Radiografía al fenómeno de las autolisis
Cómo leer los datos sobre suicidio: qué explican las cifras y qué no
Andoni Anseán, presidente de la Sociedad Española de Suicidología “Las estadísticas describen, pero interpretar el suicidio es muy complicado”

Campaña de prevención del suicidio / ANIOL RESCLOSA

Tras la publicación de los datos definitivos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que muestran un descenso del 4 % de las muertes por suicidio en 2024, hasta 3.953 defunciones, sin cambios relevantes en el perfil de riesgo, esta segunda pieza se centra en cómo deben interpretarse esas cifras y cuáles son sus límites. Las estadísticas permiten dimensionar el fenómeno, pero no explicarlo en su totalidad.
Así lo subraya Andoni Anseán, presidente de la Sociedad Española de Suicidología y de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio, que insiste en la necesidad de leer los datos con cautela y de no atribuirles una capacidad explicativa que no tienen. “Las estadísticas describen, pero interpretar el suicidio es muy complicado”, resume.
Las cifras no hablan solas
“En suicidio no sabemos nada: intuimos mucho, pero evidencias científicas tenemos pocas”, afirma Anseán. El registro oficial de causas de muerte permite conocer cuántas personas fallecen por suicidio y comparar su evolución en el tiempo. Sin embargo, no ofrece información sobre los procesos previos ni sobre los factores que confluyen en cada caso. “El observatorio observa: describimos; interpretar es muy, muy complicado”, añade.
La serie histórica de la última década muestra oscilaciones anuales, con repuntes y descensos, sin detectar cambios estructurales abruptos. Entre 2014 y 2024, el número total de muertes se ha mantenido en valores relativamente estables, con un máximo en 2022 y un descenso progresivo en los dos últimos años. En términos de tasas por 100.000 habitantes, el patrón es similar: variaciones moderadas sin una ruptura clara.
Edad: volumen y riesgo no son lo mismo
Tal como muestran las tablas de distribución por edad publicadas en la primera pieza, el mayor volumen de muertes por suicidio se concentra de forma persistente en las edades medias, especialmente entre los 45 y los 59 años. Este patrón se repite a lo largo del tiempo y no se ve alterado por el descenso registrado en 2024.

Evolución de las muertes por suicidio en España / Marc Darriba
En las edades más avanzadas, el número absoluto de casos es menor, pero las tasas de mortalidad son proporcionalmente más elevadas, sobre todo en hombres. Esto indica que, aunque se registran menos defunciones en términos absolutos, el riesgo relativo aumenta con la edad, especialmente a partir de los 75 años.
En el extremo opuesto, los datos en menores de 15 años son muy bajos en términos absolutos y muestran una paridad prácticamente total entre chicos y chicas, lo que evidencia que la brecha de género que aparece en etapas posteriores todavía no se ha consolidado en la infancia.
“Detrás de cada número hay una persona muy concreta que se ha quitado la vida, y no sabemos por qué”, recuerda Anseán, que insiste en que las estadísticas no permiten reconstruir trayectorias vitales ni identificar causas individuales.
Género: una variable clave, con datos incompletos
Las cifras por sexo, que muestran un claro predominio masculino en las muertes por suicidio, son uno de los datos más visibles y, al mismo tiempo, uno de los que generan más lecturas simplificadas. En 2024, cerca de tres de cada cuatro defunciones correspondieron a hombres, un patrón que se mantiene estable a lo largo del tiempo.
Sin embargo, esta información solo refleja una parte del fenómeno. En España no existe un registro estatal unificado de la ideación suicida ni de las tentativas, que se recogen de manera fragmentada a través de registros sanitarios autonómicos o encuestas de salud. “Es insostenible que en España no existan datos epidemiológicos sobre la ideación suicida y los intentos”, advierte Anseán. Según explica, estas dimensiones del comportamiento suicida solo se documentan de forma parcial en algunas comunidades autónomas, lo que impide disponer de una visión homogénea a escala estatal.
La paradoja de género es universal: se suicidan más varones, pero hay más intentos en mujeres
Es en ese ámbito donde la literatura científica describe la llamada paradoja de género. “La paradoja de género es universal: se suicidan más varones, pero hay más intentos en mujeres”, señala el presidente de la Sociedad Española de Suicidología. La ausencia de datos homogéneos sobre tentativas e ideación impide cuantificar este fenómeno a nivel estatal, pero tampoco lo contradice, ya que se refiere a dimensiones que no quedan reflejadas en las estadísticas de mortalidad.
Territorio y entorno: dónde ocurren las muertes
Más allá del quién y el cuándo, las estadísticas también permiten observar dónde se producen las muertes, aunque sin explicar las circunstancias previas. En función del municipio de residencia, las tasas muestran diferencias entre entornos urbanos y municipios pequeños, donde el peso del suicidio masculino es proporcionalmente mayor.
En este campo hay muchas más incertidumbres que certezas; desconfía de quien hable con excesiva contundencia
En cuanto al lugar de defunción, la mayoría de los suicidios se producen en el ámbito privado, principalmente en el domicilio, muy por encima de los centros sanitarios u otros espacios públicos. Este patrón se mantiene estable en el tiempo y sugiere que una parte significativa del sufrimiento no llega a los dispositivos asistenciales antes del desenlace fatal.
Sin embargo, estas cifras no permiten saber si las personas habían tenido contacto previo con el sistema de salud ni en qué condiciones. “El observatorio observa: describimos; interpretar es muy, muy complicado”, insiste Anseán.
Los límites del conocimiento
Para el especialista, uno de los principales errores en el debate público es atribuir a los datos una capacidad explicativa que no tienen. “En este campo hay muchas más incertidumbres que certezas; desconfía de quien hable con excesiva contundencia”, afirma.
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