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Denuncia social

Los acampados bajo la autopista en Badalona reclaman ayuda para atender problemas crecientes de salud mental

Los desalojados del B9 piden apoyo psiquiátrico para casos graves que alteran la convivencia

"Hay gente que necesita otro tipo de ayuda, no solo techo, porque son enfermos mentales", describe Younoss, uno de los acampados

Voluntarios de distintas entidades privadas reparten comida para la cena de Nochebuena bajo la autopista C-31, donde aún duermen decenas de personas desalojadas del antiguo instituto B9

Voluntarios de distintas entidades privadas reparten comida para la cena de Nochebuena bajo la autopista C-31, donde aún duermen decenas de personas desalojadas del antiguo instituto B9 / ZOWY VOETEN

Fidel Masreal

Fidel Masreal

Badalona
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Sin techo, sin futuro a la vista, lejos de sus familias, bajo temperaturas cercanas a los cero grados, durmiendo en una tienda de campaña, sin lugar donde ducharte, con el rechazo explícito del alcalde de la ciudad, víctimas de racismo inmobiliario y sufriendo muestras de rechazo de algunos vecinos... En estas condiciones, se hace muy difícil hablar de salud mental. Más bien se trata de sobrevivir. Preguntar a los acampados bajo la autopista c-31en Badalona cómo estáis parece casi una falta de respeto. Entre ellos, hay más de un enfermo mental con la mirada perdida y cuya situación empeora cada día. Y, pese a todo ello, también en este espacio infrahumano existe la esperanza. Y la dignidad. Y el apoyo de numerosos voluntarios autoorganizados.

"Llevamos un montón de tiempo denunciando que hay gente que necesita otro tipo de ayuda, no solo techo, porque son enfermos mentales, necesitan atención médica o psicólogos y no hay nada", describe Younoss, uno de los desalojados del B9 que vive ahora en la calle. Este senegalés de 50 años advierte: "Nos dicen que tienen que ir voluntariamente [a un centro de salud], pero no pueden, debe haber un mecanismo para acompañarles porque si se quedan aquí sin tratamiento el problema se va a agravar dia a día".

Si se quedan aquí sin tratamiento el problema se va a agravar dia a día

Younoss

— Acampado bajo la C31 en Badalona

Mamadou, de 30 años, originario de Guinea, lleva también bajo el puente desde el desalojo. En el antiguo instituto B9 estuvo dos años. "Lo estamos pasando fatal, todo el mundo tiene frío, algunos están enfermos... La situación cada vez va empeorando". Al preguntarle cómo está él de ánimos, responde: "¿Qué voy a hacer? ¿Voy a llorar? Hay que intentar estar con los ánimos para arriba. Pero ninguno de nosotros estamos bien". "Además, el alcalde y la mayoría nos consideran salvajes", se queja.

"Dos o tres han perdido la cabeza -describe Assan, de 23 años y también acampado- y todo el mundo se piensa que todos somos igual que ellos; pero viéndoles la cara ya se ve cómo están, si pudiera venir algún médico y llevarlo a otro sitio... porque los vecinos están quejándose y es normal, porque son personas que no están bien de la cabeza". Entre los acampados se explican casos a diario. Esta misma mañana, a uno de los que están peor mentalmente le han dado una paliza. Otro, dicen, tiene varios cortes en el brazo de antiguas autolesiones, y se pasea sin hablar y ligero de ropa pese al frío polar de estos días.

¿Qué voy a hacer? ¿Voy a llorar? Hay que intentar estar con los ánimos para arriba. Pero ninguno de nosotros estamos bien

Mamadou

— Acampado bajo la autopista C-31 en Badalona

Núria Font, voluntaria de la entidad Badalona Acull (Badalona acoge) está a diario en el campamento y confirma esta problemática: "Con las personas con problemas de salud mental no podemos hacer nada porque es muy difícil la comunicación; uno de los chicos que ahora está en Can Ruti porque le han tenido que amputar un dedo tiene problemas de salud mental; fue derivado a un centro y se escapó porque necesita el contacto con su gente; el arraigo con la familia que los ha cuidado y protegido para ellos es importante".

Asentamiento de personas sin techo, en su mayoría desalojados del B9, bajo el puente de la autopista C-31, en Badalona

Asentamiento de personas sin techo, en su mayoría desalojados del B9, bajo el puente de la autopista C-31, en Badalona / Zowy Voeten

¿Esperanza?

Pese a ello, las muestras de fortaleza mental se suceden. "No puedo decir que esté bien pero estoy aguantando una situación un poco dura -explica Assan- pero tenemos a Dios y cuando te despiertas cada día tienes ojos y piernas para buscar lo que sea y donde sea". Se despierta a las siete de la mañana con un frio que le provoca dolor de cabeza. "Necesito trabajar, hacer un curso, lo que sea... Y no puedo. Con este frío, casi congelado, a dos bajo cero... Pero hay que aguantar, hasta que consiga algo y me vaya". Su madre, en Senegal, se enfadó con él al verlo en algunos videos, porque lleva dos años aquí y no ha conseguido un empleo. "Yo quiero trabajar, pero sin papeles ninguna empresa te lo va a dar".

Necesito trabajar, hacer un curso, lo que sea... Y no puedo. Con este frío, casi congelado, a dos bajo cero... Pero hay que aguantar, hasta que consiga algo y me vaya

Assan

— Joven de 23 años, acampado bajo la autopista C-31 en Badalona

"De momento, aguanto -responde Younoss, a la pregunta sobre su ánimo- pero a la larga esto no se puede aguantar, mi familia está en Senegal, los echo de menos, no quería que supieran esto pero me han visto y me han llamado. Es complicado". Quiere volver a África y se pregunta qué tipo de Europa se está construyendo: "Los partidos racistas ya no se esconden, insultando a los inmigrantes, y por desgracia los están votando, con el mensaje de que no somos bienvenidos y es lamentable, Europa no se construye desde el racismo y el odio; siembra odio y verás mañana cómo recogerán este odio, porque es odio puro y duro; no se puede construir a base de insultar y crear confrontación; esto no es política. La política es resolver problemas de la gente día a día, no crearlos".

Tras más de 20 días todo se va agravando, se va multiplicando, y el estado anímico cada vez es peor y aparece la pregunta: ¿Saldremos de aquí?

Carles Sagués

— Badalona Acull

"¿Quién nos iba a decir que en Europa existe esto, cuando vinimos de África a buscar un mejor futuro?", se pregunta Younoss. A su lado, Benji, originario de Ghana, corrobora la pésima situación en la que malviven: "Estamos supermal, no tenemos ducha, ni comida caliente, ni techo, esto no es vida: incluso a las ovejas un granjero las mete en una caseta para que no se mojen en invierno; cada día hay dos o tres hospitalizados". Benji se pregunta cómo puede ser que Barcelona, una de las ciudades más destacadas del mundo, no pueda ayudarlos. "No mendigamos, solo pedimos que nos entiendan y ayuden, por favor". Se rebela contra la idea de que sean todos delincuentes. Y no sabe qué hacer si consigue un trabajo y tiene que volver a dormir bajo el puente. No logran alquilar una habitación por ser inmigrantes. Por ser negros.

Incluso a las ovejas un granjero las mete en una caseta para que no se mojen en invierno; cada día hay dos o tres hospitalizados

Benji

— Originario de Ghana, acampado bajo la autopista C-31 en Badalona

Carles Sagués, de Badalona Acull, corrobora que "tras más de 20 días todo se va agravando, se va multiplicando, y el estado anímico cada vez es peor y aparece la pregunta: ¿saldremos de aquí? Porque nos podemos imaginar qué es estar al aire libre, con lluvia, viento y bajas temperaturas, y algunos vienen de hace cinco años cuando murieron varias personas en una nave industrial, es un camino que se va haciendo cada vez más difícil, y con personas diagnosticadas con problemas de salud mental, que deberían tener un ingreso y una atención más completa". Y Sagués confirma que este tipo de comportamiento de estos enfermos se utiliza para criticar a todo el colectivo. A todo ello se añade el miedo a ser detenidos, la desconfianza, el sentimiento de criminalización y estigmatización la tendencia a cerrarse ante esta situación.

"Mi madre me dejó las fuerzas"

Al preguntarle a Assan de dónde saca las fuerzas, Assan esboza la primera sonrisa de la conversación, en medio de un clima gélido, y afirma: "Creo que la madre me la dejó, y mi papá también, igualmente también aquí algunos compañeros blancos nos están ayudando y viéndolos me digo sí, voy a aguantar más, porque hay muchos blancos cada día, 24 horas ayudando, te lo juro; muchas gracias a los voluntarios".

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