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Otra mirada a los TCA (y II)

Testimonio directo de pacientes con TCA: "Muchas amigas se han quedado por el camino"

"Llegué a pensar que mi tren había pasado"

"El no comer, los vómitos, el bajo peso, son la punta del iceberg, debajo está el problema de verdad"

De izda. a dcha., Gisela, Carla, Natàlia, Laura, Marina y Anna, durante una de las sesiones de trabajo a cargo de las psicólogas Núria Jaurrieta y Gara Alias.

De izda. a dcha., Gisela, Carla, Natàlia, Laura, Marina y Anna, durante una de las sesiones de trabajo a cargo de las psicólogas Núria Jaurrieta y Gara Alias. / JORDI COTRINA / EPC

Fidel Masreal

Fidel Masreal

Martorell
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"Lo que se ve es el bajo peso, el no comer, los vómitos, esto es lo que se ve, esto es la punta del iceberg, pero debajo está el problema de verdad", así comienza el relato de seis mujeres de 22 a 42 años que han decidido dar la cara no solo para hacer entender qué es el Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) sino para reclamar más ayudas para que la unidad de la Fundació Hospitalàries y el Hospital de Bellvitge en Martorell, con una mirada innovadora, en la que tienen la suerte de estar ingresadas no sea una excepción.

¿Qué hay bajo el iceberg? Ellas mismas lo dicen: historias familiares, inseguridad, bloqueo emocional, historias del pasado, bullying... Y en definitiva, "un malestar que te paraliza" y que va más allá de no comer.

Son Gisela, Carla, Natàlia, Laura, Marina y Anna, de 22, 26, 31, 42, 26 y 25 años, respectivamente. Seis voces que proclaman su trabajo de recuperación de la autoestima, a partir de vivencias de años, de muchísimos años de lucha contra el trastorno, de ingresos uno tras otro sin mejoras en el fondo, más allá del control del peso mediante una sonda y, en ocasiones, de un trato basado en la coerción y en los premios y castigos en función de si comían o no comían.

Le decía a mi madre: 'sólo me están atiborrando, pero tengo el mismo pensamiento y a la que salga voy a hacer las mismas conductas', y por eso pedí que me trajeran aquí

Gisela

— Paciente de la unidad TCA de Martorell

Gisela habla claro: "Aquí he notado que trabajo mucho, porque venía de Bellvitge donde no se trabajaba nada, solo me atendía una psiquiatra una vez a la semana o dos sí a ella le daba la gana; y yo le decía a mi madre: 'sólo me están atiborrando pero tengo el mismo pensamiento y a la que salga voy a hacer las mismas conductas, y por eso pedí que me trajeran aquí".

Un dolor ilimitado

¿Cómo entender su dolor, cómo ponernos en su piel? "Es ilimitado -coinciden-, constante, y lo sacas haciendo de alguna manera burla con la comida, porque sientes una ambivalencia: ¿estoy haciendo bien las cosas, no las estoy haciendo bien?". Anna añade: "Somos muy autoexigentes y queremos tener el control, sentirnos seguras y lo más difícil es que la gente de tu entorno lo entienda. Se encuentran con el problema y no entienden nada, solo ven que no comes o que te fustigas haciendo deporte o con autolesiones o intentos autolíticos pero no lo entienden y esta incomprensión te lleva a que sigas en bucle".

Barcelona. 13.01.2026.  Sociedad.    Detalle en la pared de una de las salas de trabajo de la unidad de recuperación de trastornos de la conducta alimentaria del hospital Fundació Hospitalàries Martorell especializado en casos de adultos con TCA.   Fotografía de Jordi Cotrina.

Detalle en la pared de una de las salas de trabajo de la unidad TCA. / JORDI COTRINA / EPC

La comida es, era, para ellas, una manera de controlar algo en su vida. Y la reducción era progresiva: "La primera vez pensaba, me quiero morir delgada y quiero desaparecer, es como ir avanzando hasta que te consumes".

Sus relatos, valientes, no esconden nada y dan la cara. Y son vivencias que han llegado hasta las edades adultas, contradiciendo uno de los tópicos que ellas más han escuchado (que esto es cosa de niñas o adolescentes). Laura tiene 42 años y sigue batallando "me creí que era una enfermedad de jóvenes hasta la última recaída. "Llegué a pensar que mi tren había pasado", admite.

Recuperarse pero no curarse

La mayoría admite que en salud mental no se puede hablar de curación total. Anna lo explica: "Siempre tendremos la voz del TCA allí, pero a través de las herramientas adquiridas tras tantos tratamientos, se trata de no hacerle caso a esa vocecita que te incita a volver a hacer las cosas o a entrar en el bucle de la enfermedad".

"Creo que me recuperaré, pero curarme.... tendré que estar en alerta, como un alcohólico o cualquier otra enfermedad mental. Lo que espero es poder llevar una vida estable -describe Laura-, decidir qué como que sea porque me apetece y poder volver a trabajar y cuidar de mi familia".

Una terapia innovadora

A diferencia de otras unidades convencionales de TCA basadas en control de peso para evitar consecuencias fatales, aquí la mayoría llegan con esta situación crítica superada. Y, como explican los terapeutas, el objetivo ya no es tanto el comer como el recuperar esperanza, autoestima y gestión de proyecto de vida. Se levantan a las 7,30h de la mañana y durante todo el día las sesiones terapéuticas: mindfulness, terapia grupal, sesiones de terapia ocupacional, descansos, e incluso ejercicio físico.

La primera vez pensaba: me quiero morir delgada y quiero desaparecer, es como ir avanzando hasta que te consumes

Marina

— Paciente de la unidad TCA de Martorell

Uno de los objetivos, en los casos de vigorexia, es precisamente no llevar el deporte al extremo. "Me pasaba el día en el gimnasio -recuerda una de ellas- ahora no intento hacer muchas horas sino que recapacito y pienso: me estoy pasando". Se trata de "reinsertarse al deporte desde un hábito saludable y no como una obsesión".

Barcelona. 13.01.2026. Sociedad. Una de las sesiones de trabajo de la unidad de recuperación de trastornos de la conducta alimentaria del hospital Fundació Hospitalàries Martorell especializado en casos de adultos con TCA. Fotografía de Jordi Cotrina

Una de las sesiones de trabajo de la unidad de recuperación del TCA. / JORDI COTRINA / EPC

Amigas que no lo han superado

Una de ellas lamenta que este tipo de apoyos no sean generalizados: "Tengo muchas amigas que se han quedado por el camino y es duro; yo tengo una atención integral que trabaja todos los aspectos, pero muchas amigas no han podido llegar a esto y se han quedado por el camino y no están aquí porque no han recibido una buena atención, solo una atención con un enfoque biomédico, basada en el peso. Que esto haya provocado que ellas hayan perdido la vida es duro".

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