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PSICOLOGÍA

Mi jefe es tóxico: estos rasgos lo delatan

La salud laboral se ve afectada por el abuso de poder y la sobrecarga de trabajo

Ángel Rull

Mi jefe es tóxico: estos rasgos lo delatan

La productividad de un empleado se ha estudiado desde los modelos de liderazgo, cómo el jefe motiva a las personas, las características del puesto o sobre cómo el trabajo se relaciona con la personalidad del trabajador. Se tienen en cuenta tanto factores positivos como negativos. Dentro de lo negativo, aunque no se tiene siempre se ve, está la posibilidad de que la persona que esté al mando esté abusando de su poder, restando la energía de los trabajadores y actuando como una persona tóxica, con una marcada desigualdad.

El jefe tóxico no solo es aquel que usa métodos basados en castigos para aumentar la productividad, sino que lleva a cabo otra serie de conductas que acaban produciendo miedo a ir al trabajo, ansiedad o baja autoestima. La persona que lo sufre no sabe si realmente está haciendo algo mal, siente culpa y baja autovaloración, y no sabe cómo salir de esa situación.

Buenos líderes

Los modelos de educación y de liderazgo han apostado siempre por lo negativo a la hora de generar una mejor enseñanza o aumentar el rendimiento de los trabajadores. Métodos basados en castigos o en suprimir premios o cosas positivas eran empleados cada día. Desde hace unos años, los estudios realizados en colegios y en empresas demuestran que un liderazgo positivo consigue una mejor motivación y un notable aumento de la productividad, independientemente de que esto ocurra en la enseñanza o en el mundo laboral. De hecho, en este último sector, se ha visto que, aunque el salario sea más bajo, con este modelo de liderazgo, el rendimiento sigue aumentando.

Los buenos líderes se diferencian de los malos jefes en que la autoridad no parte de la desigualdad sino desde la motivación. No hay coacciones, sino que se logra un compromiso basado en valores e incentivos. Se alienta y se genera un sentido de pertenencia al grupo y a la empresa.

Malos jefes

Cuando el miedo es lo que más aparece en la oficina, debemos empezar a plantearnos si nuestro jefe se ha convertido en una persona tóxica dentro de la empresa. Esto no depende realmente de que haya poder, sino de cómo esto es usado para satisfacer inseguridades y una mala gestión emocional. Lo mismo que vemos entre hermanos o con algunas parejas, un jefe también puede llegar a ser tóxico, con consecuencias muy negativas en todos los empleados, aunque siempre hay unos que lo sufren más que otros.

Detectar a un jefe tóxico nos hará poder quitarnos responsabilidad y culpa, buscar la forma de decir no y, llegado el momento, cambiar un trabajo por otro. Estas señales nos ayudarán a hacerlo:

1. Desequilibrio

Cada trabajo conlleva una serie de derechos, como el descanso o respetar las horas de la comida. Eso también implica que, una vez fuera de la oficina, no te llame ni te escriba por whatsapp. El mal jefe, no respeta los derechos mínimos y usa el miedo o las amenazas.

2. Necesidad de control

Independientemente de tu experiencia y tu valía, el jefe tóxico necesita controlar todos y cada uno de tus movimientos. Necesita saber qué haces cada día y qué resultados estás teniendo.

3. Intimidación

Los gritos son constantes y, en muchos casos, vemos humillaciones públicas y privadas.

4. No sabe nada de ti

A este tipo de jefes, no le preocupa nada de tu vida. De hecho, no suelen saber si estás casado o tienes hijos. Cortan toda información privada porque solo les interesan los números en la oficina.

5. Pobre gestión del conflicto

Aunque parezcan muy fuertes, su carácter tiende a ser débil, inseguro y con pocas habilidades sociales. Cuando existe algún conflicto o tienen que dar la cara, se escudarán en los demás.

La cultura actual aún no se ha desarrollado hacia modelos de liderazgo positivos en todas las áreas. Sigue habiendo personas que creen firmemente en los castigos y que usan el poder para coaccionar. Esto es especialmente peligroso cuando se une a una persona que, de por sí, ya es tóxica y se convierte en nuestro jefe.

Ángel Rull, psicólogo.