Salud mental y conflicto familiar
Guía para padres separados que discrepan sobre el tratamiento psicológico de su hijo
"Acabar en un juzgado tiene consecuencias emocionales para los niños", avisa el psicólogo y mediador Javier Wilhelm

Una imagen de una pareja que decide iniciar los trámites de divorcio. / Cedida

Pasa a menudo. Lo saben los psicólogos y lo sufren los menores: padres que se separan y no se ponen de acuerdo en si su hijo ha de ir o no al psicólogo, ha de seguir o no determinado tratamiento psiquiátrico o tomar cierta medicación. ¿Qué sucede entonces? Si la discrepancia persiste hasta el infinito, acaba siendo un juez el que decide si la niña o el niño deben o no ir a terapia o tomar determinada medicación. Para evitar llegar a este extremo, el Col·legi Oficial de Psicologia dispone de una herramienta, útil para tantas otras facetas de la vida: la mediación.
Cuando la gente habla de sus preocupaciones, la otra parte puede entender de donde procede una negativa"
"Cuando me encuentro en casos así, con el riesgo de que acaben en el despacho de un juez, siempre pregunto a ambos progenitores: intentad saber cuanto tiempo tendrá el juez para estudiar la vida de vuestra familia. Además, llevar a un niño o una niña a un juzgado no es poca cosa, tiene consecuencias emocionales para ellos". Así lo explica Javier Wilhelm, psicólogo y presidente de la sección ACR del Col·legi: Alternativas de Resolución de Conflictos.
"La gente cree que ir al psicólogo es estar muy mal"
Los conflictos son habituales y todavía tienen en buena medida su origen en el tabú que sobrevuela la salud mental, la psiquiatría y los tratamientos, en especial cuando se propone iniciarles en niños. "La gente todavía cree que ir al psicólogo es estar muy mal o necesitar medicación", explica este profesional. Otro factor que influye en el conflicto es, en ocasiones, el ánimo de fastidiar al otro progenitor, sin más.
Por encima de todo está la voluntad del niño de venir a terapia y seguir viniendo
Por tanto, la tarea de la mediación consiste fundamentalmente en vencer los miedos de uno de los progenitores: "No se trata de convencer a uno u otro sobre qué hacer sino saber qué les preocupa, porque cuando les das la oportunidad de hablar de sus miedos y angustias, entienden que son miedos legítimos y que se puede hablar, se puede negociar". Por ejemplo, a qué profesional llevar al menor, o analizar si necesita medicación o no.
El trabajo con el menor
En estas mediaciones también el menor recibe un apoyo personalizado, porque también se generan en ocasiones conflictos entre padres e hijos: padres que sí están de acuerdo con un tratamiento, que los hijos no quieren seguir. "Por encima está la voluntad del niño de venir a terapia y seguir viniendo; yo siempre les digo, cuando acaba la sesión: 'tú decides venir o no otra vez', y eso les hace sentir muy valorados".
¿Quién necesita ayuda?
Cuando los terapeutas, sobre todo los que se dotan una mirada sistémica, analizan la situación familiar, a menudo también se dan cuenta, en palabras de Wilhelm, de que "a veces es más fácil pensar que son los hijos los que necesitan ayuda en lugar de pensar que ellos también la necesitan".
Un gran porcentaje de acuerdos
Por suerte, la larga experiencia de este experto en mediación le lleva a afirmar que en un alto porcentaje de casos se llega a un acuerdo. "Cuando la gente habla de sus preocupaciones -describe- la otra parte puede entender de donde procede una negativa o un empecinamiento; de lo contrario, nos quedamos en la parte superficial del conflicto".
La conclusión de este tipo de vivencias psicológicas tiene que ver con "la importancia de hablar y crear espacios de escucha y también traducir, porque en ocasiones cuando estás en conflicto no puedes ni aguantar la voz del otro ni escuchas lo que dice, y yo tengo que hacer el trabajo de traducir", concluye Wilhelm.
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