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PSICOLOGÍA

Amigos imaginarios: ¿problema real o solo fantasía?

Los niños construyen un mundo de fantasía los primeros años de vida

Ángel Rull

Una niña en su cama con su amigo imaginario.

Una niña en su cama con su amigo imaginario. / 123RF

Durante la infancia vemos cómo los hijos necesitan una estimulación prácticamente continua, en la que juegan, se relacionan con nosotros o con otros niños, llegando incluso a tener amigos imaginarios, con los que hablan e interactúan como si de verdad estuvieran presentes. No aparece siempre y tiene diversos grados. Algunas veces los padres reflejan la preocupación ya que esta fantasía parece crear aislamiento y llega a ocupar una parte importante de la vida del niño.

Los amigos imaginarios aparecen entre los 3 y los 8 años, aunque puede durar hasta la adolescencia, cambiando la forma y la interacción. Esta presencia no implica efectos negativos sino una forma de relacionarse diferente, aunque sí hay casos concretos donde puede existir un efecto adverso o un indicador de malestar. Aparecen de forma espontánea y su desaparición es similar, sin que lo que hagan o digan los adultos tenga algún efecto sobre esto. Son los niños los que deciden su presencia o su ausencia.

Lo que los niños imaginan depende de cada uno, pero lo más frecuente es un niño de similares características, un animal, otros niños con poderes mágicos o, incluso, personas mayores. Y la personalidad de estos también va cambiando, comportándose bien en unos casos y con mala conducta en otros. Esto se debe a que la forma de comportarse del niño también cambia, como un proceso natural.

Positivo

Los amigos imaginarios y la fantasía aparecen como una forma nueva que el niño desarrolla para estimular su cerebro y buscar una interacción más amplia de la que tiene normalmente. No implica que se sientan solos ni que no se les esté escuchando sus necesidades, simplemente que buscan alcanzar más y mejores herramientas. Estos amigos imaginarios cumplen una función que ayudará en su desarrollo.

La fantasía ayuda a los niños de la siguiente forma:

  • Les permite conectar con sus emociones, explorarlas y expresarlas.
  • Estimula su creatividad y la fantasía crecerá a medida que crezcan sus habilidades intelectuales.
  • Conectar con los demás, ya que, aunque estos amigos no existan, sí ponen a prueba su capacidad de empatía y de sociabilizar con los otros, lo que se aplicará en la vida real.
  • Entrenar el lenguaje, la conversación y la forma de estructurar y esquematizar el mundo.
  • Modular lo que ocurre en su vida real y en su vida imaginaria, como una forma de descargar o de proyectar sus problemas para poderlos resolver en un entorno seguro.
  • Exteriorizar lo que siente, piensa o le preocupa. Aparece tanto con emociones positivas como negativas y que ayuda a no bloquear aspectos de la realidad.
  • Entrenar habilidades aprendidas en familia o en el colegio y que pone en práctica con los amigos imaginarios.

Normalizar la situación

Los niños usan las herramientas de las que disponen en su rutina habitual, adquiriendo unas nuevas y anulando otras. Los padres actúan como reforzadores en aquellas que creen que son útiles, pero llegan a censurar o castigar otras. Esto también abarca los amigos imaginarios de los hijos, los cuales surgen desde la creatividad. Negarlos, insistir en que se centren en la realidad o que se olviden de la fantasía suprimirá una parte importante de una persona como es su capacidad de inventar o de usar la creatividad. De hecho, esta censura crea en el niño un poso de anormalidad que puede afectar a su autoestima.

Los amigos imaginarios forman parte del desarrollo de muchos niños, donde entrenan su lenguaje, desarrollan la empatía o proyectan lo que sienten dentro. Es un proceso útil y enriquecedor que no debe ser reprimido, sino que se debe normalizar y apoyar, como una parte más de la vida del niño.

Ángel Rull, psicólogo.