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Comportamientos colectivos

Caos ferroviario y comportamiento social: ¿Por qué la ciudadanía mantiene el orden pese a las incidencias?

Los pensadores reflexionan sobre la motivación antropológica del civismo de los usuarios

Las oenegés sociales alertan de los efectos en personas con problemas de salud mental: retraimiento y ansiedad

Pasajeros esperan en la estación de autobuses de la estación de Rodalies de Arenys de Mar, que concecta con Blanes

Pasajeros esperan en la estación de autobuses de la estación de Rodalies de Arenys de Mar, que concecta con Blanes / ZOWY VOETEN

Fidel Masreal

Fidel Masreal

Barcelona
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Una semana después del accidente mortal de un tren en Gelida, los viajes en tren en Catalunya se han convertido en una odisea. La crisis afecta a instituciones, a las empresas que prestan el servicio y, por supuesto, a centenares de miles de ciudadanos. ¿Qué hace posible mantener una cierta calma social tras siete días de incertidumbre? Días con constantes cambios respecto a si circulan o no los trenes, días en que se llega tarde al trabajo, a clase, a citas importantes, en que se debe buscar alternativas para moverse. Lo analizamos con diversas personas con capacidad de análisis al respecto.

¿Nos estamos acostumbrando a una vida provisional, en que una cosa dura lo que dura y todo es imprevisible?

Jaume Funes

— Psicólogo y educador

Jaume Funes, psicólogo y educador, se pregunta, como hipótesis, si "nos estamos acostumbrando a una vida provisional, en que una cosa dura lo que dura y todo es imprevisible". En este contexto, "sufre más quien quiere una vida planificada y acabamos viviendo con tan poca planificación que el hecho de que no venga el tren es casi como una normalidad, una cosa más en un contexto en que nos habituamos a vidas provisionales". Así, se da una paradoja, en palabras de este pensador: "cuanta más seguridad, la probabilidad de una inseguridad no prevista es más alta".

Barcelona. 16.09.2025. Sociedad. Entrevista a Jaume Funes. Fotografía de Jordi Cotrina

Jaume Funes. Fotografía de Jordi Cotrina / EPC

Otra mirada complementaria, según Funes, es la del combate social organizado, hasta hoy inexistente. "¿Hacia dónde se canaliza la mala leche?", se pregunta el psicólogo, que añade: "La mayor parte de la gente tiene vidas laborales bastante explotadas y destina mucho tiempo a sobrevivir. Y pese a ello no se enfada, tiene una comprensión y una paciencia de Hob". Ante ello, insiste en la incógnita sobre la tolerancia al sufrimiento de la ciudadanía y qué la puede hacer estallar. "¿Será que no funcione el transporte, que cobre menos, que se quede sin trabajo? No se está produciendo, por ahora, y hay un cierto acomodamiento de las condiciones de vida como inevitables. Llegas a casa, te tomas una cerveza y mañana será otro día".

La bondad humana

Rafael Narbona, filósofo y escritor, valora el sentido de bondad humana, pese a todo: "El ser humano no es tan malo y agresivo como nos han contado". Narbona cita un ensayo, Dignos de ser humanos, del historiador holandés Rutger Bregman, en el que "se sostiene que la mayoría de la gente es buena, y en situaciones de catástrofes se demuestra: en el atentado de las Torres Gemelas la gente conservó la calma, ayudó a las personas, y en la tragedia de Los Andes, no se mataron entre ellos, cundió la solidaridad".

Rafael Narbona

Rafael Narbona / Fidel Masreal

Dicho lo cual, para Narbona sí se puede producir estallido social cuando se da una condición: "Cuando se produce una gran injusticia, la gente se rebela, como con lo que sucede en Minneapolis, donde la gente estalla". En el caso del caos de los trenes, este pensador está convencido de que lo que ha cundido es la ayuda mutua: "Estoy seguro de que si alguien tiene una cita médica, hay vecinos que están llevando a esta persona".

Este pensador también advierte de que "se ha creado una falsa sensación de seguridad con la tecnología, con una falsa protección", por lo cual valora todavía más que en este contexto todavía "prevalezca el civismo".

Consecuencias que no se ven

Pese este civismo y a la aparente deportividad con la que la mayoría de usuarios del tren han asumido el caos, las entidades que se dedican a velar por la salud mental de las famílias, advierten de una consecuencia silenciosa. "La mayoría de personas con problemas de salud mental no conducen, debido a la medicación, y esto implica que tengamos que coger el transporte público -explica Mercè Torrentallé, presidenta de Salut Mental Catalunya- y estos días [con el caos ferroviario no podemos asistir a los servicios de medicina o de psicología con la puntualidad que querríamos".

Un momento de la celebración del Dia Mundial de la Salud Mental,  el pasado 11 de octubre en Tàrrega.

Un momento de la celebración del Dia Mundial de la Salud Mental, el pasado 11 de octubre en Tàrrega. / SNC

cuidar la movilidad también es cuidar la salud mental

Mercè Torrentallé

— Presidenta de la Federació Salut Mental Catalunya

Torrentallé explica que muchas personas con estos problemas llevan un medicamento en el bolsillo por si sufren un ataque de ansiedad en estos trayectos o ante las incidencias de la movilidad. "Y el desbarajuste no es solo puntual, porque durante días estaremos pensando si los trenes son seguros, si podremos hacer el trayecto en las horas concretas... Y esto nos producirá una resaca que llevará consecuencias; muchas personas con problemas de salud mental quizás se quedarán en casa sin querer salir y aumentarán los grados de soledad". En suma, las entidades avisan de que esta incertidumbre provoca muchos motivos de angustia, "que se trasmite a la salud mental de las personas en general, por lo que cuidar la movilidad también es cuidar la salud mental".

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