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Pensar en primera persona

Carmen Prieto, activista: "Con el teatro como terapia, la armadura se va aflojando"

"Cualquier expresión artística nos ayuda a vaciar unas emociones que muchas veces nos ahogan"

Cuando la escena escucha el malestar: teatro y salud mental

Proyección de como será Gènesis, el nuevo teatro de Focus

Proyección de como será Gènesis, el nuevo teatro de Focus / FOCUS

Carmen Prieto

Mataró
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Hace ya unos cuatro años (fue en plena pospandemia) me atreví a apuntarme a un curso de teatro. En ese momento estaba haciendo otro curso de doblaje. El doblaje me atrajo mucho antes. Pensé que hablar desde detrás del micrófono, solo escuchándose mi voz, y oculta tras el personaje, no me daría tanta vergüenza. Pero entonces descubrí el mundo de la interpretación. En doblaje, aunque no actúes con el cuerpo, has de ser un buen actor de voz (además de tener una buena técnica) para que sea creíble.

Me costó decidirme a hacer teatro. Nunca creí que fuese capaz de actuar frente a un público, ni siquiera frente a mis compañeros de clase. Pero decidí probarlo.

Después de diez años de tratamiento psiquiátrico yterapias psicológicas, talleres, grupos de ayuda mutua, charlas, cursos sobre violencia de genero, quise salir de ese ambiente

Después de diez años de tratamiento psiquiátrico contra la depresión mayor y terapias psicológicas, talleres, grupos de ayuda mutua, charlas, cursos sobre violencia de género, actividades en un club social para personas con trastornos mentales, quise salir de ese ambiente. Olvidarme de la salud mental, salir de ese mundo “protegido” y mezclarme con el resto. Volver a aprender a vivir, a socializar, a convivir.

Carmen Prieto, en un fotograma del documental 'Anhedonia dins la depressió'

Carmen Prieto, en un fotograma del documental 'Anhedonia dins la depressió' / EP

A penas tenía amigos, todo quedaba dentro de mí

Casi treinta años de sufrir una situación de violencia de género me habían convertido en una persona hermética, insegura, con incontables miedos que no me permitían salir de esa armadura que no me dejaba ser feliz y salir de la depresión. Apenas tenía amigos, me relacionaba lo justo con mis vecinos o conocidos, hablaba lo imprescindible. Todo quedaba dentro de mí. Relacionarme con los demás significaba un esfuerzo. No me salía de forma natural.

Relacionarme con los demás significaba un esfuerzo. No me salía de forma natural

Pensé que el teatro me ayudaría. Así que lo utilicé como una herramienta para entrenar. Como quien va al gimnasio. Entrenaría a hablar y actuar delante de los demás. Y sin tener que mostrarme a mí misma, puesto que lo haría bajo la identidad de un personaje que no era yo. Hacer cosas que yo, como Carmen, no me atrevía a hacer. Reír, llorar, saltar, gritar, bailar, ser diferente cada vez.

No tengo que actuar para ser yo

Pero no es tan fácil. Es realmente difícil. Y, sin embargo, poco a poco me voy poniendo menos nerviosa. La voz cada vez me tiembla menos, el corazón no se me acelera tanto, las manos y la espalda se empapan menos de sudor. Y, ante todo, voy aprendiendo otra vez a mezclarme con la gente y a disfrutar de su compañía. No necesito estar en el escenario para que me escuchen, me hablen, me miren.

He conocido gente extraordinaria y voy perdiendo el miedo a que me vuelvan a hacer daño. La armadura se va aflojando. Ya respiro mejor, no me aprieta. Me permito mostrarme más a mí misma. Aun con recelos, pero más. No tengo que actuar para ser yo, no tengo que fingir que estoy bien. Ahora lo estoy de verdad. Y cuando no es así, también me lo permito.

Emociones que ahogan

La semana pasada fui a ver Hamnet, una película basada en la novela homónima de Maggie O’Farrell. Es una peli con gran carga emocional magníficamente interpretada, aunque el libro me gustó aún más. En ella se especula con la idea de que Shakespeare escribió Hamlet como una manera de procesar su dolor frente a la muerte de su hijo y que, de otra manera, era incapaz de hacer frente. Creo que es muy posible que fuera así, ya que cualquier expresión artística, ya sea el teatro, la música, la pintura, el cine, …nos ayuda a vaciar unas emociones que muchas veces nos ahogan.