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Novedad editorial

¿Còmo poner nombre a las tristezas sin nombre? Un sorprendente ensayo ofrece un diccionario entero

"Lo importante es el acto de preguntar, de intentar cruzar la brecha, de resolver el misterio, aunque nunca encontremos las palabras adecuadas para expresarlo"; afirma el autor

Propone hacer realidad nuestras palabras "aunque tengamos que inventarlas"

Una persona triste

Una persona triste / 123RF

Fidel Masreal

Fidel Masreal

Barcelona
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¿Qué nombre le ponemos a la tranquilidad amniótica que nos produce el hecho de estar bajo techo durante una tormenta? ¿Cómo llamamos a ese momento de una conversación, cuando esta se vuelve real, viva, gracias a que "una chispa de confianza" cortocircuita los cables bajo capas de ironía y nos conecta con la carga emocional? Y una tercera pregunta ¿Qué nombre sería el adecuado para describir esa sensación de embeleso y desasosiego que produce la inmensidad del cosmos, que hace parecer ridículas las preocupaciones más profundas? Pues existe un libro, de un autor alejado de la salud mental, John Koenig, que ha escrito el 'Diccionario de tristezas sin nombre' (Capitán Swing). Es algo así como unas greguerías de Gómez de la Serna, pasadas por el filtro de las emociones agridulces.

Por cierto, a las tres preguntas, las respuestas son crisalismo, flashover, galagog. Y no son nombres al azar sino que buscan en la etimología de diferentes idiomas. Galagog, por ejemplo, está tomado de la palabra galaxia (sistema gravitacional de millones de estrellas) y el inglés agog (fascinado).

Wittgenstein como referente

No es un simple juego de palabras. El autor nos invita a recordar que el uso del lenguaje tiene un componente fundamental, filosófico. "Las palabras que utilizamos para construir nuestras vidas nos las dieron en la cuna o las aprendimos en el patio del recreo. Funcionan como una especie de programación psicológica que ayuda a moldear nuestras relaciones, nuestra memoria e incluso nuestra percepción de la realidad. Como escribió Wittgenstein: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo".

La tristeza como "una exuberante marea interior"

Pese al título, el autor quiere ir más allá de la tristeza. Buceando en la raíz etimológica de 'sadness' (tristeza, en inglés), Koenig recuerda que "estar triste implicaba que estábamos llenos hasta arriba de alguna experiencia intensa". Por ello, este diseñador gráfico y creador de videos propone que la tristeza es "una exuberante marea interior que nos recuerda cuán fugaz, misteriosa y sorprendente puede ser la vida". Y pronostica que el libro genere, al final de su lectura, una sensación de estar "extrañamente alegres".

"Otrogar"

El relación con el mundo, destacan definiciones poéticas como "otrogar", que es la sensación de extrañeza que sentimos, según Koenig, "en las casas de otras personas, que huelen y se perciben tan distintas de la nuestra: ver los detalles de su espacio vital privado, observar sus pequeños rituales diarios".

El yo interior

El segundo capítulo es el destinado a emociones íntimas. La cuestión es si, como lectores, nos sentimos identificados con alguna de ellas, como "emodoxo" que sería esa persona "cuyo estado de ánimo está siempre fuera de sincronía con el de los demás: propensa a sentir pánico en los momentos de máxima tranquilidad, a mostrarse sarcástica en los momentos más emotivos o ponerse pensativa en una discoteca".

Sobre la gente

En las definiciones relativas a las relaciones humanas, Koenig hace una reflexión: "Siempre habrá cierta distancia que nos separe. Quizás los cínicos tengan razón y el amor solo sea una ilusión. Pero quizá sea una ilusión sagrada, como los dioses azules que se les aparecen a los niños pastores. Tiene poder, aunque solo sea porque así lo creemos. Y con eso basta. Lo único que hace falta es que sigamos dando la cara y que nunca dejemos de preguntar al otro: "¿Qué estás pensando?" No se trata de obtener una respuesta a esa pregunta. Lo importante es el acto de preguntar, de intentar cruzar la brecha, de resolver el misterio. Ese es el sentimiento que hay que mantener vivo, aunque nunca encontremos las palabras adecuadas para expresarlo".

La galaxia de Rubin puede ser la más grande de la Vía Láctea. UGC 2885 Galaxia de Rubin NASA, ESA AND B. HOLWERDA (UNIVE 07/01/2020 UGC 2885 Galaxia de Rubin. La galaxia de Rubin puede ser la más grande conocida del universo local;NASA, ESA AND B. HOLWERDA (UNIVERSITY OF LOUISVILL; ASTRONOMIA

La galaxia de Rubin puede ser la más grande de la Vía Láctea. / Harvard/Nasa

Gente que no conocemos: rostros en la multitud

Koenig posiblemente reescribe conceptos, alguno de los cuales ya define la psicología o la sociología, pero aporta una mirada en todo momento original, poética. Y que genera una sonrisa, porque todos podemos identificarnos, por ejemplo, en la sensación que se produce en esa "conversación donde todos hablan pero nadie escucha y simplemente se superponen palabras como en una partida hablada de Scrabble: cada jugador toma prestadas anécdotas de los demás para construir la suya propia, hasta que llega un momento en que todos se quedan sin nada que decir". A eso, Koenig lo llama Anécdoque, sumando las palabras anécdota y sinécdoque.

El sentido de la existencia

El final de la propuesta se adentra en el sentido de la vida y la existencia. Y aquí hay sensaciones como el miedo a la perspectiva de no existir un día, o el temor a que aprender el nombre de algo lo estropee misteriosamente, o la enloquecedora sensación de que el mundo es demasiado complejo para empezar siquiera a comprenderlo. Y también, con el nombre de "distoria", la sensación de "irrelevancia en relación con las fuerzas más amplias de la historia, de que nuestra vida no está vinculada a ninguna gran misión ni a ninguna adversidad generacional, ni siquiera a un enemigo".

El autor nos lleva finalmente a proponernos hacer realidad nuestras palabras, "aunque tengamos que inventarlas sobre la marcha. Si tenemos el valor de definirnos y de asumir los términos en los que vivimos nuestra vida, ocurrirá algo misterioso: los muros caerán y el mundo se abrirá".

Y concluye: "Saltar a las profundidades es una especie de alegría. Perseguir un sueño imposible es una alegría. Sentir cualquier cosa es una alegría".