El diario de Noah
Extremadamente orgullosa de no haber conseguido acabar con mi vida
Lo intenté más de una vez. Y cada vez que lo hice, me sentí aún más atrapada
Comencé a pedir ayuda, no fue fácil, y aún me cuesta. Pero lo hice, y fue lo que me mantuvo aquí
Si te sientes como yo me sentía, quiero que sepas algo: tu vida tiene un valor que ni siquiera puedes imaginar

Pintada sobre el suicidio en Alicante

Hace poco fue el Día Mundla de la Prevención del Suicidio y siento que de alguna manera tengo que decir algo. Por eso quiero compartir algo de mi historia. Porque sé lo que es sentirse invisible, como si estuvieras gritando en un cuarto lleno de gente y nadie te escuchara. Y sé que, aunque no lo creas, alguien, en algún lugar, te escucha. Siendo honesta, nunca pensé que llegaría un día en que pudiera hablar sobre esto en voz alta, y mucho menos escribirlo. De hecho nunca pensé que podría llegar a los 18 años que hace poco cumplí. Y por fin puedo decir que me siento extremadamente orgullosa de no haber conseguido acabar con mi vida.
Sentía que estaba atrapada en mi propia cabeza
La depresión llegó a mí como una sombra que, al principio, no reconocí. Pensé que era solo cansancio, que el vacío que sentía era algo que pasaría, como cuando tienes un mal día. Pero pronto ese "mal día" se convirtió en semanas, en meses. Sentía que estaba atrapada en mi propia cabeza, como si todo el ruido del mundo estuviera apagado y solo quedaran mis pensamientos, cada vez más oscuros.
Hay otra voz mucho más fuerte; no sé cuántas veces pensé que la única forma de callarla era desaparecer
Hay algo que te hace sentir como si tu voz no valiera nada, hay otra voz mucho más fuerte que no puedes acallar de ninguna manera. No sé cuántas veces pensé que la única forma de callarla era desaparecer.
He pasado por varias depresiones en los últimos años, episodios de los que nunca pensé que saldría. Los intentos de suicidio fueron mi forma de escapar, o al menos, eso creía en ese momento. No buscaba llamar la atención ni hacer que alguien me salvara. Solo quería que todo terminara.
No buscaba llamar la atención ni hacer que alguien me salvara. Solo quería que todo terminara
Cada día era como arrastrarme por el barro y cada vez me hundía más, con ese peso en el pecho, esa sensación de que no importaba cuánto lo intentara, nunca sería suficiente. A veces pienso que me acostumbre a la sensación de hundirme, a ese nudo en el pecho que no se va y a la soledad que, por mucho que te rodees de personas, no desaparece. Es una soledad que no entiende de abrazos ni de palabras de ánimo. Es como si vivieras en una burbuja que te separa del mundo, y te hunde en otro mucho más oscuro, donde todo suena apagado, donde todo duele más de lo que debería.
Lo intenté más de una vez. Y cada vez que lo hice, me sentí aún más atrapada
Hubo momentos en los que pensé que no podía más. En esos días, la idea de desaparecer parecía la única salida posible. Lo intenté más de una vez. Y cada vez que lo hice, me sentí aún más atrapada. ¿Por que no podía si quiera lograr escapar de la manera que yo pensaba que era más fácil? Sentía que, en ese fracaso, estaba condenada a seguir sufriendo. Como si ni siquiera en eso pudiera tener control.
Comencé a pedir ayuda
Pero aquí viene lo complicado de explicar. No se bien en que momento, comencé a pedir ayuda, primero en susurros, después en voz más alta. No fue fácil, y aún me cuesta. Pero lo hice, y fue lo que me mantuvo aquí. Estoy aprendiendo a vivir con la tristeza, a entender que los días malos no duran para siempre, aunque se sientan eternos en su momento.
Aunque sientas que no lo mereces, hay gente que se preocupa
Con el tiempo, descubrí que hay más personas dispuestas a ayudarte de las que imaginas. Aunque parezca imposible, aunque sientas que no lo mereces, hay gente que se preocupa. Y no siempre son los que esperas. A veces son amigos que te envían un mensaje cuando te ven apagada, a veces es un profesor que te pregunta si todo está bien. A veces es alguien que ha pasado por lo mismo.
Las cosas mejoran
Me dijeron que la vida cambia. Que las cosas mejoran. Y en mi peor momento, esas palabras me sonaban a mentira. Pero ahora, puedo decir que es verdad. No es que la vida de repente sea perfecta, ni que la tristeza haya desaparecido por completo, pero he aprendido a pedir ayuda cuando la necesito, a no esconderme tras una sonrisa falsa, y, lo más importante, a aceptar que está bien no estar bien.
He aprendido a aceptar que está bien no estar bien
Hoy escribo esto porque sé que hay muchas personas que, como yo, han sentido ese peso en el pecho. Que han pensado en rendirse. Si estás leyendo esto y te sientes como yo me sentía, quiero que sepas algo: tu vida tiene un valor que ni siquiera puedes imaginar. A veces, cuando todo es oscuridad, no podemos ver que hay luz en algún lugar. Pero existe. Y, aunque no lo creas, hay gente dispuesta a ayudarte a encontrarla. Y que aunque hoy no lo veas y todo esto te de igual porque el volumen se esa voz es mucho más alto, las cosas pueden cambiar. Yo lo sé porque estuve ahí, y aunque me falta camino por recorrer, he decidido y decido seguir caminando.
Si te sientes como yo me sentía, quiero que sepas algo: tu vida tiene un valor que ni siquiera puedes imaginar
Hoy sigo aquí, no porque mi vida sea perfecta, sino porque he aprendido que merezco vivirla, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Y tú también mereces vivir la tuya. No estás solo, no estás sola. Hablemos, incluso cuando las palabras duelan.
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