30 mar 2020

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PSICOLOGÍA

Cómo consolidar la seguridad afectiva en pareja: tres pautas

El miedo se encarga de detectar las amenazas hacia nosotros mismos

Ángel Rull

Una pareja enamorada.

Una pareja enamorada. / 123 RF

La seguridad es la base de cualquier tipo de relación que forjemos, independientemente de la persona o nuestra vinculación afectiva. Se busca con nuestros familiares, nuestra pareja o nuestros amigos, pero también con compañeros del trabajo, vecinos o amigos de gimnasio. Al igual que la seguridad material es la base sobre la que se construye nuestra vida, también lo es la afectiva. Es el primer elemento de los círculos de pertenencia y determinará cómo de sana será la relación.

Buscamos sentirnos cómodos con los demás, que no nos invadan ni sobrepasen los límites, tener confianza para decir no y estar seguros. Lo construye uno mismo junto a la otra persona y para ello debe hacerse un análisis continuado de posibles amenazas, usando la emoción del miedo. En el caso de una pareja, esta seguridad es aún más necesaria, ya que se necesitan dar pasos y profundizar en una unión que sin seguridad no podrá ir a ningún lado. Pero, partamos del punto que partamos, siempre podremos construirla.

Diferentes amenazas

Cuando empezamos a vincularnos a una persona de cara a plantearnos una relación, colocamos en primer lugar la seguridad. Nos sentimos respetados, tenemos nuestro espacio y nuestro tiempo, no nos molestamos y sabemos que no nos dañamos. Para ello, ya no es necesario estar siempre alerta o a la defensiva, sino que la armonía nos avisa de que no hay amenazas reales. Es un requisito indispensable pero que, en muchos casos y tras meses de relación, nos damos cuenta de que no es estable ni fiable. Es ahí donde buscamos la solución y nos toca construirlo.

La seguridad afectiva es una construcción mutua, en la que dos partes trabajan para poner límites, no ser invasivos y expresar las necesidades. Puede trabajarse y para ello podemos utilizar los siguientes ejercicios:

1. Amenazar reales

¿Cuáles son todos aquellos elementos que amenazan o alteran el bienestar de cada uno? Puedo no tener tiempo porque el otro me exige demasiado tiempo en pareja y yo no sé decir que no. Amenaza real es todo aquello que nos limita, donde no hay respeto, o porque el otro no nos lo da o porque nunca lo hemos pedido. Tiene que evaluarse cada uno de forma activa, siendo responsables y sabiendo que no nos van a dar lo que nunca se haya pedido.

2. Amenazas falsas

Dentro de las amenazas falsas podemos encontrar todo aquello que sí que nos genera temor, pero donde no hay un riesgo real para nuestra seguridad. El miedo a expresarnos o a hablar de nuestras necesidades, no decir lo que nos gusta en el sexo o creer siempre que el otro se va a marchar sin que exista un motivo, es algo que podemos superar, rebajar nuestro temor y afrontarlo. No es el otro el que genera esa amenaza falsa sino nosotros mismos.

3. Yo como amenaza

En este apartado tenemos que trabajar dos aspectos que nos convierten en nuestra propia amenaza. Por un lado, cuando somos invasivos, cuando no respetamos, cuando no pedimos sino que exigimos o cuando no escuchamos lo que el otro necesita. Y, por otro lado, también somos nuestra propia amenaza cuando lo permitimos todo, cuando no pedimos ni establecemos límites. Nos hacemos daño a nosotros mismos pero pensamos que es el otro el que debe respetarnos adivinando nuestros pensamientos.

La seguridad afectiva es un elemento necesario en cualquier tipo de relación que establezcamos con los demás. Se hace especialmente importante cuando tenemos confianza con el otro, ya que es donde más invasiones podemos permitir y menos llegamos a expresarnos. Es con la pareja donde debemos trabajar para que nunca falte, evaluándola a lo largo de los meses y trabajándola de forma conjunta. Es posible crearla, sanarla y recuperarla.

Ángel Rull, psicólogo.