Política y salud mental
Decálogo emocional de Jordi Pujol
"Llevaré una carga muy pesada, vivir muchos años no me hace ilusión", confiesa
Ha apelado siempre a la responsabilidad y a la ética y mantiene su fe católica

El expresidente de la Generalitat de Cataluña Jordi Pujol durante un acto de homenaje en la Casa-Museo Prat de la Riba. / Kike Rincón - Europa Press

Jordi Pujol y toda su familia se enfrentan desde este lunes a un juicio en el que se les acusa de haberse enriquecido de forma ilícita durante décadas. Para él se pide 9 años de cárcel por asociación ilícita y blanqueo de capitales. Pujol encara un proceso judicial que parte por la mitad uno de los principios que abanderó durante toda su vida, el de la ética y la responsabilidad. Pujol es una de las figuras clave para entender la Catalunya contemporánea. Este es el decálogo emocional y moral de un padre de familia católico, banquero, fundador de Convergència y 'president' durante 23 años.
Amor
Pujol nunca ha hecho exhibición de actitudes amorosas, cariñosas o románticas, al menos en público. Es conocido, porque él mismo y su fallecida esposa Marta Ferrusola lo han explicado, que al declararse a su futura mujer le dijo que la amaba pero que por encima de ese amor estaba el amor por Catalunya. También ha admitido que no fue un buen padre para sus siete hijos porque se dedicó casi íntegramente a la banca primero y a la política después.

Marta Ferrusola y Jordi Pujol. / EP
Ira
No ha sido habitual verle enojado pero cuando lo ha hecho -siempre de forma muy calculada- ha logrado captar la atención. En una visita como 'president' a Santa Coloma de Gramenet, cuando diversos vecinos apedrearon su coche oficial en una protesta, salió del coche y riñó con vehemencia a todos ellos, para luego ofrecerles un diálogo basado, siempre, en sus normas previas de comportamiento. En castellano, sentenció: "¡Cállese usted, luego le daré la palabra (...) ¡No vamos a hablar, con gente que tira piedras lo máximo que podemos hacer es no detenerles!".
Otro momento clave de su carrera política fue el golpe de enojo que exhibió en un acto que supuestamente era la puesta de largo de su sucesor, Artur Mas. "¡¿Quién se han creído que somos nosotros?!", gritó en relación a la oferta de José María Aznar de que CiU entrara en el Gobierno español.
Amenaza y contraataque
Pujol controla perfectamente su capacidad de atraer la atención. E incluso ya bajo el peso de la acusación por haber estafado millones a Hacienda, salió al contraataque en el Parlament y advirtió en tono amenazador a todos que si se sacudía demasiado el árbol (la estructura política), otros podrían sufrir las consecuencias. "Si vas segando la rama de un árbol, al final cae toda la rama, todos los nidos que hay... 'No, es que después caerá ese de ahí' ... ¡No, no, es que después caerán todos!".

Jordi Pujol. / Laura Guerrero
Dolor y esperanza
La trayectoria del joven Pujol como cristiano y activista antifranquista tiene su punto álgido en la detención que sufrió por los 'fets del Palau', las torturas que sufrió y el encarcelamiento. "Creer es una necesidad humana", asegura. Y tras el escándalo por haberse descubierto que toda la familia disponía de dinero oculto en Andorra, publicó un libro con un título elocuente: "Entre el dolor y la esperanza".
Se acusó públicamente de haber obrado mal, pero no abandonó la esperanza. Sobre los hechos que se valoraran en el juicio que hoy comienza, Pujol esgrime que su formación intelectual y moral "tiende a asumir la propia responsabilidad". "Llevaré una carga muy pesada, vivir muchos años no me hace ilusión", afirma en privado. Sin embargo, ese dolor (que lo llevó a ubicarse en un modestísimo despacho en la calle Calàbria de Barcelona y a evitar toda actividad pública) no ha impedido que dejara la esperanza.
Ideas, valores y actitudes
Pujol fundó una revista, ya como 'expresident', llamada IVA (Ideas, Valores y Actitudes). Durante toda su vida, y en repetidas conferencias, proclamó que sin estas herramientas éticas no se puede avanzar. Apelaba a la responsabilidad individual y rechazaba el "buenismo". Y se refería a una de las características del catolicismo, que es la de "hallar gozo en la vida". "La salvación es individual", proclamaba. A menudo defendió la política como un oficio noble, uno de los pocos en que se imponía el cainismo.
Tristeza
Pujol no ha sufrido nunca problemas de salud mental, al menos así lo explica él mismo. Otra cosa es que, sin duda, ha pasado por momentos de tristeza, que ha llevado con notable estoicismo en público, al ver morir a su mujer y a la mayoría de sus principales colaboradores (Prenafeta, Alavedra, Jaume Camps) y amigos, como mossèn Ballarín.
Miedo
Pujol se ha mostrado siempre como una persona valiente, firme, decidida. El único miedo confesado a su entorno es el de no ser bien tratado por la Historia, por el caso que lleva a juicio a toda su familia. Pero este miedo ha ido disipándose, al menos en su entorno, a medida que se ha ido desplegando una campaña de restitución de su figura. Y el eventual miedo que podría sentir al salir de casa y recibir insultos, se ha convertido en muestras de reconocimiento de instituciones, personalidades y colectivos diversos en los últimos años. Hasta el punto de que quien le despojó de sus atribuciones de 'expresident', Artur Mas, ha afirmado incluso en una entrevista a EL PERIÓDICO, que la confesión de Pujol fue un error.
Modestia
Es sabido que el 'expresident' exhibía que en su domicilio de la calle General Mitre de Barcelona no había lujo, que los muebles eran los mismos desde hace 65 años. Ni en su manera de vestir, ni en sus gustos culinarios, no ha sido ostentoso. A menudo una porción de pizza y una Coca-Cola han sido su manera de almorzar. Lo cual no es incompatible con un interés notable por controlar cómo se habla de él en todos los ámbitos, y estar pendiente de la prensa para observar la repercusión de sus políticas, en especial en los medios de comunicación afines. Su gran capacidad de memoria le hace recordar perfectamente conferencias que dictó o artículos que publicó muchos años atrás.
Responsabilidad
Pujol se siente responsable de lo sucedido y lo asume. Sabe que la financiación de los partidos políticos, por otra parte, durante años se ha hecho de formas muy diversas, mucho más allá de los ingresos por las cuotas de los militantes. Pero en esta, como en otras cuestiones políticas y económicas, el 'expresident' es dueño de sus silencios, muchos de los cuales (pese a sus memorias, pese a numerosas publicaciones suyas o sobre él) se los llevará a la tumba.
Humor
Pujol controla el escenario, incluso cuando parece divagar en sus discursos. Su sentido del humor no pasará a la historia pero sí su capacidad para destensar una situación con una anécdota, como la de que en un viaje a China dijo que Catalunya tenía 6 millones de personas y el gobierno chino le contestó: "¿En qué hotel se alojan?". La anécdota, por supuesto, no es real. Bromeó una ocasión con su mujer en un acto público y esta le contestó con una bofetada a medio camino entre el cariño y el enojo. Sobre sus imitaciones en el programa 'Polònia' de TV-3, dijo que estaba bastante bien lograda. "Maragall dice que no dice nunca eso de 'qué cabrón'; al final el Maragall y el Pujol que valdrán serán estos, nos conocerán más por el 'Polònia' que en realidad", comentó un día entre sonrisas.
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