Género y trastornos
El 40% de las mujeres con problemas de salud mental ha sufrido violencia física o psicológica, según un estudio
Belén González Callado, comisionada de salud mental del Ministerio de Sanidad denuncia el "planteamiento patriarcal del diagnóstico psiquiátrico"

Protesta en Santa Coloma por las listas espera en salud mental / SANDRA ROMÁN

Un estudio impulsado por la Confederación Salud Mental España evidencia una relación estrecha entre salud mental y violencia. El 40% de las mujeres con problemas de salud mental afirma haber sufrido violencia física o psicológica por parte de su entorno cercano, y más de la mitad (51%) denuncia haber vivido malos tratos durante ingresos o procesos de atención en salud mental.
Según Esperanza Rubio, directora técnica de Investigación y Proyectos de la Confederación, el sistema sanitario sigue operando desde una lógica androcéntrica que ignora las experiencias específicas de las mujeres. “Cuando no se genera un espacio de escucha suficiente, todo el contexto social, económico y vital queda fuera del diagnóstico”, señala. Esta falta de escucha favorece la medicalización del relato e invisibiliza violencias previas o estructurales, creando un círculo vicioso: menos credibilidad, más medicación y mayor distancia con el sistema.
Cuando no se escucha suficientemente, el contexto social, económico y vital queda fuera del diagnóstico
En esta línea, la comisionada de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, Belén González Callado, advierte de que uno de los “pecados” del sistema es el planteamiento patriarcal del diagnóstico psiquiátrico, que a menudo invisibiliza relatos biográficos de violencias sufridas desde la infancia. “Se medicaliza el relato”, resumió.
La consultora social y de género Gemma Altell, codirectora de G360, insiste en que existe una correlación muy elevada entre las violencias sufridas desde el inicio de la vida y los malestares de salud mental. “Es muy difícil hablar de vidas libres de violencia en mujeres con problemas de salud mental; esta relación se da siempre”, afirmó.
Desigualdad estructural
El Estudio GEA analiza el acceso a derechos de mujeres, adolescentes y niñas con problemas de salud mental en el Estado mediante una encuesta a 1.405 personas, combinada con entrevistas y grupos focales, y pone cifras y relato a una realidad a menudo invisibilizada: el malestar psicológico no surge en el vacío, sino que se construye en contextos marcados por desigualdades estructurales que el sistema sanitario no siempre tiene en cuenta.
Las mujeres sufren un doble estigma, pero era necesario dimensionar el alcance real de las violencias y las vulneraciones que viven
Tal como destaca Rosa Maria Bayarri, presidenta de la Federación Salud Mental Comunitat Valenciana, hasta ahora se había investigado la salud mental y las desigualdades de género de forma separada, pero no desde una mirada interseccional y a escala estatal. “Sabíamos que las mujeres con problemas de salud mental sufren un doble estigma, pero era necesario dimensionar el alcance real de las violencias y las vulneraciones de derechos que viven”, ha señalado durante la presentación del estudio.
Pobreza: cuando la precariedad se convierte en síntoma
Uno de los ejes centrales de la investigación es la feminización de la pobreza. El 84% de las mujeres participantes asegura haberse visto obligada a mudarse en los últimos años por no poder asumir el coste del alquiler o de la hipoteca. “Cambiar de vivienda no es solo pasar de un lugar a otro; es dejar atrás un espacio vital para empezar otro”, explica Esperanza Rubio, directora técnica de Investigación y Proyectos de la Confederación.
La precariedad residencial no es un factor circunstancial: impacta directamente en la estabilidad emocional y aumenta el riesgo de empeoramiento de la salud mental. Sin embargo, estos determinantes sociales continúan quedando a menudo fuera del relato clínico, según los autores del estudio, dificultando una comprensión integral del sufrimiento emocional.
Cuidados: el rol que desgasta e invalida
La sobrecarga de cuidados es otro factor determinante. Un 64% de las mujeres afirma que esta responsabilidad supone una carga emocional muy elevada que les impide cuidarse a sí mismas. “Históricamente, se nos ha asignado el rol de cuidadoras, pero al mismo tiempo se cuestiona nuestra capacidad para ser madres”, apunta Rubio.
Un sistema que no integra la perspectiva de género
La falta de respuesta institucional es clara: el 85% de los y las profesionales encuestados considera que los servicios sociosanitarios actuales no dan respuesta a todas las necesidades de mujeres, niñas y adolescentes con problemas de salud mental. La falta de recursos tiene peso, pero no es el único factor. “También es necesario revisar el modelo y la cultura institucional”, defiende Rubio, que reclama una integración real de la perspectiva de género más allá del discurso.
Para las mujeres que han participado en el estudio, la principal demanda no es únicamente terapéutica, sino de reconocimiento. “Necesitan ser escuchadas, respetadas y reconocidas como lo que son: mujeres”, resume Rubio.
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