Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Novedad editorial

19 claves para meditar fregando platos, en bici o cuidando a los hijos

"Meditar es una observación atenta de la realidad que acepta lo que es como tiene que ser, sin esfuerzo", propone Tony Rham en 'Las meditaciones cotidianas'

"Deja de luchar. Deja de intentar controlarlo todo. Detente", recomienda el autor

Padres e hijos charlando

Padres e hijos charlando / 123RF

Fidel Masreal

Fidel Masreal

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Para meditar no hace falta sentarse cada día con las piernas cruzadas, aromatizar la sala con incienso, seguir a un guía espiritual oriental y permanecer inmóvil durante cuatro horas. No. Meditar es "una observación atenta de la realidad que acepta lo que es como tiene que ser". Así lo explica Tony Rham en 'Las meditaciones cotidianas', un repaso riguroso a esta práctica, la de la meditación, la de la capacidad de ser conscientes y estar atentos, bombardeada cada vez más por estímulos tecnológicos, las prisas y la dictadura de la inmediatez.

Meditar es atravesar la deconstrucción del personaje que has creado hasta reducirlo a lo imprescindible

Tony Rham

— Profesor de meditación y autor de 'Las meditaciones cotidianas'

Rham y muchos autores salen al paso de la llamada "epidemia silenciosa" que se ceba sobre jóvenes y adultos (¿Quién no ha notado que le cuesta leer durante más de veinte minutos seguidos sin mirar el móvil?) y reconfigura incluso la estructura del cerebro, según varios estudios.

"Eres aquello a lo que prestas atención"

El divulgador recuerda que el principal beneficio de esta meditación cotidiana es "redefinir los contornos de tu existencia y conectar más profundamente con quien realmente eres". Frente a la dictadura de las pantallas, Rham admite que no es optimista respecto a la regulación y opta por proponer que "prestes más atención a lo cotidiano y te conviertas en una persona meditativa". Y que ante empresas que captan tu atención, simplemente establecer límites "y, llegado el momento, salir corriendo".

El uso extremo de redes sociales aumenta peligrosamente la sensación de soledad.

Personas consultando teléfonos móviles. / Crédito: Unsplash/CC0 Public Domain.

¿Qué es una persona meditativa? Es la "que se da cuenta de...". El primero de los consejos es convertir la vida cotidiana en objeto de admiración, de revelación. Es decir, meditar no es tanto desconectar como "reapropiarse de uno mismo". Otro instrumento es no querer comprenderlo todo. Se trata también de recuperar el valor de "no hacer nada", porque en ese momento la mente conecta pensamientos y reorganiza la información, explora.

Sí, también es posible "fluir"

También se propone mirar con ojos nuevos, esas pequeñas cuestiones del día a día que pasan desapercibidas debido a la distracción constante de la atención. Otra pauta o beneficio de esta manera de estar en la vida es el de conseguir los llamados estados de flujo o el llamado sentimiento oceánico, generador de actividades creativas de toda índole. "El flujo se activa precisamente cuando el yo se apacigua y deja de necesitar sin descanso. Ese silencio del ego es la puerta al descubrimiento", escribe.

Lo que no es meditar

El texto es útil para definir qué no es meditación. No es focalizar las necesidades en un gurú ni en Dios y permanecer inmóvil, describe Rham. No es ser un turista espiritual que salta de un libro de autoayuda a otro, de un curso a otro para tener sensaciones pasajeras.

A veces, el mayor acto de sabiduría es rendirse al momento tal como es

Tony Rham

— Autor de 'Las meditaciones cotidianas' y profesor de meditación

Tampoco es una iluminación para sentirse especial, como quien busca un estado de conciencia como quien busca una propiedad inmobiliaria. Tampoco es concentrarse: "La concentración es una cualidad más sencilla; la meditación es un estado de la mente, es permanecer en el presente", explica el autor.

Y tampoco es acumular cursos, libros, títulos y aplicaciones. Más bien al contrario, es "atravesar la deconstrucción del personaje que has creado hasta reducirlo a lo imprescindible. La acumulación pesa, la meditación aligera". Tampoco es abrazar el positivismo tóxico ni una idea falsa de la felicidad artificial, a la que no se accede meditando. "La verdadera meditación no fabrica emociones: limpia el terreno interior para que, cuando brote la alegría auténtica, sepas reconocerla".

"Deja de intentar controlarlo todo"

Es más, Rham se rebela contra la idea de la meditación como si se tratara de fabricar una versión 2.0 de uno mismo, como añadir un objetivo más al calendario de actividades. "Deja de luchar. Deja de intentar controlarlo todo. Detente. Porque, a veces, el mayor acto de sabiduría es rendirse al momento tal como es", propone el autor, que también es crítico con el uso de substancias alucinógenas (pese a que reconoce el valor ancestral y comunitario de las mismas en determinados contextos), porque apuesta por experiencias más duraderas para lograr el despertar interior.

Sesión de meditación con cascos de la comunidad Show Up, en la Playa de Sant Sebastià

Sesión de meditación con cascos de la comunidad Show Up, en la Playa de Sant Sebastià / Marc Asensio

Por último Rham también se queja de la tendencia a la mistificación de la meditación (que la adorna de amuletos, diagramas) porque delega las decisiones vitales a lo "supuestamente espiritual" y deja la vida en manos del azar cósmico.

El texto propone percibir el mundo tal como es, dado que "no somos meros observadores pasivos", y es necesario abrir las puertas a la percepción para mirar de frente lo que es. Reeducar la mirada para no ver más sino ver mejor, mediante un gesto contemplativo. Así se logra que "lo cotidiano se vuelva sagrado".

Meditar cotidianamente en la belleza no es encerrarse en un templo ni buscar un paisaje perfecto: es aprender a reconocerla en lo que acontece

Tony Rham

— Autor de 'Las meditaciones cotidianas' y profesor de mediación

Otra manera de meditar es la de recuperar la capacidad de asombrarse ("asombrarse del silencio que hay detrás de todas las apariencias"), aprender a vivir como si fuera hoy la primera vez, detectar "la unión de la vida con lo eterno", cultivar la intuición (no confundir con el instinto) que es, según el autor, ese "susurro de lo eterno en lo transitorio" y tiene raíces filosóficas.

"Aceptar el vacío"

Meditar también requiere o proporciona sencillez, saber apartarse del ruido, abrazar el aburrimiento ("un espejo incómodo pero eficaz; la antesala de la reflexión profunda"), tener orden ("no depende de como doblas las camisetas, sino de cómo comprendes quién eres"), vivir en la incertidumbre ("uno de los actos más arduos; implica aceptar el vacío previo a toda creación"), practicar el perdón, cultivar la memoria, la necesidad de rendirse -lo cual es una muestra de confianza y madurez y vulnerabilidad pero no es resignarse- y la búsqueda de la belleza: "Meditar cotidianamente en la belleza no es encerrarse en un templo ni buscar un paisaje perfecto: es aprender a reconocerla en lo que acontece".

Suscríbete para seguir leyendo