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Efectos de la discriminación

Cuando el racismo duele: el impacto emocional de los discursos de odio

Laura M. Rodríguez, técnica de SOS Racisme Catalunya, explica cómo afecta a la salud mental recibir odio por motivos raciales

Varias personas durante una manifestación no autorizada en Torre Pachecho. / EP

Varias personas durante una manifestación no autorizada en Torre Pachecho. / EP / EP

Marc Darriba

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Cuando una persona racializada sufre una agresión o un discurso de odio, lo más visible es el hecho en sí: una bengala lanzada contra una ventana, un insulto en el metro, una negativa a un alquiler. Pero lo que sucede después es muchas veces más invisible y devastador, según explica Laura M. Rodríguez, técnica psicosocial del Servicio de Atención y Denuncia (SAiD) de SOS Racisme Catalunya: un desgaste emocional profundo, un miedo que se vuelve estructural y una rabia legítima que nadie escucha.

Hablamos de miedo, hipervigilancia, insomnio, aislamiento, desesperanza… Pero sobre todo de la sensación de no pertenecer

Laura M. Rodríguez

— Técnica psicosocial del Servicio de Atención y Denuncia (SAiD) de SOS Racisme Catalunya

Las reacciones que vemos no son síntomas de un trastorno, sino respuestas normales ante un hecho anormal como es el racismo”, describe Rodríguez. Y detalla de qué se trata: “Hablamos de miedo, hipervigilancia, insomnio, aislamiento, desesperanza… Pero sobre todo de la sensación de no pertenecer. De alguien que recibe el mensaje de que, por ser quien es, no encaja en esta sociedad”.

El ataque con bengalas a una vivienda de menores migrantes en Torre Pacheco generó una gran conmoción, no solo pone vidas en riesgo, sino que reabrió heridas emocionales profundas en comunidades enteras que ya viven con miedo, hipervigilancia y desconfianza, según la experta.

Cuando el odio deja huella

Las agresiones racistas no afectan solo a la piel o la dignidad, sino también a la salud mental, según la experta: “Hay personas que dejan de salir de casa, que cambian de barrio, que no pueden coger el transporte público. El cuerpo guarda las huellas del sistema que lo violenta, decía Frantz Fanon, y es exactamente así”. A todo esto, dice, se suma la incomprensión social y médica: “Muchos CAPs acaban medicalizando este malestar, como si fuera depresión, pero no es solo una tristeza interna, es la respuesta a una violencia estructural”.

Muchos ambulatorios acaban medicalizando este malestar, como si fuera depresión, pero no es solo una tristeza interna

Laura M. Rodríguez

— Técnica psicosocial del Servicio de Atención y Denuncia (SAiD) de SOS Racisme Catalunya

La revictimización al denunciar

Laura denuncia que muchas víctimas no acuden a los servicios por miedo o porque “ya han aprendido que nadie las va a escuchar”. Y cuando lo hacen, a menudo se encuentran con un sistema judicial o institucional que las ignora, las cuestiona o las hace sentir culpables. “No solo no se las repara, sino que se las hace sentir débiles por haber reaccionado con rabia o miedo. Pero esa rabia es necesaria. Es la prueba de que algo injusto ha ocurrido”.

Reparar desde el vínculo

En el SAiD, la atención psicológica empieza escuchando sin juicio y validando la vivencia. “Creer a la persona es el primer paso. Y después trabajar qué necesita para repararse: puede ser denunciar, escribir una carta, hacer una acción comunitaria o simplemente compartir lo que ha vivido”. El enfoque es restaurativo, no punitivo: “Buscamos aquello que pueda devolver dignidad y agencia a quien ha sufrido racismo”.

También acompañan en procesos colectivos: encuentros con otras víctimas, círculos de cuidado y espacios para romper el silencio. “Cuando alguien entiende que no está solo, que lo que le ha pasado no es culpa suya, comienza la reparación”.

Cuando alguien entiende que no está solo, que lo que le ha pasado no es culpa suya, comienza la reparación

Laura M. Rodríguez

— Técnica psicosocial del Servicio de Atención y Denuncia (SAiD) de SOS Racisme Catalunya

La técnica subraya la importancia no tanto "de salvar a nadie, sino de escuchar, validar, reconocer los propios privilegios y preguntar: '¿Qué necesitas?'”. También reclama a los medios y a la educación una mirada más estructural y descolonizada: “No podemos hablar del racismo solo como un hecho puntual, sino como un sistema que condiciona vidas enteras”.