Psicología
Así es como se debe construir la felicidad según el psiquiatra Javier Quintero
Los hábitos tienen una gran repercusión en nuestra salud mental

Construir la felicidad / Yuri Arcurs / 123RF

Javier Quintero, psiquiatra experto en salud mental y bienestar propone una idea clara y poco cómoda: la felicidad no se encuentra por azar ni se alcanza al cumplir metas externas, sino que se entrena, se cultiva y se practica. En sus palabras, "la felicidad no se improvisa, se entrena. Es un hábito silencioso que se construye". Esta afirmación rompe con la imagen idealizada de la felicidad como un destino lleno de luz, sin tropiezos, ni sombras.
Desde su enfoque clínico, Quintero advierte que hemos comprado una versión mágica de la felicidad, casi como si fuera un derecho automático al que accedemos cuando la vida "va bien". Sin embargo, insiste en que se trata de un proceso activo que involucra decisiones conscientes, persistencia y, sobre todo, una actitud de presencia. "Es mucho más fácil distraerse que detenerse, y culpar a los demás del devenir de uno", explica. En otras palabras, la felicidad no es algo que alguien o algo te da, sino una responsabilidad personal que exige implicarse.
Este tipo de planteamiento es especialmente relevante en una época como la actual, en la que el bienestar emocional se ha convertido en un producto más. Las redes sociales, la autoayuda exprés y la presión por "ser feliz" han convertido la felicidad en un mandato. Frente a esa lógica, el experto propone una alternativa menos vistosa, pero más profunda: el trabajo interior sostenido.
Lo importante no es llenar el vaso, sino cambiar de vaso
Uno de los cambios de mirada que propone el experto tiene que ver con dejar de medir la felicidad por la cantidad de logros o placeres que acumulamos. La conocida metáfora del "vaso medio lleno o medio vacío" da un giro inesperado: "cambiar de vaso". Es decir, dejar de mirar la vida desde un marco de carencia o expectativa permanente y empezar a usar otro "recipiente emocional" más flexible, hecho de aceptación y curiosidad.
Este cambio supone abandonar la idea de que seremos felices cuando todo encaje, y empezar a valorar lo que ya está presente. "El nuevo vaso representa una mente flexible, capaz de disfrutar plenamente de lo que la vida nos regala sin esperar nada más", señala. En ese sentido, la felicidad se parece más a una forma de mirar que a un lugar al que se llega.
Para Quintero, algo de los que habla en "¿Cómo estás?", una de las creencias instintivas más perjudiciales es pensar que la felicidad solo llega cuando todo va bien. Esta idea, profundamente instalada, nos aleja del bienestar real porque genera una búsqueda permanente de condiciones ideales. En su lugar, plantea reeducar al cerebro para aceptar la incomodidad como parte del crecimiento y aprender a convivir con la incertidumbre.
Este tipo de enfoque implica también una revisión de nuestras expectativas: dejar de esperar una vida sin errores, sin contradicciones ni emociones incómodas. La madurez emocional, sostiene, no consiste en eliminar el malestar, sino en comprenderlo e integrarlo sin que condicione toda nuestra experiencia vital.
La diferencia clave entre placer y felicidad
Una de las grandes contribuciones de Javier Quintero es la diferenciación entre placer y felicidad. "El placer es momentáneo, mientras que la felicidad es duradera", sostiene. Aunque ambos pueden convivir, confundirlos suele llevar a la frustración. Vivimos en la cultura de la inmediatez, donde se premia lo rápido y lo visible, y eso choca frontalmente con el carácter lento, profundo y silencioso de la felicidad real.
El placer, explica, activa un circuito biológico muy determinado: se genera en el deseo, se refuerza en la acción, pero pronto decae, dejando incluso una sensación de vacío. Por eso puede ser adictivo. En cambio, la felicidad se construye desde el equilibrio entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Es una coherencia interna que se entrena a través de la conciencia emocional.
No se trata de rechazar el placer, sino de entender su lugar. "Felicidad y placer pueden y deben convivir, pero sabiendo que son caminos diferentes", aclara. Lo importante es no perseguir uno esperando conseguir el otro. Porque el problema no es disfrutar de un logro, sino creer que ese momento fugaz representa la totalidad del bienestar.
Además, confundir felicidad con placer perpetúa la idea de que necesitamos estímulos constantes para estar bien. Y eso no solo agota, sino que genera una trampa emocional: cuanto más necesitas, menos disfrutas. Según el experto, cultivar la felicidad implica precisamente lo contrario: aprender a estar en calma incluso cuando no hay estímulo externo.
Conexión, entrega y conciencia emocional: los pilares del bienestar
Lejos de las recetas simplistas, Quintero defiende que la felicidad se construye sobre pilares concretos: la conexión con los demás, la entrega significativa y la conciencia emocional. "La entrega, el cuidado del otro, es uno de los gestos más humanos", afirma. Pero no se trata de dar lo que nos sobra, sino de compartir lo que tenemos con las personas importantes para nosotros. Lejos de ser una pérdida, la entrega multiplica.
En este punto, introduce una visión menos narcisista del bienestar: no solo es importante cuidarse para uno mismo, sino también para cuidar a otros de manera genuina. La felicidad como proyecto colectivo, no solo individual.
La conciencia emocional, por su parte, es fundamental para gestionar los altibajos. "La felicidad no se presenta como algo instantáneo, sino como un estado de equilibrio y armonía", afirma. Requiere poder identificar, nombrar y sostener emociones, incluso las desagradables. Y ese proceso no se entrena con fuerza de voluntad, sino con presencia: "estar atento a cómo nos sentimos sin juzgarlo".
Además, la conciencia emocional no implica controlarlo todo, sino saber acompañarse incluso en los momentos de desborde. Implica reconocer que a veces no estamos bien, y que eso también forma parte de una vida plena. El bienestar no es la ausencia de malestar, sino la capacidad de sostenerlo sin romperse.
Una práctica diaria que no busca perfección
El experto insiste en que la felicidad no es un estado permanente ni garantizado. Tampoco es una meta que se alcanza y ya. "No automatizamos la felicidad, sino la disposición para reconocerla", explica. En otras palabras, lo que se entrena es la capacidad de ver el bienestar incluso en días grises, de mantener la coherencia interna, aunque la vida no sea perfecta.
Quintero lo resume de forma clara: "La felicidad no necesita ser protegida, sino ser practicada". Y ese ejercicio cotidiano implica mirar hacia dentro, ajustar expectativas, desarrollar conciencia emocional, y conectar con otros desde la entrega y la autenticidad.
Solo así, con paciencia, presencia y una buena dosis de realismo, se puede construir una felicidad que no dependa del brillo externo, sino de una calma interna mucho más resistente. Y, sobre todo, se puede vivir con menos miedo a no estar siempre bien.
* Ángel Rull, psicólogo.
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