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PSICOLOGÍA

La regla para acabar con el perfeccionismo y ser feliz

La autoexigencia genera malestar psicológico

Ángel Rull

Imagen de una persona con un trastorno.

Imagen de una persona con un trastorno. / FOTO GETTY IMAGE David González

El perfeccionismo se define como la necesidad imperiosa de que todo alcance un estándar elevado de calidad en base a un modelo mental de cómo deben ser ciertas cosas. Muchas veces, la persona se guía por modelos interiorizados en base a la educación recibida y, otras veces, es un rasgo que se ha ido desarrollando por exigencias laborales o en el entorno personal. Normalmente, las personas que lo tienen justifican su conducta ya que creen que es correcto y que es una forma mejor de poder hacer las cosas. El problema es que el perfeccionismo siempre es irreal, no es posible alcanzarlo y genera continuamente frustración e insatisfacción. Se asocia especialmente a la culpa, generando emociones negativas que predisponen a nuevos fallos. El círculo vicioso cada vez es más grande y las relaciones y la calidad de vida empiezan a verse afectadas.

A simple vista, querer llegar a cumplir unos mínimos de calidad parece que llevará a una mayor productividad. Sin embargo, como genera sentimientos negativos en la persona, acaba por ser contraproducente. Conlleva varias desventajas y tiende, con el paso del tiempo, a perpetuarse y formar parte del carácter de esa persona. Aunque puede empezar a rebajarse, siempre es reversible y existe una regla básica que puede ser usada para ello.

Desventajas

Cuando nos criamos en un ambiente familiar o en un entorno donde debemos siempre dar lo mejor de nosotros, caemos en el perfeccionismo. Debemos proyectar una imagen de triunfo y estar a la altura de las expectativas. No consiste en ceñirse a la realidad, sino que aparece una versión distorsionada de lo que está bien y es perfecto y de lo que debe ser descartado. De hecho, suele descartarse todo, nunca hay satisfacción y nada vale.

Vivir con el rasgo de la autoexigencia genera no solo culpa y frustración, sino que tiene varias desventajas más:

1. Falta de fluidez

La persona empieza a marcar cada vez más normas que guían modos de comportamiento y de actuación, siempre en torno a la rigidez. La improvisación, de hecho, crea sensación de estrés y ansiedad.

2. Falta de confianza

Nuestra autoestima se basa en todos aquellos logros que nos hacen sentir válidos. Si el estándar de calidad es demasiado alto, esos logros nunca llegan. De esta forma, la confianza se va minando.

3. Pensamientos obsesivos

El círculo vicioso que genera el perfeccionismo implica que los pensamientos cada vez sean más cerrados y obsesivos. Aumentarán a medida que pase el tiempo.

4. Visión negativa

El cerebro necesita confirmas las creencias que ya tiene sobre el funcionamiento del mundo. El negativismo aquí genera malas expectativas sobre lo que vendrá, y no se equivoca, ya que el perfeccionismo nunca llegará.

Es suficiente

La autoexigencia, lejos de lo que pueda parecer, nunca se conforma y nada es suficiente. Da igual lo bien que algo esté hecho o los buenos resultados que se tengan, la persona nunca estará tranquila. No se puede medir el rendimiento de forma objetiva y siempre parecerá que falta algo. Esto se va consolidando cuando la experiencia va demostrando que lo perfecto no es posible. Para poder combatirlo, debe aplicarse una regla, la cual se usará en todo momento y tendrá ya efectos a corto plazo.

El proceso que hay que seguir para poder rebajar el perfeccionismo es que, cada vez que se tenga que evaluar algo, nos deberá bastar con que esté bien al 75%. Y tendrá que ser aplicado a todo. Si estoy buscando un nuevo piso, con que me guste al 75% estará bien. Y, de hecho, al aplicarlos, tras la ansiedad inicial que se puede sentir, la persona comienza a ver como en primer lugar, se relaja. Después la confianza y la rapidez en la toma de decisiones aumentará. Esto generará sensaciones de bienestar y una mejor calidad de vida.

El perfeccionismo y la autoexigencia ha aumentado como rasgo en los últimos años. La sociedad necesita personas que destaquen y que den lo mejor de ellas y esta forma de actuar parece la adecuada para ello. Sin embargo, justo crea el efecto contrario: bloqueos, ansiedad, baja autoestima y obsesiones cada vez mayores. A través de la regla del 75%, el perfeccionismo se reduce y la autoexigencia acaba desapareciendo.

Ángel Rull, psicólogo.

Temas: Psicología