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Investigación

La depresión crece entre niños y adolescentes y afecta al rendimiento escolar

Estudios recientes alertan de que un 10% de los menores en edad escolar presenta síntomas depresivos, con efectos sobre el aprendizaje y el bienestar emocional

UN GRUPO DE ADOLESCENTES JUGANDO CON EL MOVIL. NUEVAS TECNOLOGIAS. NIÑOS. TELEFONO MOVIL. ADICCION. USO ABUSIVO NUEVAS TECNOLOGIAS. MOVILES

UN GRUPO DE ADOLESCENTES JUGANDO CON EL MOVIL. NUEVAS TECNOLOGIAS. NIÑOS. TELEFONO MOVIL. ADICCION. USO ABUSIVO NUEVAS TECNOLOGIAS. MOVILES / MARTA G. BREA / VIGO

Marc Darriba

Marc Darriba

Barcelona
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La depresión ya no es una realidad ajena a la escuela. Según datos del estudio EMO-CHILD, impulsado por la Universidad Miguel Hernández de Elche, cerca de un 10% de los niños y adolescentes de entre 6 y 16 años presenta síntomas compatibles con la depresión. Una cifra que confirma una tendencia preocupante: el malestar emocional no solo afecta a la población adulta, sino que aparece cada vez antes en la etapa educativa.

La investigación muestra una relación clara entre salud mental y rendimiento académico. A peores calificaciones, mayor probabilidad de presentar síntomas depresivos y, a la inversa, la depresión interfiere en funciones básicas para el aprendizaje, como la concentración, la memoria o la motivación. Este círculo puede acabar cronificando el malestar si no se detecta a tiempo, lo que sitúa a la escuela como un espacio clave tanto para la detección precoz como para la prevención del sufrimiento emocional.

Unos adolescentes miran las pantallas de sus móviles a la salida de clase en Castellón.

Unos adolescentes miran las pantallas de sus móviles a la salida de clase en Castellón. / GABRIEL BOIA / CAS_DIGITAL

Entre los factores que contribuyen a este aumento del malestar se encuentran la presión académica, el miedo al fracaso, la comparación constante y el impacto de las redes sociales. Diversos informes de UNICEF y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertan de que un uso intensivo de las plataformas digitales puede amplificar la sensación de aislamiento, la baja autoestima y los síntomas de ansiedad y depresión, especialmente en edades tempranas.

Detectar cambios

Los expertos subrayan también el papel del profesorado, a menudo el primero en detectar cambios de conducta, absentismo o descensos repentinos del rendimiento. Sin embargo, muchos docentes advierten de que no disponen ni de la formación ni de los recursos necesarios para afrontar situaciones de malestar emocional complejo. A ello se suman las desigualdades sociales, que pueden incrementar el riesgo de sufrimiento y dificultar el acceso a la atención psicológica.

Una respuesta no sólo médica

La respuesta, coinciden las instituciones internacionales, no puede ser solo clínica. La OMS defiende reforzar los servicios de salud mental infantil y juvenil, pero también integrar programas de educación emocional, regulación del malestar y bienestar digital en los centros educativos. Reconocer la magnitud del problema es un primer paso imprescindible para empezar a darle respuesta.

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