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Trastorno Obsesivo Compulsivo

Testimonio en primera persona con TOC: "Soy mi peor enemigo, no tengo compasión conmigo misma"

"No pedimos más que una vida digna", proclama en el Parlament la presidenta de TOC Catalunya

Comparecencia en el Parlament de Marià dels Àngels Giralt, presidenta de TOC Catalunya.

Comparecencia en el Parlament de Marià dels Àngels Giralt, presidenta de TOC Catalunya. / Jordi Otix / EPC

Fidel Masreal

Fidel Masreal

Barcelona
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Haga el siguiente experimento conductual: piense en la persona que más ama en el mundo. Escriba su nombre a mano o en el ordenador. Y ahora escriba la frase "quiero que ... muera esta noche", y ponga el nombre elegido en lugar de los puntos. ¿Verdad que le resulta imposible escribirlo, que se le encoge el corazón? Pues esta angustia es la que sufren a diario muchas personas que padecen el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), que a menudo llevan a cabo gestos cotidianos de forma repetida porque su cerebro les dice que, si no hacen tal movimiento, podría morir ese ser querido.

Emilia ha escrito lo siguiente, sobre su vida con TOC: "Me ha quitado la oportunidad de ser yo, se ha llevado la confianza, la autoestima, la autovaloración, me ha neutralizado. Es muy duro. Necesito una terapia integral. Se me pasa la vida revisando, buscando la perfección (...) Después lo mejor es aislarse del mundo. Me siento juzgada y estigmatizada. Además, soy mi peor enemigo, no tengo compasión conmigo misma".

Invertir en detección, tratamiento y apoyo no es un gasto, es una inversión en bienestar y calidad de vida

Maria dels Àngels Giralt

— Presidenta de la entidad TOC Catalunya

El TOC es una de las diez enfermedades más incapacitantes. Se trata de un trastorno mental, de base fundamentalmente genética, que provoca pensamientos irracionales repetitivos. La persona que los sufre sabe que no son normales pero no los puede evitar, y lleva a cabo actos mentales o físicos para calmarlos. Esto son las compulsiones. Este trastorno genera malestar y vergüenza, y tarda más de siete años de promedio en ser diagnosticado. Además, convive a menudo con otras enfermedades mentales. Las ideas suicidas -dada la incapacidad que provoca el TOC- son habituales en la mitad de los casos y un 10% han intentado quitarse la vida. "Es muy duro escuchar a un niño diciendo 'yo no quiero vivir así', describe en el Parlament la presidenta de la asociación TOC Catalunya, Maria dels Àngels Giralt, que ha lanzado un ruego: "No pedimos más que una vida digna".

Además, depresión

En una emotiva y lúcida comparecencia en la comisión parlamentaria de salud, Giralt ha denunciado que los afectados por el TOC se encuentran con una visita de diez minutos con el psiquiatra cada tres o seis meses, sin recibir terapia -cuando se ha demostrado, según los profesionales, las terapias cognitivo conductuales con prevención de respuesta- y esto provoca que el trastorno se cronifique y venga acompañado de depresión en más del 60% de los casos.

Si la salud mental carece de recursos suficientes, el trastorno obsesivo-compulsivo va más allá porque carece de profesionales suficientemente formados y recursos suficientes para terapias y acompañamiento. Así lo denuncian las entidades.

No es gastar, es invertir

Además, las asociaciones piden tomar conciencia no solo por humanidad sino por dinero. El coste de tratar a estas personas se eleva a unos 2500 millones anuales, a los que hay que añadir el tratamiento a los familiares. "Invertir en detección, tratamiento y apoyo no es un gasto, es una inversión en bienestar y calidad de vida", explica Giralt.

En suma, se trata de que los afectados puedan recuperar "la libertad que el trastorno intenta arrebatar", según la presidenta de la entidad. A su lado, la activista en primera persona María José Jiménez, para quien el esfuerzo de ir al Parlament y leer la carta de Emilia es inmenso. María José acaba llorando de emoción. Las compañeras de esta entidad subrayan, ante ello, el esfuerzo diario que representa para muchos de estos pacientes el simple hecho de levantarse de la cama y decidir con que pie hacerlo. O tardar una hora para ponerse una camisa.

La petición final resuena en la sala de la comisión parlamentaria: "Que las enfermedades mentales -plantea Giralt- reciban el mismo trato que las físicas". Tras la sesión, foto de grupo, aplausos y abrazos. Y a volver a la lucha con uno mismo, con una misma.

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