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Investigación

Una adecuada intervención terapéutica de las enfermeras reduce la duración de los ingresos, según un estudio de la UB

Se reduce también la sensación de coerción, mediante la técnica del Espacio Terapéutico Reservado

"La relación terapéutica es intentar comprender lo que le sucede al otro", explica el doctor Moreno-Poyato, de la unitat NURSEARCH de la UB

Enfermeras en un hospital.

Enfermeras en un hospital.

Marc Darriba

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Barcelona
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La hospitalización en salud mental sigue siendo uno de los espacios más controvertidos del sistema sanitario. Un estudio liderado por el grupo de investigación NURSEARCH de la Facultad de Enfermería de la Universitat de Barcelona (UB) demuestra que una intervención estructurada de enfermería —el llamado Espacio Terapéutico Reservado— puede reducir la sensación de coerción y la duración de los ingresos. El relato de Carolina (que ha preferido no revelar su nombre), activista con experiencia en un trastorno de la conducta alimentaria, pone rostro a ese cambio de enfoque.

Hospitalización y trauma previo

Con 12 años la ataron durante horas en una unidad de hospitalización en salud mental. La escena marcó su relación con los ingresos durante décadas. A los 35 volvió a ingresar en un hospital público con el recuerdo del miedo todavía en el cuerpo.

incluso las personas ingresadas de forma involuntaria mejoraran más cuando se aplicaba la intervención

Antonio R. Moreno-Poyato

— Integrante del grupo NURSEARCH de la Facultad de Enfermería de la Universitat de Barcelona

Llegué, vi el panorama y me desmayé”, recuerda esta activista de Obertament con experiencia con un trastorno de la conducta alimentaria. Venía de un ingreso previo en una unidad privada donde, explica, “solo importaba el índice de masa corporal (IMC)”. La diferencia no fue la exigencia clínica —que también la hubo—, sino el modo en que fue tratada.

Relación terapéutica frente a enfoque biologicista

Si me reduces a un IMC, refuerzas mi enfermedad. Si me identificas solo como anoréxica, me aferro más a eso”, señala. En el hospital público, en cambio, las enfermeras le preguntaban qué podía gestionar emocionalmente y cómo toleraba cada paso del proceso. “Que me preguntaran qué necesitaba cambió todo”.

Mi recuperación no tiene que ser un 100; puede ser un 80. Es mi vida. Se trata de ser vista como persona humana

Carolina

— Testimonio en primera persona y activista de Obertament

Ese contraste entre control y acompañamiento es el eje de la investigación que lidera el doctor Antonio R. Moreno-Poyato, del grupo NURSEARCH de la Facultad de Enfermería de la Universitat de Barcelona. “La relación terapéutica es intentar comprender lo que le sucede al otro, y ayudarle para que pueda tomar decisiones”, explica. “Cuando la calidad de la relación es mayor, cualquier intervención es más efectiva”.

Qué es la coerción percibida en salud mental

El concepto clave que emerge tanto del relato como del estudio es el de coerción percibida. “Tiene que ver con situaciones en las que la persona se siente forzada o coaccionada durante el ingreso”, detalla el Doctor Antonio R. Moreno-Poyato.

La experiencia de Carolina introduce un matiz relevante: “En el hospital público hubo más coerción real —más normas, más exigencia—, pero mucha menos coerción percibida”. Aunque la intervención fue intensa, la vivió como acompañamiento y no como imposición. Colaboró en el proceso y, tras el alta, no volvió a recaer en ese momento.

La relación entre enfermera y paciente

El estudio evalúa el Espacio Terapéutico Reservado, una intervención estructurada que garantiza encuentros regulares entre enfermera y paciente para abordar necesidades, expectativas y objetivos durante el ingreso en unidades de hospitalización en salud mental. Los resultados muestran una mejora en la relación terapéutica, una reducción de la sensación de coerción al alta y estancias hospitalarias más cortas.

Nos sorprendió que incluso las personas ingresadas de forma involuntaria mejoraran más cuando se aplicaba la intervención”, apunta el investigador. El vínculo no elimina la norma, pero modifica cómo se vive.

Ingresos involuntarios y reconstrucción de la confianza

Reconstruir la confianza en un contexto de ingreso no siempre es sencillo. “Lo primero es que la enfermera reconozca que forma parte del sistema”, señala Moreno-Poyato. Validar el enfado o el miedo puede ser el primer paso para generar colaboración.

Cuando no hay conexión, el riesgo de recaída es mayor. Muchas personas salen identificadas con un diagnóstico y pierden su identidad

Sara Sanchez-Balcells

— Doctora e investigadora del grupo NURSEARCH

Para la doctora Sara Sánchez-Balcells, también investigadora del grupo NURSEARCH y con trayectoria en salud mental comunitaria, el vínculo es determinante para evitar la cronificación. “Cuando no hay conexión, el riesgo de recaída es mayor. Muchas personas salen identificadas con un diagnóstico y pierden su identidad”, advierte. “La hospitalización puede convertirse en una experiencia traumática si no se cuida esa dimensión relacional”, advierte.

Recursos, ratios y cambio cultural

Más allá de los resultados clínicos, la investigación abre una pregunta estructural: ¿es viable sostener este modelo en el sistema actual? “En algunas unidades hay una enfermera para 30 pacientes”, reconoce Moreno-Poyato. Las ratios y la presión asistencial dificultan dedicar tiempo protegido a la relación terapéutica.

Sánchez-Balcells apunta a la necesidad de un cambio cultural que supere el enfoque exclusivamente biologicista y refuerce la formación humanista en enfermería de salud mental. Carolina lo resume desde la experiencia: “Mi recuperación no tiene que ser un 100; puede ser un 80. Es mi vida”. Y añade: “Se trata de ser vista como persona humana”.

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