29 nov 2020

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PSICOLOGÍA

Autocrítica constructiva: cómo potenciar con ella la autoestima

Señalar los errores y buscar alternativas reales genera sensación de control

Ángel Rull

Un niño habla solo frente al espejo.

Un niño habla solo frente al espejo. / 123RF

La tendencia general es la de separar a todas aquellas personas con una elevada autocrítica en la categoría de baja autoestima, mientras que aquellos que no se juzgan o que solo se focalizan en sus fortalezas tienen buena autoestima. Sin embargo, esto realmente no es así. Aunque la crítica puede ser perjudicial, también lo es el no saber ver y reparar los errores cometidos. Lo que sí va a declinar la balanza y a señalar el grado de respeto hacia uno mismo o la estima personal es saber valorar todo aquello positivo, apoyándose en ello y usándolo para hacer una crítica constructiva y válida.

Ver nuestros propios errores no es algo que todos sepamos hacer. Por miedo o inseguridad, podemos negarlos, creyendo que asumiéndolo reconoceremos que somos más débiles. Realmente esta fortaleza actúa al revés, potenciando la propia autoestima: hago autocrítica constructiva de mí mismo y desde ahí mejoro y crezco cada día. Saber hacerlo es clave para tener un mayor bienestar emocional.

Fortalecer desde el error

Cuando pensamos en una persona que se critica a sí misma, lo hacemos desde imaginar a un juez duro y severo en su cabeza que señala cada error sin ofrecer alternativas válidas. Este tipo de críticas destructivas son congruentes con una baja autoestima y diversos problemas psicológicos, como la depresión, la ansiedad o trastornos de la alimentación. Sin embargo, no es esa crítica la que se quiere instaurar y que nos ayude a mejorar desde la validación de los propios fallos. La autocrítica constructiva es cuando le decimos a un amigo o a un compañero que lo que ha hecho tiene margen de mejoras, aconsejándole caminos alternativos. Señalas que así no siempre funcionan las cosas y que hay un camino diferente no daña la autoestima, sino que refuerza la sensación de valía y el control sobre los propios acontecimientos.

A partir de las siguientes pautas, podemos trabajar la autocrítica constructiva y usarla para fortalecer nuestra autoestima:

1. Culpa y responsabilidad

Cuando asumimos la culpa de algo, señalamos que solo nosotros hemos hecho que ocurriera. Genera emociones negativas, culpa e incluso victimización. Somos víctimas y verdugos a la vez. Sin embargo, la responsabilidad es una variable múltiple, que nos da poder y nos ofrece un margen para, de ser el caso, poder repararlo.

2. Apoyo

La autocrítica está destinada a la mejora no al castigo de las acciones. Para que sea válida, debemos apoyarnos en nosotros mismos para poder levantarnos, sanar las emociones negativas y poder avanzar. De tener que generar alternativas, surgen mejor cuando somos nuestros propios amigos.

3. Poder sobre mí mismo

De nada sirve señalar un error si es algo que no se puede cambiar. La autocrítica debe actuar sobre aquellos elementos sobre los que sí tenemos poder, sino es como negarnos y rechazarnos. Los hábitos, las conductas o el tipo de pensamiento es algo sobre lo que tenemos poder, pero si nosotros mismos lo hemos realizado.

4. Alternativas

No hay crítica buena si no hay una alternativa válida o, al menos, una posibilidad de que se pueda mejorar. Si nos limitamos a señalar lo que está mal sin ver modelos diferentes, nos generaremos a nosotros mismos una frustración elevada.

La autoestima se basa, entre otras cosas, en aquellas verbalizaciones que emitimos a lo largo del día sobre nosotros mismos. Nos generamos sensación de valía o minamos nuestro autoconcepto dependiendo de todos los errores que cometemos y no subsanamos. Para ello, debemos buscar una autocrítica constructiva que sí que nos ayude a desarrollarnos y crecer.

Ángel Rull, psicólogo.

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