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Análisis sobre el fenómeno de la autólisis (I)

Por qué los hombres mueren más por suicidio: una brecha que no es innata y crece con la edad

Factores clave: dificultades para pedir ayuda, mandatos de masculinidad asociados a la autosuficiencia y una menor vinculación con los dispositivos de salud mental

Dos hombres abrazándose

Dos hombres abrazándose / 123RF

Marc Darriba

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Barcelona
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A pesar del descenso global de las muertes por suicidio en España en 2024, el perfil de riesgo se mantiene estable: casi tres de cada cuatro fallecimientos siguen correspondiendo a hombres. No se trata de un fenómeno nuevo ni puntual. Los datos de los últimos diez años muestran una brecha de género persistente que no aparece de forma súbita, sino que se amplía progresivamente con la edad. Esta continuidad obliga a mirar más allá del recuento anual y a preguntarse qué explican —y qué no— las cifras cuando se leen desde una perspectiva de género.

Una década con el mismo patrón de género

La persistencia de esta diferencia a lo largo del tiempo no apunta a una predisposición individual ni biológica, sino a un proceso que se acentúa con el paso de los años. “No hablamos de una predisposición biológica al suicidio, sino de procesos sociales que se van acumulando a lo largo de la vida”, explica Maria Jesús Rosado, socióloga, comunicóloga y autora del estudio “El suicidio masculino: una cuestión de género”.

No hablamos de una predisposición biológica al suicidio, sino de procesos sociales que se van acumulando a lo largo de la vida

Maria Jesús Rosado

— Socióloga y comunicóloga

Desde esta mirada, el género no actúa como un factor innato, sino como una construcción social que incide en la forma de afrontar el malestar, la pérdida o la demanda de ayuda. “Lo que vemos no es una excepción estadística, sino un patrón estructural”, subraya.

Cómo el género se acentúa con la edad

Cuando los datos se desglosan por edades, la lectura cambia. En las franjas más jóvenes, especialmente en menores de 15 años, la diferencia entre chicos y chicas es mínima. Es a partir de la edad adulta cuando la brecha se amplía de forma clara, concentrándose sobre todo entre los 45 y los 74 años. En los tramos más jóvenes, especialmente por debajo de los 30 años, la diferencia entre hombres y mujeres todavía no es tan pronunciada como en edades adultas.

Esta aparente paridad no implica, sin embargo, que el género deje de ser relevante. “En las edades más jóvenes aún no aparece con claridad la brecha de género porque muchos de los factores de riesgo masculinos se expresan más tarde”, señala Daniel J. López Vega, psicólogo, suicidólogo y presidente de la asociación Papageno. Según explica, “elementos como la soledad, la pérdida de roles o la resistencia a pedir ayuda tienden a acumularse con el tiempo”. “Decir que el suicidio es ‘masculino’ sin matices puede ser engañoso”, advierte López Vega. “Lo que muestran los datos es que el factor de género no actúa igual a lo largo del ciclo vital: se construye y se consolida con el tiempo”.

Más allá de la fuerza individual

Tanto Rosado como López Vega coinciden en un punto clave: el suicidio masculino no puede explicarse en términos de carácter, fortaleza o decisión individual. Los datos apuntan a una combinación de factores sociales, emocionales y relacionales que afectan especialmente a los hombres a medida que envejecen.

La soledad, la pérdida de roles o la resistencia a pedir ayuda tienden a acumularse con el tiempo

Daniel J. López Vega

— Psicólogo, suicidólogo y presidente de la asociación Papageno

Aislamiento social, dificultades para pedir ayuda, mandatos de masculinidad asociados a la autosuficiencia o al silencio emocional, y una menor vinculación con los dispositivos de salud mental aparecen de forma recurrente en la literatura científica. “El problema no es que los hombres ‘no quieran’ pedir ayuda”, apunta Rosado, “sino que a menudo no han sido socializados para reconocer el malestar ni para expresarlo antes de que sea extremo”.

Cuando los datos son incompletos

Otra limitación importante es que las estadísticas oficiales solo recogen las muertes, pero no la ideación ni las tentativas de suicidio, que son mucho más frecuentes en mujeres. Esta ausencia de datos hace que la fotografía sea parcial. “Sabemos que hay más intentos e ideación en mujeres, pero eso no aparece en los registros de mortalidad”, recuerda López Vega. “Si solo miramos quién muere, nos perdemos una parte fundamental del problema”.

A esta limitación se suma otro ángulo aún invisible para la estadística oficial: el sufrimiento emocional de las personas trans y no binarias. “Sabemos, por la práctica clínica y por estudios cualitativos, que las personas trans y no binarias atraviesan un riesgo emocional adicional por el mero hecho de serlo, pero no disponemos de datos sistemáticos que permitan analizarlo”, advierte López Vega.

Qué indican las cifras (y qué no)

Los datos de 2024 no apuntan a un cambio de tendencia, sino a una continuidad: el suicidio sigue afectando mayoritariamente a los hombres; la brecha se intensifica con la edad; y el género emerge como un factor clave, pero insuficiente para explicar el fenómeno por sí solo.

PIDE AYUDA

Si tú o alguien cercano sufre ideas suicidas,

  • Línea de atención a la conducta suicida: 024
  • Teléfono de prevención del suicidio de Barcelona: 900 925 555
  • Chat Línea 024: https://www2.cruzroja.es/es/chat-linea024
  • Fundación ANAR (infancia y adolescencia): 900 20 20 10
  • CatSalut Respon: 061
  • Emergencias: 112

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