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Joven en primera persona

Sandy Martos, activista: "Trabajar para vivir y no vivir para trabajar es una de las mayores formas de autocuidado"

"Los jóvenes nos negamos a que nuestro trabajo sea la parte fundamental de nuestra vida"

"¿De qué sirve cobrar más si un ascenso supone dejar de tener tiempo para invertir en aquello que más nos importa?"

Una oficina de Treball de la Generalitat.

Una oficina de Treball de la Generalitat. / Ferran Nadeu / EPC

Sandy Martos

Barcelona
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¿Qué nos hace ser personas de éxito? ¿Dónde reside nuestro valor? No existe una respuesta única, pero los jóvenes, cada vez más, tenemos claro que un puesto de responsabilidad en una profesión socialmente bien valorada no es el principal indicador de una vida de éxito.

En un contexto de precariedad laboral, alquileres desorbitados y sobrecualificación académica, el éxito laboral es un empleo estable, con condiciones dignas y un sueldo que nos permita llegar desahogados a fin de mes. La mayoría de los jóvenes entendemos el éxito laboral como salir del trabajo con tiempo y energía suficiente para dedicar a familia, amigos, aficiones y proyectos.

Un puesto de responsabilidad en una profesión socialmente bien valorada no es el principal indicador de una vida de éxito

Trabajar para vivir y no vivir para trabajar es una de las mayores formas de autocuidado. Entender el trabajo como fuente de ingresos y no como parte esencial de nuestra identidad nos permite invertir tiempo y energía en aquello que nos apasiona. Si cimentamos nuestro valor en un éxito laboral al uso, estamos a merced de una empresa en la que, al final del día, somos prescindibles y reemplazables.

No es que los jóvenes no tengamos ambición, sino que la enfocamos fuera del entorno laboral, hacia aquellas cosas que verdaderamente nos apasionan. Tampoco es que seamos vagos ni sigamos la ley del mínimo esfuerzo.

Establecer límites y priorizar aquello que nos aporta bienestar es cuidar nuestra salud mental, algo a lo que nuestra generación da más importancia que las anteriores

Somos profesionales y cumplimos con nuestras responsabilidades, pero nos negamos a que nuestro trabajo sea la parte fundamental de nuestra vida. ¿Estaríamos dispuestos a un aumento de responsabilidades a cambio de una subida salarial? No sin antes valorar detenidamente los pros y contras. ¿De qué sirve cobrar más si un ascenso supone dejar de tener tiempo para invertir en aquello que más nos importa?

No es que los jóvenes no tengamos ambición, sino que la enfocamos fuera del entorno laboral

Y si no tenemos ambición, ¿dónde está el problema? La sociedad nos empuja a querer siempre más y más, a no conformarnos, pero, aspirar a tener una vida tranquila, feliz y que nos satisfaga como personas es, en realidad, más que suficiente.

La sociedad nos empuja a querer siempre más y más, a no conformarnos, pero, aspirar a tener una vida tranquila, feliz y que nos satisfaga como personas es, en realidad, más que suficiente

Los jóvenes somos más conscientes que nunca de nuestras prioridades, y estamos menos dispuestos a hacer concesiones. Pero ¿qué otra opción tenemos? Llevamos vidas con un ritmo muchas veces insostenible, en un mundo que cambia a gran velocidad, plagado de conflictos, injusticias y tragedias, con precios en aumento y donde la vivienda se mantiene inaccesible. Establecer límites y priorizar aquello que nos aporta bienestar es cuidar nuestra salud mental, algo a lo que nuestra generación da más importancia que las anteriores.

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