¿Por qué algunas personas deciden actuar como animales? Dos psicólogas nos ayudan a entender el fenómeno de los 'therian'
Un frustrado encuentro de estas personas en Barcelona demuestra la curiosidad generada por la tendencia a identificarse con un animal
"Es un lenguaje emocional", apunta la psicóloga Maria José Valiente

PI STUDIO

¿Qué lleva a una persona a querer actuar como un perro, un gato, un lobo o una serpiente, y actuar como tal? Los llamados “therian” están en las redes sociales por la convocatoria -frustrada- de un encuentro de estas personas en Barcelona este sábado, que acabó sin su presencia y con cargas policiales y un detenido. Ser un "therian" tiene seguidores en países como los Estados Unidos. ¿Están bien psicológicamente estas personas?
Maria José Valiente, psicóloga y colaboradora de SanaMente, propone mirar más allá de la primera reacción negativa o ridiculizadora que pueda suscitar este tipo de actuaciones: “Este fenómeno puede sorprender, e incluso incomodar, pero quizás la pregunta interesante no es si es extraño sino qué está intentando expresar esta persona?"
Quizás la pregunta interesante no es si es extraño sino qué está intentando expresar esta persona
Ingrid Mulero, psicóloga clínica, busca pistas en el actual contexto social y cultural: “Se produce en la era digital y en el marco de la posmodernidad y el individualismo, donde destaca una importante crisis de los valores identitarios tradicionales -basados en la clase social, la nacionalidad, la religión- para pasar a una identidad construida por el propio individuo”.
Otra pista la proporcionan los animales en sí con los que se identifican estas mujeres y hombres. Valiente considera que existe un símbolo psicológico en cada uno de ellos. El lobo trasmite independencia, el gato, protección y límites; el zorro, inteligencia, observación. “Es un lenguaje emocional más que una creencia literal”, apunta la psicóloga.
Se produce en la era digital y en el marco de la posmodernidad y el individualismo, donde destaca una importante crisis de los valores identitarios tradicionales
Sobre la vertiente emocional, Mulero apunta también la importancia de entender la etapa vital en la que se ejerce esta tendencia: “Todo esto tiene cabida en una etapa del ciclo vital de la adolescencia, donde por definición se construye esta idea de identidad y es un momento para el descubrimiento y la experimentación entre la persona y su entorno”.
Saltarse las normas
Mulero ve otro ángulo desde el que observar la motivación de estas personas, que es el del discurso que cuestiona la biología: “Se alimenta, esta tendencia, de la idea de que la biología no debe dictar necesariamente la identidad y en este sentido tiene conexiones con otros debates muy vigentes en estos momentos sobre el género y la neurodivergencia”. Capítulo aparte merecería responder a la pregunta de si los movimientos que cuestionan la identidad de género o la psiquiatría convencional, se sienten bien acompañados por los ‘therian’, o más bien estas personas que se sienten animales pueden desdibujar ciertos mensajes.
Las causas
Con estos mimbres, Maria José Valiente detecta cuatro factores clave para tratar de entender que alguien decida ser un gato y comportarse como tal: “la necesidad intensa de pertenencia; la dificultad de asumir las identidades sociales tradicionales; una sensibilidad emocional elevada; la búsqueda de un lugar propio en el mundo”.
El eco mediático
No se entendería este fenómeno sin el escaparate digital: “Todo esto se amplifica por el altavoz y el efecto de las redes sociales”, apunta Mulero. “Toda experiencia subjetiva necesita validación pública”, añade Valiente. De hecho, la cita de este sábado en el Arc de Triomf de Barcelona demostró que estas convocatorias atraen a numerosos curiosos. Tanto, que los "therian" finalmente no aparecieron.
Identidad y límites
Valiente añade que “cuando alguien afirma ‘me siento lobo’ o ‘me siento gato’ a menudo no habla de un animal sino de una manera de estar en el mundo, de la necesidad de pertenecer, de protegerse, de sentir libertad o de encontrar un lugar propio”.
Dicho ello, también existen lógicos límites, según esta psicóloga: “la identidad tiene un ámbito de legitimidad, sí, pero este no puede imponerse por encima de los criterios biológicos, legales y funcionales que sostienen nuestra vida colectiva”.
Quizás el punto justo para enfocar estas prácticas es el que Valiente resume así: “Respetar a las personas, pero no diluir la realidad; no todo sentimiento define objetivamente lo que somos”.
Valiente concluye con un mensaje fruto de su experiencia profesional: “La psicología nos recuerda que el ser humano siempre ha utilizado símbolos para entenderse a si mismo”. Y la tarea de conocerse a si mismo, como han expresado la filosofía desde la antigua Grecia, es uno de los trabajos más arduos de la vida humana. O el más arduo.
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