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Debate sobre smartphones y redes sociales

Tener móvil antes de los 12 años se asocia a peor salud emocional y menos horas de sueño

Un estudio con más de 10.000 adolescentes apunta que la edad de acceso al móvil puede influir en la salud mental, el descanso nocturno y el peso

La investigación, llevada a cabo en Estados Unidos, no habla de adicción ni de tiempo de pantalla, sino del momento en que se recibe el primer dispositivo

Niños con dispositivos móviles.

Niños con dispositivos móviles. / JESÚS PRIETO

Marc Darriba

Marc Darriba

Barcelona
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¿A qué edad es adecuado que un niño tenga su propio móvil inteligente, su smartphone? La pregunta divide a familias, escuelas y profesionales desde hace años. Ahora, un amplio estudio con más de 10.000 adolescentes en Estados Unidos aporta nuevos datos: tener un smartphone en la infancia y la adolescencia temprana —especialmente antes de los 12 años— se asocia a peores indicadores de salud mental, más obesidad y menos horas de sueño.

La investigación, publicada en la revista Pediatrics y liderada por el psiquiatra Ran Barzilay, de la Universidad de Pensilvania, analiza datos del estudio longitudinal ABCD, que sigue a niños y adolescentes durante varios años. A diferencia de otros trabajos, no se centra en el tiempo de pantalla ni en el uso problemático del móvil, sino en un factor más concreto: si el menor tiene o no smartphone y a qué edad lo adquiere por primera vez.

La decisión de dar un smartphone debería abordarse como una decisión con impacto en la salud y hablarse abiertamente con los hijos

— Psiquiatra de la Universidad de Pensilvania y director del estudio

Los smartphones no son simplemente buenos o malos para los niños”, explica Barzilay, en declaraciones a SanaMente. “Nuestra investigación sugiere que, durante la infancia y la adolescencia temprana, tener un smartphone puede tener implicaciones para la salud. Por eso, la decisión de dar uno debería abordarse como una decisión con impacto en la salud y hablarse abiertamente con los hijos”.

La adolescencia temprana, una etapa sensible

A los 12 años, los adolescentes que ya tenían smartphone mostraban mayor riesgo de depresión, obesidad y sueño insuficiente en comparación con quienes no lo tenían. Además, cada año de adelanto en la edad de adquisición se asociaba con un aumento del riesgo de obesidad y de dormir menos de nueve horas. A los 13 años, quienes habían recibido su primer smartphone el año anterior presentaban más probabilidades de mostrar síntomas clínicos de malestar psicológico y problemas de sueño, incluso teniendo en cuenta su estado previo.

Una mujer, con los móviles de los alumnos en un instituto de Barcelona, el septiembre pasado.

Una mujer, con los móviles de los alumnos en un instituto de Barcelona, el septiembre pasado. / Jordi Otix

Consecuencias en la edad adulta

Los autores subrayan que los efectos observados son modestos a nivel individual, pero relevantes desde una perspectiva colectiva. “La adolescencia es una etapa de enorme importancia en el desarrollo. Un aumento del 30 % en el riesgo de depresión u obesidad puede parecer pequeño, pero puede tener consecuencias significativas para la salud mental y física en la edad adulta y, por tanto, para la sociedad en su conjunto”, señala Barzilay.

El estudio no demuestra una relación causal ni analiza qué hacen exactamente los menores con el smartphone. Tampoco propone prohibiciones. Sin embargo, apunta a los 12 años como una edad especialmente sensible: “Nuestros resultados indican que, a los 12 años, tener un smartphone o adquirirlo se asocia con peores indicadores de salud”.

Puede intensificar problemas previos

Más allá de la edad, los investigadores destacan la importancia de la madurez y de la relación previa con las pantallas. “Una pregunta clave es si el niño o la niña respeta las normas actuales sobre el uso de pantallas”, plantea Barzilay. “Si ya existe un conflicto constante que afecta al sueño, a la convivencia familiar o a la actividad física, darle un smartphone propio probablemente intensifique el problema”.

Para los autores, el reto no es solo decidir cuándo dar un smartphone, sino cómo acompañar ese proceso. Un debate que, cada vez más, trasciende la tecnología para situarse en el terreno de la salud y el bienestar infantil.

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