Salud y comunidad
La revolución holandesa que cambia los cuidados y la salud mental
De Hogeweyk, el pueblo de los cuidados de los Países Bajos, inspira una nueva manera de entender los cuidados y la salud mental en la dependencia
"Las personas necesitan un apoyo centrado en quiénes son, no en su enfermedad", explica

Eloy Van Hal, fundador de Hogeweyk. / Ferran Nadeu / EPC

Cuando pensamos en “cuidados”, solemos imaginar instituciones: horarios rígidos, pasillos largos, puertas cerradas y una vida reducida a rutinas sanitarias. La persona pasa a ser paciente. El espacio deja de ser hogar. La cotidianeidad desaparece. Pero hay lugares donde esto no ocurre. Uno de ellos es De Hogeweyk, un pequeño “pueblo de cuidados” que los Países Bajos han convertido en referente mundial. Aunque nació para personas con demencia, sus lecciones van mucho más allá del diagnóstico: hablan de autonomía, identidad, ritmos vitales y salud mental.
“Siguen siendo personas, no pacientes”
Eloy Van Hal, fundador de De Hogeweyk, resume en una frase lo que a menudo se olvida cuando alguien entra en un recurso residencial: “Las personas que necesitan cuidados de larga duración siguen siendo personas, y no pacientes, el 95% del tiempo. Necesitan un entorno de vida normal y una vida social humana”. Una afirmación aparentemente sencilla, pero que cuestiona de raíz cómo organizamos los cuidados en Europa.
Las necesidades reales: entornos reconocibles y apoyo humano
Cuando le preguntamos cuáles son las necesidades básicas de salud mental de las personas que requieren apoyo continuado, Van Hal lo tiene claro: “Un apoyo centrado en quiénes son, no en su enfermedad. Necesitan un cuidado más humano”. Ese es el hilo conductor del modelo: poner en el centro no el diagnóstico, sino la vida previa, los ritmos personales, la identidad y las preferencias.
En De Hogeweyk hay 27 casas, donde las personas conviven según estilos de vida: preferencias culinarias, música, ritmos de sueño, modo de entender la convivencia y la socialización. No es decoración: es una intervención de salud mental basada en continuidad, familiaridad y pertenencia.

Eloy Van Hal, fundador de Hogeweyk. / Ferran Nadeu / EPC
Romper con la institucionalización
Respecto al principio psicológico que guió el proyecto, Van Hal responde sin tecnicismos: “Queríamos romper con la institucionalización. Crear un entorno de vida normal y reconocible donde las personas fueran vistas y tratadas como individuos, no como pacientes”. De ahí nace la idea del “pueblo”: calles, tiendas, plazas, pequeñas casas, puertas que no se cierran con llave.
En su charla en el reciente WeMind Forum, celebrado en Barcelona, Van Hal lo ha explicado con una pregunta incómoda: “Imagina que te encerraran en esta sala para el resto de tu vida. ¿Qué haría eso contigo?”. Y añade: “La institucionalización hace que las personas dejen de sentirse reconocidas, cómodas o felices. Y eso influye negativamente en cómo se sienten y cómo actúan”. La primera intervención, por tanto, no es clínica: es ambiental, humana y emocional.
La psicología de poder decidir
En lugar de horarios impuestos, en De Hogeweyk cada persona puede elegir qué come, decidir a qué hora se levanta, salir a caminar cuando quiere, comprar el pan o simplemente sentarse al sol. Acciones aparentemente triviales que tienen un efecto directo sobre la salud mental porque refuerzan la autonomía, la agencia personal y la sensación de seguir viviendo la propia vida. “Todo el mundo necesita tomar decisiones a cada minuto, incluso cuando necesita apoyo. Es una parte esencial del bienestar”, explica. Ese sentido de control —aunque sea parcial— es uno de los factores protectores más potentes contra la ansiedad, el malestar y la pérdida de identidad.
Menos control, más relación
El modelo también transforma el rol del personal: dejan de ser “gestores de rutinas” para convertirse en aliados de la vida cotidiana. En vez de controlar, anticipan; en lugar de dirigir, acompañan; en lugar de imponer, escuchan. Cuando la persona no se siente controlada ni infantilizada, sus niveles de ansiedad bajan, las conductas defensivas disminuyen y las relaciones se vuelven más fluidas. Es salud mental aplicada desde lo cotidiano.
Más allá de la demencia: un cambio de paradigma para todos los cuidados
Aunque De Hogeweyk se diseñó para personas con demencia, sus principios son aplicables a cualquier contexto de dependencia o vulnerabilidad: problemas de salud mental, envejecimiento en general, discapacidad física orgánica o intelectual, soledad no deseada o recursos residenciales y comunitarios diversos.
Los fundamentos son universales: un entorno reconocible, apoyo humano y no solo asistencial, ritmos personales y libres, autonomía en la vida diaria, comunidad e interacción y espacios que generan calma, no estrés. Nada de lo que funciona en De Hogeweyk depende exclusivamente de la demencia: depende de cómo tratamos a las personas y cómo organizamos los espacios.
El futuro de los cuidados: menos instituciones, más vida
El modelo neerlandés deja una pregunta de fondo: ¿Cómo queremos ser cuidados nosotros? Una cosa está clara: Lo que protege la salud mental no es vivir en un lugar “perfecto”, sino vivir en un lugar reconocible, amable y propio. Van Hal lo resume con claridad: “Las personas necesitan un entorno de vida normal y una vida social humana. Eso es lo que preserva su bienestar”. En un momento en que Europa afronta un envejecimiento masivo y una crisis de cuidados, De Hogeweyk nos recuerda algo esencial: cuidar es preservar la vida, no gestionar la dependencia.
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