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Entrevista | Omar Linares Doctor en Filosofía y asesor filosófico

Omar Linares, asesor filosófico: "El reto no está en alejarse del dolor, sino sostenerlo y hacer algo para cambiarlo"

"No creo que la vida receta sufrimientos para que aprendamos. Pero sí que podemos aprender, una vez que vienen"

"Todo evitamiento de la ansiedad o la angustia siempre va a volver con intereses"

Omar Linares, doctor en filosofía y asesor filosófico, en Barcelona, antes de la entrevista.

Omar Linares, doctor en filosofía y asesor filosófico, en Barcelona, antes de la entrevista. / Ferran Nadeu / EPC

Fidel Masreal

Fidel Masreal

Barcelona
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En el libro 'La consulta del filósofo', Omar Linares, Doctor en Filosofía y asesor filosófico, aborda una cuestión por la que muchas personas pasarán en algún momento de sus vidas: las crisis existenciales. Linares deja claro que su mirada no sustituye para nada la de un profesional de la salud mental en casos graves. Y aporta una propuesta abierta para que en el tránsito por esas crisis existenciales, cada cual halle su propia respuesta.

-¿La filosofía puede serle útil a una persona con un problema de salud mental?

-Sin duda sí, pero con limitaciones. El concepto clave es problema de salud mental grave y hay que tener las cosas claras. Todo problema que tenga que ver con uno mismo va a tener matices filosóficos de base, pero cuando se ha desarrollado un problema de salud mental, la punta de lanza tiene que ser la psicología. Cuando se reconoce el carácter clínico, la psicología o la psiquiatría va por delante. Y desde ahí se abre la posibilidad de un tándem terapéutico precioso en el que sí se pueden dar ciertas aportaciones.

Todo problema con uno mismo va a tener matices filosóficos pero con un problema de salud mental, la punta de lanza tiene que ser la psicología

-Las crisis le suceden a mucha gente. Y de entrada habla usted en su libro de desmontar las creencias previas. Eso debe dar miedo a mucha gente...

-No se trata tanto de substituirlo todo, sino sencillamente ver qué genera daño o impacto porque genera una fricción con la realidad y debe abordarse mejor. Una creencia es un elemento intelectual que se adhiere a la realidad, y si puede tomar una forma más adecuada a la realidad a la que se acerca, hay un trabajo de cambio.

-Cita usted bastante al estoicismo, el budismo... ¿Por qué?

-Para mí son filosofías de referencia porque el estoicismo se definió a sí mismo como un arte de vida. Y acometió la tarea de trabajar sobre nuestras creencias y profundizar en nuestra comprensión de la vida para ir cultivando la sabiduría. Para ellos, la filosofía es un arte de vida y un ejercicio integral: nos comprometía sobre cómo pensamos, sentimos y actuamos. Poder trabajar a día de hoy esa noción de sabiduría tan elevada es profundamente revolucionario. Lo cual es muy diferente de lo que se habla en redes sociales sobre el estoicismo.

El estoicismo acometió la tarea de trabajar sobre nuestras creencias y profundizar en nuestra comprensión de la vida para ir cultivando la sabiduría

-¿Dónde está la frontera entre poder lograr que las cosas me afecten poco, y que eso no me convierta en un insensible en la vida?

-Esta es la diferencia entre un trabajo individual y un trabajo individualista. Uno trabaja consigo mismo, porque mi pensamiento es mío, para gestionar mejor mis emociones, mis creencias, para sufrir menos. Pero eso no debe buscarme una inmunidad y acabar alejándome de aquello que puede generar dolor, porque la vida implica dolor y hay situaciones dolorosas. El reto no está en alejarse de ese dolor sino enfrentarlo, sostenerlo y hacer algo para cambiarlo. Sobre todo en cuestiones sociales o políticas.

-Habrá quien se sorprenda de parte de la tesis del libro, cuando dice usted que el dolor y la angustia tienen mucho que ofrecer... ¿Cómo explicar que el dolor tiene una función en estas crisis?

-No se trata de entrenarme para que me dé igual el dolor o buscarlo, ni validarlo en el sentido de 'esto te está pasando porque tienes que aprender tal cosa'. No creo que la vida receta sufrimientos para que aprendamos. Pero sí que podemos aprender, una vez que vienen. Se trata de reconocer la carga semántica del dolor. Cuando hay un dolor físico le atribuimos un significado, sobre ciertas necesidades del cuerpo. Sin embargo, en el dolor emocional tendemos a pensar que es algo que sobra y debe ser aniquilado. Pero cuando hay una sensación de vacío, eso me está pidiendo por favor que mire algo de mi vida que estoy ignorando.

El dolor emocional tendemos a pensar que es algo que sobra y debe ser aniquilado. Pero una sensación de vacío, me está pidiendo por favor que mire algo de mi vida que estoy ignorando

-"En el dolor emocional está la llave para la superación... una vez nos hemos apropiado de su mensaje", explica en el texto...

-La mayor cantidad de sufrimiento generado por el dolor viene de la evitación del dolor. Cuando me esfuerzo por huir del sufrimiento, lo multiplico. Esto es muy budista. En la medida en el que mire el dolor a los ojos y entienda que el camino más corto es atravesarlo y permitirme sentir lo que la vida me está poniendo delante. Cuando hago eso lo reduzco al mínimo.

La mayor cantidad de sufrimiento generado por el dolor viene de la evitación del dolor. Cuando me esfuerzo por huir del sufrimiento, lo multiplico

-Vivimos en una sociedad profiláctica, que elude el dolor

-Vivimos en una sociedad paliativa, como diría Byung-Chul Han. Nos parece imposible permitirnos sentir y estamos rodeados de herramientas, sobre todo el teléfono y las redes sociales, con las que nos anestesiamos, pero es una anestesia corrupta.

Nos parece imposible permitirnos sentir y estamos rodeados de herramientas con las que nos anestesiamos, pero es una anestesia corrupta

Todo evitamiento de la ansiedad o la angustia siempre va a volver con intereses. Perdemos músculo filosófico en la medida en la que no enfrentamos eso, pero además va ampliándose. Estamos en un momento en el que nunca habíamos tenido tantos problemas para dominar nuestra propia atención. Estamos mejor en otros sentidos, pero estamos perdiendo la batalla de la atención.

-En la búsqueda del sentido de la vida, usted habla de forma crítica de la religión, pero ha sido y sigue siendo básica para millones de personas.

-Soy muy crítico con la religión pero procuro ser muy respetuoso con la fe. Creo que las instituciones religiosas han hecho muchísimo daño a la espiritualidad en la medida en la que han coartado la pregunta y la libre investigación, que para mi es la esencia de la espiritualidad.

Barcelona 23/01/2026 Omar Linares, doctor en filosofía y asesor filosófico Fotografía de Ferran Nadeu

Omar Linares, doctor en filosofía y asesor filosófico, en Barcelona. / Ferran Nadeu / EPC

Yo no propongo una espiritualidad concreta pero hago una defensa de la búsqueda espiritual para todo aquel que se sienta llamado a eso.

-Es interesante porque las crisis existenciales puede llevar a muchos lugares...

-Una crisis existencial me puede llevar de la fe al ateísmo y hacer que encuentre en eso una liberación desde una espiritualidad absoluta porque yo había llegado a la fe a través del temor metafísico a la vida. Dejo de temer la vida. Y se puede dar a la inversa: personas que después de un rechazo a la religión se acercan al mensaje del cristianismo y sienten una vuelta a casa porque ese es el momento.

Una crisis existencial me puede llevar de la fe al ateísmo y hacer que encuentre en eso una liberación desde una espiritualidad absoluta

-El libro también propone afirmar la vida tal como es, porque la vida en sí misma tiene sentido...

-Hay que afirmar la vida en sí misma sea lo que sea. Uno podría decir que ahí hay un sentido preexistente, dado, que uno reconoce. Pero también se podría llegar a la conclusión de que la vida no tiene un sentido previo y, por tanto, estaría más cercano a las tesis existencialistas que dicen que la vida no tiene sentido ni falta que le hace construir un proyecto de sentido para tu propia vida. La cuestión es que uno llegue a sus propias conclusiones y no tema las respuestas.

Hay que afirmar la vida en sí misma, sea lo que sea. Uno podría decir que ahí hay un sentido preexistente, pero también llegar a la conclusión de que la vida no tiene un sentido previo

-¿Cree que existe una tendencia del ser humano al conocimiento, la verdad y la vida?

-Yo creo que sí, y lo vemos sobre todo en los niños y en metodologías como la Montessori, que pretenden recoger el impulso natural del niño para el aprendizaje y no ahogarlo, porque las instituciones de enseñanza tienden a ahogarlo. Nietzsche nos dice que en la transformación del espíritu pasamos por diferentes estadios y la última debe ser el del niño, para ejercer un juego libre con la vida, y hacer de la vida una obra de arte.

-Y respecto a la muerte, tomar conciencia de ella nos lleva -dice usted en el libro- a valorar más la vida...

-Pensamos que la conciencia de la muerte nos va a hundir. Pero es una toma de conciencia que nos va a mostrar la belleza de lo efímero, honrar lo efímero y honrar el cambio.

Asumir la posibilidad nihilista es la vacuna contra el autoengaño

Eso desde una mirada atea, porque si nos vamos al paquete básico de la realidad no necesitamos nada más: allí hay una belleza inconmensurable. Es una filosofía de mínimos que yo siempre trabajo. Asumir la posibilidad nihilista es la vacuna contra el autoengaño. Si soy capaz de afirmar y amar una versión de la vida en la que no necesito dioses ni sentidos previos que no sea fruto de mi experiencia, y a partir de ahí tengo un impulso espiritual, será un impulso auténtico. No movido por el miedo.

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