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Música y emociones

Chequeo emocional al 'Lux' de Rosalía: la luz que aprende a amar la oscuridad

El cuarto álbum de Rosalía es una sinfonía en cuatro movimientos: de la fe al deseo, del cuerpo a la trascendencia.

Un viaje sobre la fe, la culpa y la necesidad de aprender a perdonarse

Canción a canción, de Daft Punk a los coros de su hermana Pili

Así es LUX, el nuevo álbum de Rosalía

Así es LUX, el nuevo álbum de Rosalía

Marc Darriba

Marc Darriba

Barcelona
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Hay discos que no se escuchan: se atraviesan. 'Lux', el cuarto álbum de Rosalía, es una sinfonía espiritual en cuatro movimientos que va de la fe al deseo, del cuerpo a la trascendencia. Una misa contemporánea donde la voz se vuelve plegaria, el beat se transforma en latido y la luz —su palabra central— aprende a convivir con la oscuridad que la hace posible. También es un viaje psicológico: una travesía de conciencia en la que la artista pasa por la duda, la culpa y el autorreconocimiento hasta alcanzar la serenidad.

El deseo de Dios y la caída en la materia

El primer movimiento es una epifanía terrenal. En «Sexo, violencia y llantas», Rosalía se pregunta: “¿Quién pudiera vivir entre los dos? / Primero amar el mundo y luego amar a Dios”. La fractura entre la carne y el espíritu se convierte en el motor del relato. En 'Reliquia', se desnuda con lucidez: “Mi corazón nunca ha sido mío, yo siempre lo doy”. En clave emocional, estas piezas hablan del conflicto entre el ideal y lo que somos: la angustia de querer ser puros en un mundo que nos recuerda nuestra imperfección.

Es la aceptación como forma de curación, el momento en que espiritualidad y salud mental se confunden

El segundo movimiento desciende al mundo. En 'Berghain', junto a Björk y Yves Tumor, la fe entra en la discoteca: “Seine Liebe ist meine Liebe / Sein Blut ist mein Blut” (“Su amor es mi amor / Su sangre es mi sangre”). La comunión se canta sobre sintetizadores industriales, como si la oración se hubiera convertido en rave. En «La perla», con Yahritza y su Esencia, la ironía y el dolor conviven: “La decepción local, rompecorazones nacional”. Aquí el lenguaje del pop se vuelve un espacio terapéutico: exponer la herida para convertirla en ritmo y movimiento.

Amor, libertad y fe

El tercer movimiento es el corazón emocional del disco. En «Dios es un Stalker», Rosalía juega con el lenguaje digital para hablar de un Dios que espía y ama a la vez: “No me gusta hacer intervención divina / pero a mi baby hoy lo voy a stalkear”. En «La yugular», la voz se hace oración física: “Yo quepo en el mundo y el mundo cabe en mí”, sobre un compás flamenco con el coro de la Escolania de Montserrat y melismas árabes.

Cuando canta en árabe “من أجلك أدمّر السماء، من أجلك أهدم الجحيم، فلا وعود ولا وعيد”, declara: “Por ti destruiría el cielo, por ti derribaría el infierno, sin promesas ni amenazas”. En «Focu ’ranni», proclama la libertad: “No seré tu mitad / nunca de tu propiedad”. Es el equivalente emocional de una terapia de liberación: reconocerse entera, sin dependencias. Y en «Jeanne», inspirada en Juana de Arco, afronta la muerte con serenidad: “Je dis adieu, je m’en remets à mon Dieu” (“Digo adiós y me entrego a mi Dios”). Aquí la mística y la psicología convergen: la fe como coherencia interior, no como sumisión.

La muerte como fiesta, la luz como regreso

El cuarto movimiento abre la luz al mundo. «Novia Robot» comienza como una sátira del capitalismo de género —“¡Bienvenidas a ROBOTIKAS con K!”— y termina como un himno de autoestima radical: “Guapa para Dios / nunca pa’ ti ni para nadie”. En «La rumba del perdón», con Estrella Morente y Sílvia Pérez Cruz, el dolor se baila: “Toíto te lo perdono (nonaino, nonaino...)”. Perdonarse es dejar de estar en guerra con el propio pasado. Después, «Memória», con Carminho, convierte el recuerdo en oración: “Ainda te lembras de mim?” (“¿Todavía te acuerdas de mí?”). Y «Magnolias» cierra el viaje con un funeral que es renacimiento: “Dios desciende y yo asciendo / nos encontramos en el medio”.

En «Focu ’ranni», proclama la libertad: “No seré tu mitad / nunca de tu propiedad”. Es el equivalente emocional de una terapia de liberación

El álbum culmina en un estado de paz que va más allá de la religión. Es la aceptación como forma de curación, el momento en que espiritualidad y salud mental se confunden: dejar de huir, hacer las paces con el mundo y con una misma.

'Lux' es un réquiem por la culpa y un evangelio de la libertad. Atraviesa lenguas, géneros y geografías para recordarnos que la luz no nace del cielo, sino de la experiencia humana. Después del deseo, la caída y el perdón, queda la serenidad: la luz que ya no quiere iluminar, sino habitar. En la voz final, entre campanas y cuerdas, Rosalía ya no busca redención: la encuentra.

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