21 sep 2020

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PSICOLOGÍA

Los hijos no tienen colegio: cómo gestionarlo sin estrés

Los meses de verano cambian la rutina familiar y pueden producir ansiedad

Ángel Rull

Una niña pequeña jugando en la piscina.

Una niña pequeña jugando en la piscina. / 123RF

Con el periodo vacacional para los más pequeños empieza una etapa que puede suponer un mayor estrés dentro de las familias. Los hijos están siempre en casa, no tenemos espacio para nosotros mismos ni nuestras obligaciones y debemos hacer malabares para poder adaptarlo a nuestro horario laboral. Aunque podemos contar con ayuda externa y tenemos a nuestra disposición los campamentos de verano, no sabemos cómo gestionar estos meses y podemos sufrir las consecuencias psicológicas negativas.

La época estival debe suponer momentos en los que se pueda estar más tiempo con la familia y con los amigos. Las horas de luz, el clima y la jornada intensiva ayudan a ello, especialmente cuando tenemos vacaciones. Pero para llegar a ese disfrute, debemos saber cómo gestionar con nosotros mismos el que los niños no vayan al colegio.

Vacaciones de verano

Con el final de curso, muchos padres se preguntan cómo van a hacer para compatibilizar su trabajo con la ausencia de rutinas de los más pequeños. Aunque sí es un quebradero de cabeza, no tenemos en cuenta, por otro lado, que a nivel emocional también debemos gestionarlo, ya que supone dos meses en los que vamos a estar con los más pequeños más horas y podemos llegar a sufrir desgaste psicológico.

¿Qué hago ahora que mis hijos no van al colegio?

1. Adáptalo a tu trabajo

Tanto si tienes jornada intensiva como si no, debes lograr que vuestros horarios encajen lo máximo posible sin tener que hacer malabares. Los abuelos son una buena ayuda, siempre y cuando no se abuse de ello. También existe la posibilidad de los niños vayan a campamentos de verano, donde de forma más lúdica tendrán sus rutinas y seguirán sociabilizando y creciendo con otros niños.

2. Adáptalo a tu vida social

En verano tenemos más planes. Cenas con amigos, barbacoas, días de piscina donde no siempre podremos llevar a nuestros hijos. Este aumento en la vida social también implica que nos adaptemos. Se puede compaginar la vida familiar con el ocio, de la misma forma que lo hacemos con el trabajo.

Como no seremos los padres únicos padres en esta situación, podemos acordar turnos o compartir a la persona que nos cuide a los niños la noche que queramos salir a tomar una copa.

3. Espacio y tiempo

Tanto en el periodo de colegio como en verano, necesitamos nuestro tiempo para nosotros mismos, sin planes ni trabajo. Momentos de soledad que nos ayuden a equilibrar nuestras emociones, encontrar mayor paz mental y escuchar lo que necesitamos.

Algunas personas optan por incluir el deporte en este espacio, mientras que otras lo usan para estar a solas en casa o salir a pasear escuchando música. Cualquier actividad es válida, pero ayuda especialmente la soledad.

4. Deporte en familia

Si en verano no logramos encontrar nuestros momentos para hacer deporte, la mejor opción es que lo adaptemos y lo hagamos en familia. Debemos buscar actividades diferentes a las habituales, como piscina o bici, que podamos hacer todos juntos. Si el deporte no es en familia, sí puede ser a la vez, yendo los niños a realizar una actividad física y aprovechar nosotros ese tiempo para hacer otro deporte.

El verano es la época perfecta para que busquemos el descanso, el ocio y el disfrute. Las altas temperaturas y las horas de luz nos ayudan a sentirnos bien y llenos de energía. Sin embargo, este periodo puede verse desequilibrado cuando no sabemos cómo gestionar psicológicamente que nuestros hijos no vayan a la escuela. Debemos adaptarnos y empezar a manejarlo de forma diferente sin perder el bienestar.

Ángel Rull, psicólogo.