Identidad y ciencia
¿Qué es la conciencia y dónde está? Un nuevo ensayo ofrece una sorprendente respuesta
El catedrático Ignacio Morgado traza una teoría tras analizar la controversia entre investigadores

Ilustración conceptual de un cerebro evolutivo con tres capas de consciencia sobre un fondo cósmico. / IA/T21

¿Qué es y como se crea nuestra conciencia? En el ensayo 'El espejo de la imaginación', Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en la UAB, ofrece un viaje apasionante y en ocasiones lleno de vértigo íntimo hacia el fondo de esta cuestión fundamental del ser humano. Con una conclusión final tan lúcida como sorprendente.
Cómo es la conciencia
De entrada, es de uno mismo. Es la subjetividad pura. No podemos penetrar en la de los demás. Nunca. Por eso existe la fantasía de que uno es el único ser humano y el resto es fruto de la imaginación propia. Se llama solipsismo. En segundo lugar, la conciencia no se puede conectar o desconectar simplemente deseándolo. Solo existen diferentes grados de intensidad de la conciencia. Es una para cada ser humano, no más, salvo en alguna enfermedad o bajo alguna droga. Y lo integra todo: sensaciones, pensamientos, sentimientos... Y pese a que el cerebro procesa los estímulos externos a diferente velocidad (color, movimiento), lo unifica al mismo tiempo de una manera que todavía se está estudiando.
La realidad no existe
Una de las lecciones más fascinantes del ensayo es la que afirma que la existencia de la luz, los colores, las formas, los olores que percibimos del exterior son "una de las principales ilusiones" que crea el cerebro. ¿Qué hay entonces ahí fuera? No lo sabemos, más allá de afirmar que hay materia y energía.
De hecho, tampoco podemos acceder a cómo el cerebro procesa la información para crear conciencia, pensamientos. Por eso la realidad externa a nosotros es diferente a cómo la interpreta el cerebro. En palabras del neurocientífico Christof Koch, "solo somos conscientes de los resultados de algunas computaciones que tienen lugar en nuestro sistema nervioso sobre la representación de ese mundo" exterior.
¿Habrá razonamientos artificiales?
Responden que sí el 67% de los integrantes de la Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial, convencidos de que estas máquinas podrán razonar como nosotros. Otra cosa es que, según matiza el autor, puedan llegar a tener conciencia y sentimientos. Si fuera así ¿qué autonomía tendrían? ¿Podríamos detenerlos, como al ordenador Hal de la película '2001, una odisea en el espacio", de Stanley Kubrick?
Pensar que pensamos
La metaconciencia es una de las características que solo los humanos poseemos. Un animal siente dolor, pero solo las personas podemos pensar sobre ese dolor. Pensar sobre nuestras emociones, evaluarlas. Percibimos nuestro cuerpo y percibimos nuestro 'yo'. Y nuestra mente inseparable del cuerpo. Pero eso también es una ilusión creada por el cerebro, y con experimentos bastante simples se puede percibir la mente fuera del cuerpo.
¿Cómo se crea la conciencia?
Una explicación es que la información de los sentidos se proyecta hasta áreas del tálamo (una parte del cerebro) y de allí a nuevas neuronas de la corteza cerebral, donde se produce un procesamiento jerárquico complejo, y se produce luego un feedback hasta estructuras inferiores del cerebro. Algo así como un bucle, que hace posible la conciencia. Pero no es tan sencillo, y Morgado alerta de que esta teoría tiene un problema: cómo lo hace el cerebro para evitar tener dos conciencias al mismo tiempo. Para responder, se ha elaborado la teoría de una cierta "estación final" donde el cerebro unifica todo este tránsito, todo lo que se ha procesado procedente de los sentidos. Pero esta teoría también está en cuestión.
Quien no sabe lo que busca puede no entender lo que encuentre
Otra teoría sostiene que la conciencia surge cuando una acción simple -atarse un zapato- es proyectada a otras áreas del cerebro para hablar, evocar un recuerdo o hacer otras acciones físicas.
Trabajo en equipo
Pero investigadores defienden que la conciencia surge cuando trabajan en equipo diferentes áreas cerebrales. ¿Dónde tiene lugar eso? Según estos científicos, en la región cortical posterior. Y el resultado, la conciencia, es superior a la suma de las partes. Esta teoría descarta la posibilidad de construir una conciencia artificial, porque es imprescindible que para existir la conciencia esté relacionada con todo el sistema que la hace posible. Y admiten que, en definitiva, la conciencia no deja de ser algo "mágico", más allá de la inteligencia que pueda tener una máquina.
¿Y si la conciencia no existe?
Este viaje apasionante llega incluso a teorías según las cuales la conciencia no existe. Es decir, que es una creación del cerebro humano, "una ilusión intrascendente", o un "reflejo imaginativo" de la tarea del cerebro. Pues eso, que puede generar angustia si se piensa fríamente, es lo que han defendido destacados científicos, entre ellos el premio Nobel Gerald Edelman. Una teoría que puede helar la sangre a más de uno porque en realidad define la conciencia como una mera casualidad de la naturaleza, una ilusión inocua. Morgado responde que si eso fuera así, un ser sin conciencia podría vivir también sin problemas.
¿No será, apunta el autor, que no sabemos exactamente qué estamos buscando? "Quien no sabe lo que busca puede no entender lo que encuentre". Quizá, como apuntan los investigadores Edelman, Gally y Baars, es que el sentimiento de la conciencia no puede ser explicado en términos científicos.
La metáfora del espejo
Morgado opina que la conciencia es el fruto de la evolución, de la selección natural, para que el cerebro pueda llevar a cabo sus funciones adaptativas. Quien da la orden para retocarse el peinado ante el espejo soy yo, basándome en la información que me da el espejo. La conciencia hace lo mismo: trabaja a partir de lo que le aporta la corteza cerebral. Es una retroalimentación intrínseca. Y la consecuencia es que se aumenta el aprendizaje y la flexibilidad adaptativa de un modo que ninguna máquina puede hacer. Además, "la conciencia nos hace sentir que somos alguien", apunta el autor.
Pero de nuevo llega el callejón sin salida: ¿Si la conciencia es una ilusión, cómo afecta luego al cerebro en esa retroalimentación? Morgado responde que quizás el problema es que el cerebro es suficientemente capaz de entender esta subjetividad y cómo la materia se convierte en pensamiento. Igual que un chimpancé no puede resolver una raíz cuadrada.
¿Un problema sin solución?
Conclusión: quizás no sabemos lo que estamos buscando, según el catedrático. Es como preguntarse por qué un determinado guiso genera un sabor concreto. ¿Saberlo cambiaría mucho el resultado de cocinarlo, cuando lo que es necesario es combinar bien los ingredientes y saber el tiempo de cocción?
Y dado que la selección natural tiende a promover cosas útiles, quizás no hemos sabido todavía qué es la conciencia humana porque no es especialmente necesario saberlo, para nuestras vidas.
Fuera del cerebro y el pensamiento no sabemos lo que hay, pero al menos, concluye Morgado, el cerebro nos hace un regalo: "la conciencia, el espejo de la imaginación".
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