectada, pero la gente no quiere enfrentarse a la muerte por mucho tiempo. Quiere soluciones, consuelos muy rápidos, para volver a la vida. Borrar muy rápidamente el sufrimiento del otro. La angustia asociada al desmoronamiento de otra persona también tiene que ver con el miedo a que esa angustia se vuelva contagiosa. Cuando nos apartamos del desmoronamiento de esa persona lo que puede pasar es que esa persona se desmorone dentro de si misma y acabe abandonando o perdiendo el lenguaje.

La gente no quiere enfrentarse a la muerte por mucho tiempo. Quiere soluciones, consuelos muy rápidos, para volver a la vida

-En el libro hay otra afirmación dura: "Te puedo escuchar pero solo si haces algo, si tu sufrimiento evoluciona, disminuye... si hay un mínimo por tu parte. Si no mejoras, es que eres una tonta". Tonta, en femenino, además...

-Es muy difícil quedarse pacientemente con el otro, cuando este está en el sufrimiento o pierde la cabeza y repite todo el día las mismas historias del pasado. A veces, cuando ayudamos a otra persona, sentimos como una obligación de obtener resultados. Queremos que reaccione. Por esto, el hecho de respetar el silencio del otro requiere de un gran coraje.

Gisèle Pelicot, durant una sessió de fotos a París, la setmana passada. | JOEL SAGET / AFP

Gisèle Pelicot, durante una sesión de fotos en París. / JOEL SAGET / AFP

-En relación con la depresión o la melancolía, afirma que "ninguna palabra puede atravesar la niebla espesa"...Al estar con esas personas con esa melancolía, nos esforzamos por decir palabras y muchas veces las palabras sobran, ¿no?

-Es un vértigo, para el que quiere ayudar o despertar al otro, al que ha caído en la melancolía. Quizás es la mayor impotencia que podemos sentir, porque no sabemos donde se han ido esas personas, a donde han huido. Están rodeadas de bruma y lo que puedo saber gracias a mis pacientes es que estan buscando las palabras, no saben qué palabras elegir para comunicarse con el otro, y es muy difícil de romper el silencio y sentirse vivo. El silencio es como abandonar la existencia hacia esa niebla, en este caso. Eso se aprecia en la etimología del silencio que antes mencionaba, relacionada con los muertos.

Querer ayudar o despertar al que ha caído en la melancolía es la mayor impotencia que podemos sentir, porque no sabemos a donde ha huido

- En relación con la fuerza espiritual del silencio, usted afirma que "el silencio remite al secreto de la existencia y se entrelaza con la nada y el infinito"...

-El silencio nos permite habitar las palabras para alcanzar una intensidad y una potencia diferente. Por ejemplo, los monjes cartujos se sumían en la quietud contemplativa y establecían un vínculo vertical, a través de la plegaria, con lo invisible, alejados del sonido, del ruido, de la acústica, pero al alejarse de ese ruido no se producía un vacío sino que facilitaba que emergiera la potencia, el poder de la existencia.

El silencio nos permite habitar las palabras para alcanzar una intensidad y una potencia diferente

-En el último tramo del libro se habla del silencio vinculado a los abusos, a la agresión sexual. Habla de conjurar los silencios impuestos por la vergüenza y la culpa, que siempre es una huella del agresor. Tenemos un ejemplo reciente, el de la señora Gisèle Pelicot. ¿Qué importancia le concede usted a este testimonio, que es en cierta medida lo opuesto a la tradición de Tácita, en la mitología romana?

-Para mí, Gisèle Pelicot representa lo contrario de Tácita. Hay una especie de pegamento que une el silencio con la vergüenza y hay que romper este vínculo. Que haya escrito un libro es un paso importantísimo que la hermana con otras mujeres como Camille Kouchner, o Vanessa Springora, que han publicado libros sobre situaciones parecidas. La literatura sirve precisamente para romper ese silencio -que es el que desea el abusador- a través del trabajo con las palabras y el lenguaje y la búsqueda de nuevas formas de trasmisión de estas experiencias. Gisèle Pelicot se ha convertido en un símbolo de dignidad. Su rostro nos habla a nosotros y dice que es el fin del silencio.

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