Salud mental
¿Qué es el TDAH que tiene Rosalía? Los psiquiatras discrepan sobre el diagnóstico y tratamiento
Los prestigiosos Aaron Winkler y Amin Benyamina, esta semana en el WeMind International Forum en Barcelona, explican por qué el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad se sobrediagnostica y se infradiagnostica
Los profesionales desmontan los mitos y las desigualdades del diagnóstico y revelan la dimensión humana que a menudo se pasa por alto
Rosalía cuenta que tiene TDAH, pero no se trata: "Me distraigo mucho con los sonidos de ambiente"

La cantante Rosalía. / Noah Dillon - Sony Music

Rosalía ha sido protagonista del espacio de entrevistas en Youtube 'Subway Takes', fundado por el comediante egipcio-estadounidense Kareem Rahma. Durante la conversación, la artista ha desvelado algo que hasta ahora no se sabía, que padece trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y también ha explicado cómo esto le afecta a su día a día, así como a su proceso creativo. "Me distraigo mucho con los sonidos de ambiente", ha relatado la artista antes de sacar el tema. "Tengo TDAH", ha confesado.
¿Qué es el TDAH?
La propia cantante ha explicado que no toma medicación, que "lo deja estar" y no ha intentado controlarlo nunca. Detalla que su mente "va muy rápido" y esto le dificulta concentrarse. Pero observa este trastorno como algo que le hace ser "más creativa". La mejor manera de manejarlo es "aprovechar el TDAH y dominarlo".
¿Moda, invento, excusa o trastorno?
El TDAH es uno de esos diagnósticos que todo el mundo cree conocer, ya sea por exceso o por defecto. Durante años se consideró una moda, un invento de la industria farmacéutica o una simple excusa para justificar un comportamiento difícil. Al mismo tiempo, miles de personas han crecido sin recibir el apoyo que necesitaban, viviendo con culpa, frustración y la sensación persistente de “fallar” en un mundo que no entendía su manera de funcionar.
El diagnóstico es más frecuente en familias con recursos: una evaluación neuropsicológica cuesta entre 300 y 600 euros. No todo el mundo puede asumirlo
El movimiento del péndulo
El psiquiatra francés Amin Benyamina sitúa el problema en un movimiento pendular que dura décadas: “Hemos pasado de una época de infradiagnóstico a otra de sobrediagnóstico, y ahora estamos corrigiendo”. Durante años, explica, el TDAH no fue realmente aceptado en Europa. Era un diagnóstico que despertaba recelos, vinculado a modelos norteamericanos considerados excesivamente medicalizadores. Con la adopción de criterios diagnósticos internacionales, muchos niños que “parecían inteligentes, pero no encajaban en la escuela” empezaron a recibir un nombre para lo que les ocurría.
El riesgo, sin embargo, fue pasar de la invisibilidad sistemática a un uso demasiado generoso de la etiqueta. Winkler, desde Estados Unidos, aporta perspectiva histórica: “Este movimiento hacia arriba y hacia abajo sucede desde los años 80. Cada ocho o diez años hay un pico, un rechazo y un repunte”.
Diagnosticar cuesta dinero: desigualdades que pesan
Una de las dimensiones más incómodas es la desigualdad socioeconómica. Benyamina lo expone sin rodeos: “El diagnóstico es más frecuente en familias con recursos: una evaluación neuropsicológica cuesta entre 300 y 600 euros. No todo el mundo puede asumirlo”. Esto genera un sesgo claro: por un lado, niños de clases altas más diagnosticados y tratados (a veces en exceso); por otro, los niños de familias vulnerables invisibilizados y sin apoyo.
Empresas que presionaban para diagnosticar TDAH porque eso obligaba al paciente a volver cada mes. Así es como se hace negocio
Y sí, la industria farmacéutica desempeña un papel, pero matizado: “La parte de la industria es real, pero pequeña comparada con la necesidad de detectar y tratar”. Aaron Winkler, psiquiatra estadounidense, añade el caso de plataformas digitales que convirtieron el TDAH en un negocio recurrente: “Empresas que presionaban para diagnosticar TDAH porque eso obligaba al paciente a volver cada mes. Así es como se hace negocio”.
Una sociedad acelerada que no tolera la diferencia
Ambos expertos coinciden, en el WeMind International Forum en Barcelona en que nuestra manera de vivir exacerba tanto los síntomas como la percepción social del trastorno. Benyamina apunta: “Vivimos en una sociedad intolerante a todo lo que no está organizado. Somos inmediatos, dormimos mal, comemos mal… y no queremos ver sus efectos”.
"El TDAH es simple y complejo, no se puede explicar en un TikTok"
Winkler lo expresa así: “La cultura actual necesita simplificaciones. Pero el TDAH es simple y complejo a la vez, y eso no se puede explicar en un TikTok”. Esta tensión —entre un mundo acelerado y personas con ritmos internos distintos— es clave para comprender el ruido diagnóstico y el estigma, insiste.
Culpa, intensidad y una manera diferente de estar en el mundo
La mirada de Winkler es especialmente poderosa porque habla desde la clínica y desde la vida real: “A menudo se convierten en el vertedero emocional del grupo. Llegan tarde, olvidan cosas… y acaban asumiendo culpas incluso cuando no les corresponde”.
Cuando llega el diagnóstico, el efecto puede ser ambiguo: “A algunos les da una explicación, una identidad. Pero también puede derivar en un ‘no es culpa mía, así que no puedo hacer nada’”. Benyamina refuerza la necesidad de humanizar: “Olvidamos la dimensión afectiva. Detrás de un TDAH hay niños y adultos angustiados, con miedo. Necesitan apoyo emocional, no solo medicación”.
Diagnosticar bien: menos escalas, más relación
Los sistemas diagnósticos son útiles, pero tienen límites. Benyamina defiende un enfoque más humano: “No todo son escalas. La relación clínica debe ser central”. Winkler advierte que a menudo se confunden tres realidades muy distintas: el TDAH es real, no una etiqueta para conductas disruptivas; el uso instrumental de la medicación para rendir más agrava el estigma; y todos podemos tener conductas problemáticas sin tener TDAH. Esta confusión, dice, “alimenta el estigma y desorienta a la sociedad”.
A algunos les da una explicación, una identidad. Pero también puede derivar en un ‘no es culpa mía, así que no puedo hacer nada
La reflexión final de Winkler es tan clara como humanista: “El TDAH no es una elección. El ‘float away’, la desconexión, la necesidad de intensidad… todo esto ocurre de manera inconsciente y se gesta antes de los cinco años”. Y añade una distinción crucial: “La diferencia entre quien tiene TDAH y quien hace daño deliberadamente es enorme. El primero pide perdón; el segundo manipula”. Benyamina también cierra con esperanza: “El futuro es una psiquiatría personalizada y biopsicosocial”.
Una forma de ver y sentir
El TDAH sigue siendo un punto ciego social: demasiados mitos, demasiado ruido y muy poca comprensión real. Las voces de Benyamina y Winkler recuerdan que este trastorno no es solo un diagnóstico, sino una manera diferente de sentir y habitar un mundo que a menudo va demasiado deprisa.
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