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Ficción y salud mental

Las nuevas series reinventan la profesión de terapeuta y desmontan prejuicios

De la figura autoritaria de los años setenta al profesional vulnerable y humano de hoy

Una crítica de EL PERIÓDICO y un psicólogo analizan cómo la TV ha cambiado nuestra mirada sobre la terapia

Francesc Orella, en 'Días mejores'.

Francesc Orella, en 'Días mejores'. / EPC

Marc Darriba

Marc Darriba

Barcelona
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La ficción no solo nos entretiene, sino que también ha modelado la manera en que entendemos las emociones y la necesidad de pedir ayuda. Esta evolución del psicólogo en las series de los últimos 30 años cobra más sentido que nunca, al haberse celebrado el Día Internacional de la Televisión, el 20 de noviembre.

Un terapeuta hombre, distante, blanco e infalible

Durante décadas, la televisión representó a los psicólogos como figuras de autoridad: hombres blancos, racionales y seguros de sí mismos. “En los años setenta y ochenta, el psicólogo era una herramienta para resolver tramas. No mostraba emociones”, recuerda Marisa de Dios, crítica de televisión de EL PERIÓDICO. Era el doctor que dictaminaba y ponía orden, pero que nunca dudaba ni se implicaba.

En España, su presencia era todavía más anecdótica: “En ‘Al salir de clase’ o ‘Compañeros’ aparecían como un elemento de ambiente, no como personajes complejos”, apunta.

El primer giro llegó en los noventa con 'Frasier', que introdujo humor y cotidianidad sin profundizar de forma realista en la terapia. Pero la verdadera inflexión estaba a punto de llegar.

'Los Soprano' e 'In Treatment': el terapeuta como persona, no como figura

En 1999, 'Los Soprano' lo cambia todo: la doctora Melfi no es solo la profesional que escucha a Tony, sino un personaje con vida propia, contradicciones y sufrimiento. “Es la primera vez que el público ve al terapeuta fuera de la consulta”, explica De Dios. La psicología deja de ser un accesorio y pasa a ser narrativa.

En los 2000, 'In Treatment' da un paso más: toda la acción transcurre en la consulta, con silencios, repeticiones, matices. Para Jaume Descarrega, psicólogo clínico, psicoanalista y miembro de la Comisión de Cultura del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC), es una serie clave: “Muestra la parte nuclear de la terapia: el vínculo. El terapeuta no es quien lo sabe todo; es quien acompaña, escucha y ayuda a reordenar el rompecabezas emocional del paciente”. Ese matiz, dice, es fundamental: “la terapia real no es un diagnóstico instantáneo; es proceso”.

De la consulta a la calle

En los años 2010, las series se abren a un universo emocional más coral: 'BoJack Horseman', 'Sex Education', 'Ted Lasso'. Las emociones son compartidas; las vulnerabilidades, visibles; el apoyo, comunitario. “Es un reflejo de que la salud mental deja de ser un tema privado para convertirse en un tema social”, explica la crítica. Ted Lasso, por ejemplo, muestra a un equipo entero aprendiendo a convivir con la presión, el trauma o la ansiedad. También la comedia aporta lo suyo. En 'La que se avecina', la figura del psicólogo es una caricatura, pero para De Dios “puede ayudar a quitar hierro al hecho de ir a terapia, si se entiende en clave humorística”.

En Catalunya, un antecedente interesante fue 'Psico exprés' (TV3, 2009), que imaginaba un pequeño gabinete psicológico abierto las 24 horas, donde los terapeutas atendían insomnios, crisis íntimas o angustias cotidianas por chat, videollamada o consulta exprés. Lo hacían con humor blanco, ternura y finales optimistas. “Pese a su ligereza, normalizaba pedir ayuda y mostraba que los terapeutas también tienen contradicciones”, señala Descarrega. “Acercar la psicología a la vida cotidiana tiene un valor indiscutible”.

Lo que la tele puede mostrar… y lo que no

La ficción es útil, pero también limitada. “La tele simplifica por necesidad, no puede mostrar todo el proceso terapéutico”, dice De Dios. Descarrega concreta: “El riesgo es hacer creer que la terapia es rápida, lineal o ‘bonita, breve y barata’. La mayoría de procesos no son así”. Lo que sí puede mostrar —y muy bien— es la importancia de la escucha, de la palabra, de la confianza. “Cuando una serie retrata bien el sufrimiento y el proceso, puede ser más útil que un manual”, afirma. Cita “Yo, adicto” como ejemplo de responsabilidad emocional.

Cuando la ficción atraviesa la consulta real

En la práctica clínica, la influencia ya se nota. “Hay pacientes que llegan con expectativas de serie: conversaciones breves y revelaciones instantáneas”, explica el psicólogo. “Pero también está el efecto positivo: la puerta ya está medio abierta”. Marisa de Dios también lo detecta: “Las series han normalizado ir a terapia. Han desmontado prejuicios”. En “Días mejores”, por ejemplo, los personajes aplican lo que trabajan en consulta. “Eso es importantísimo”, dice.

Hacia terapeutas más diversos, más humanos y más reales

Ambos coinciden en que el futuro pasa por ampliar miradas: más diversidad, más realismo y más complejidad. “Las historias pedirán terapeutas distintos”, dice De Dios. “Necesitamos ver terapeutas humanos, no dioses”, remata Descarrega. “Porque así es como hacemos terapia de verdad”.

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