30 mar 2020

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PSICOLOGÍA

Rabia tóxica: cómo gestionar mejor esta emoción

Las emociones tienen disfunciones donde la persona siente que pierde el control

Ángel Rull

Hombre gritando.

Hombre gritando. / 123RF

La rabia es la emoción que se asocia de forma errónea a las explosiones, las agresiones o los gritos. Sin embargo, su tono es neutro, y solo cuando se eleva y deja de ser funcional, tiene ese efecto tan negativo. Busca la justicia, el equilibrio y defendernos de las agresiones, por lo que debemos usarla cada día. Muchas personas tienden a bloquearla, por el miedo a las consecuencias, a perder personas o por la necesidad de complacer, consiguiendo al final el efecto contrario, ya que no usarla cuando debemos sí produce las temidas explosiones. En algunos casos, aunque vayamos sintiendo y usando esta emoción, lo hacemos en los casos donde no viene a cuento, donde es disfuncional, deberíamos estar usando otras emociones y, por tanto, acaba siendo tóxica.

Cada emoción cuenta con determinadas estructuras y escenarios donde puede ayudarnos. La tristeza obedece a la pérdida, el miedo a la detección de amenazas para generarnos seguridad o la rabia a las agresiones y la búsqueda de la justicia. Cuando no colocamos o no sentimos esa emoción en su estructura adecuada, surge el descontrol y las emociones parecen volvernos contra nosotros. Saber dónde fallamos y qué emoción sería la correcta, puede hacernos sentir mejor con nosotros mismos y con los demás.

Disfunciones

Una disfunción emocional es aquel punto o aquella situación donde, en lugar de usar la emoción adecuada, colocamos otra, como puede ser la rabia. Normalmente tendemos a sentir de forma elevada y repetitiva el mismo sentimiento y, por tanto, lo usaremos con más frecuencia. Esa emoción es la que corre el peligro de ser disfuncional en nosotros y convertirse en tóxica. Con la rabia ocurre en aquellas personas que sienten que explotan por todo, que pueden estar siempre enfadados o que viven alerta, esperando a defenderse de agresiones que ni tan siquiera ocurren.

Las siguientes situaciones muestran qué ocurre cuando en lugar de sentir la emoción adecuada en ese momento, sentimos rabia y la usamos para relacionarnos con los demás o con el ambiente, siendo, por tanto, tóxica:

1. Rabia en lugar de miedo

El miedo es la emoción que debe surgir ante las amenazas, las invasiones y todo aquello que ponga en riesgo nuestra seguridad. Nos aparta para ponernos a salvo. Si ante una situación de amenaza o peligro, coloco la rabia, tiendo a estar enfadado o irritable y pierdo el control de lo que va a ocurrir. Por ejemplo, ante un examen que me da miedo porque creo que voy a suspender, en lugar de ver los posibles peligros, me enfado y ya no me pongo a estudiar.

2. Rabia en lugar de tristeza

La tristeza obedece a todas las pérdidas que hay en nuestra vida. Que un familiar se vaya o que tengamos una ruptura, van con esta emoción. El problema es que a veces vemos injusto que nuestra pareja decida no continuar con la relación o que una persona haya fallecido. Son pérdidas que vivimos con rabia, impidiéndonos superar la situación.

3. Rabia en lugar de orgullo

Cuando me siento orgulloso por algo que he hecho, estoy satisfecho y me admiro de forma fácil. Sé reconocer mi valor. Hacia nosotros nos sale fácilmente, pero no hacia los demás. Nos molestan los logros ajenos o las cosas que los demás tienen. En lugar de admirarlo, sentimos envidia, la rabia desplazada hacia fuera.

4. Rabia en lugar de amor

Rechazamos a los demás cuando nos negamos a sentir el cariño o el amor por el otro. Esto puede deberse a diversas causas, pero parte siempre de uno mismo y la mala gestión de nuestras emociones. Si nos negamos a sentir el amor cuando deberíamos estarlo sintiendo, preferimos usar la rabia para dominar la situación, ya que el amor implica soltar y no siempre queremos.

5. Rabia en lugar de alegría

Me convierto en un aguafiestas cuando no permito sentirme alegre en situaciones donde podría ser lo acertado. Si estoy enfadado con el mundo por algo que me ha pasado en el trabajo y me voy a una fiesta con amigos, puedo seguir arrastrando esa rabia y no permitirme estar bien.

Ninguna emoción corre el peligro de hacernos estar mal o relacionarnos de forma errónea si sabemos colocarla en su estructura correcta. Esto no siempre es así y cogemos una determinada emoción para repetirla sin que sea necesario. Esa emoción sí nos hace peligrar, siendo tóxica para toda nuestra vida. El primer paso para poder gestionarlo es saber que tenemos otras alternativas emocionales.

Ángel Rull, psicólogo.