Investigación
El ejercicio físico podría ser tan efectivo como la psicoterapia contra la depresión, según un estudio
Una gran revisión científica señala que la actividad física puede reducir los síntomas depresivos
La investigación recuerda que no sustituye la psicoterapia ni la medicación y que la decisión debe tomarse con un profesional
Can Ruti logra notables resultados con el ejercicio físico para pacientes psiquiátricos

La psiquiatra y experta en Medicina del deporte, Ana Ibañez, el Hospital de Can Ruti / JORDI OTIX / EPC

Caminar, nadar, hacer jardinería o ejercicio suave puede ayudar a reducir los síntomas de la depresión. Así lo indica una nueva revisión científica de gran alcance que ha reabierto el debate sobre el papel de la actividad física en la salud mental. Ahora bien, los expertos insisten en que el mensaje no es tan simple como podrían sugerir algunos titulares: el ejercicio no es una solución milagrosa para la depresión ni sustituye automáticamente a la terapia psicológica o a la medicación.
¿Qué dice exactamente el estudio sobre ejercicio y depresión?
La revisión, publicada en la Cochrane Library, analiza decenas de ensayos clínicos y concluye que, en algunos casos, el ejercicio puede reducir los síntomas depresivos con una eficacia similar a la de la psicoterapia. La evidencia, sin embargo, es de certeza moderada, lo que obliga a interpretar los resultados con prudencia.
Lo más importante es que el tipo y la intensidad del ejercicio sean una elección personal, que resulten agradables y que puedan mantenerse en el tiempo
“Cuando hablamos de evidencia moderada, significa que puede haber algunas limitaciones en los estudios incluidos, como riesgo de sesgo, pero también que es probable que los beneficios observados sean reales para muchas personas”, explica a SanaMente Andrew J. Clegg, profesor e investigador de la Universidad de Central Lancashire (UCLan) y autor principal del estudio.
El ejercicio como opción terapéutica, no como receta única
Uno de los puntos clave de la revisión es que el ejercicio debe entenderse como una opción terapéutica más, no como una alternativa universal. “Es una intervención que puede utilizarse sola o en combinación con otros tratamientos, pero esa decisión debería basarse en las preferencias de la persona y en la consulta con su profesional de salud”, señala Clegg.

Ejercicio físico y salud mental: una alianza necesaria / LP / ED
El estudio no identifica perfiles concretos de personas para quienes el ejercicio funcione mejor o peor. “No analizamos características como la edad o la gravedad de los síntomas, en parte porque había mucha variabilidad entre los participantes de los estudios”, explica el investigador. Aun así, añade que es probable que distintas personas se beneficien de distintas intervenciones, lo que refuerza la importancia de la toma de decisiones compartida entre paciente y profesional.
¿Qué tipo de ejercicio puede ayudar más?
La revisión apunta a que el ejercicio ligero o moderado puede ser especialmente beneficioso. Esto incluye actividades como caminar a paso tranquilo o rápido, estiramientos, ciclismo, natación, carrera suave o ejercicios de fuerza adaptados. “Lo más importante es que el tipo y la intensidad del ejercicio sean una elección personal, que resulten agradables y que puedan mantenerse en el tiempo”, destaca Clegg.
La sostenibilidad es clave. Aunque algunos estudios analizan la adherencia y el seguimiento a largo plazo, las condiciones de los ensayos clínicos no siempre reflejan la vida real. Por ello, las guías clínicas insisten en priorizar actividades que la persona pueda integrar en su día a día sin presión ni culpabilización.
Por qué conviene evitar mensajes simplistas
Los autores del estudio también alertan del riesgo de mensajes mediáticos excesivamente simplificados. “El ejercicio no es adecuado para todo el mundo. En algunos casos, las terapias psicológicas, los tratamientos farmacológicos o una combinación de ambos pueden ser más apropiados”, recuerda Clegg.
El mensaje final es claro: tener más opciones no significa restar importancia a la psicoterapia o a la medicación, sino ampliar el abanico de recursos disponibles. “El ejercicio ofrece una opción de tratamiento para las personas con síntomas depresivos, junto con las terapias psicológicas y los tratamientos farmacológicos. La decisión sobre cuál es la más adecuada debe tomarse siempre con un profesional de la salud”, concluye el investigador.
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